miércoles, 7 de mayo de 2025

Gabriel, mi primo HERMANO

 

Quiero contar una historia. Comenzó el siglo pasado cuando Miguel Ángel e Ildaura formaron, en el Cuzco, una familia señorial: los Flores – Ochoa; entre los hijos que ellos tuvieron, estuvo David, a quien, como se dice hoy, “las locas ilusiones lo sacaron de su pueblo” y se vino a Lima; él se encontró con una linda persona, mi tía Bertha y formó una familia, la familia Flores – Mena y, entre los hijos que tuvieron estuvo, el penúltimo de ellos, mi primo HERMANO Gabriel quien, con Roxana, formó una la familia Flores – Ricardi. Esa familia fue y es el hogar de muchos de nosotros, trataré de explicarlo.  

La familia que Gabriel fundó con Roxana, que está más allá de su muerte, la forman sus hijos, mis sobrinos, Gabriel y Roxana, a quienes conocí y que para siempre serán mi Gabo y mi Chani, sin olvidar a Franquito, el último de sus hijos.

No escribiré de Gabriel en el plano académico y profesional, pues sé que él trascendió en cada persona que formó, lo que incluye a sus hijos, pues lo que ellos ahora hagan como odontólogos, lo harán conforme él se los enseñó y para el bien de nuestra comunidad.

Volví a encontrarme con Gabriel y Roxana por el año 1998, año en el que junto a Cecilia, mi esposa, y mis hijos Javier y Franco, nos frecuentamos bastante, cultivando una hermandad que nos mantuvo conectados hasta hace dos días en el que físicamente te fuiste para siempre. Cuando te dije, a fines de ese año, que volvía para Cuzco con mi familia, tú me dijiste “por qué no se quedan” esa frase la recuerdo siempre.

Desde entonces, siempre estuvimos juntos y sé que todos tus primos hermanos que vivimos en el Cuzco de tu padre, ciudad a la que siempre que podías ibas con emoción y con toda tu familia, cada vez que venían a Lima siempre eran acogidos por ti, tanto es así que en retrospectiva, Gabriel de mi corazón, sin proponértelo, porque lo bueno en ti era innato, fundaste en nuestra gran familia un gabrielcentrismo intenso, pues en varios momentos de nuestra vida familiar e individual, siempre giramos en torno a ti.

El lunes cinco de mayo, el sol nuestro que fuiste para nosotros, se contrajo tanto que fue formando un agujero negro que atrajo ante sí, y durante dos días, toda nuestra energía y lo que somos deseando que aún no te apagues, para finalmente explotar y convertirte, más allá de nuestro dolor, en un maravilloso y extraordinario recuerdo de energía pura, que ahora reside en todos y cada uno de los miembros de tu familia que siempre, lo prometo, te recordará. Ya no estás más como el sol nuestro de cada día, pero qué intenso se sienten tus holas, tus nos vemos, tus cuídense, tus nos vemos, tus abrazos; tu calor es energía que está en toda tu familia.

Gabriel, nos dejaste una linda herencia de la que espero seamos dignos sucesores, esa herencia son Roxana, tu linda esposa; tus hijos ya grandes: Gabo y Chani y el aún pequeño Franquito; te fuiste siendo esposo, padre y abuelo, qué más; tuviste en tus brazos a tus nietos Catalina (Cata) y Gabriel (Gabito), hijos de Gabo y Claudia;  Joaquín Nicolás y Sebastián Marco, hijos de Chani y Marco. Toda tu gran familia Flores siempre estará al lado de tu familia, reuniendo siempre toda esa energía y ese calor que ahora reside en nosotros para intentar llenar ese vacío inmenso de tu ausencia material.      

Así como no tengo alguna de duda que ahora estas con Dios, sencillamente porque eras un hombre bueno, tampoco la tengo de que ya estas reunido con tus padres, mis tíos David y Bertha, ante quienes, con serenidad puedes decir que cumpliste con todo aquello que te enseñaron y más allá de la hermosa familia que formaste, queda el hogar en el que, de una forma u otra, todos sentimos el calor del amor de familia.

Escrito desde el Cuzco, en Lima, a dos días de tu muerte, mayo de dos mil veinticinco.

Tu primo HERMANO.

Fernando Murillo Flores

 



viernes, 14 de febrero de 2025

El hombre propone y dios dispone

(cuento)

Llevaban cuatro años de casados, ambos eran profesionales, hicieron bien en posponer la decisión de tener un hijo, se concentraron en la compra del departamento, mediante una hipoteca que proyectaron pagar en quince años, también habían comprado un auto para su comodidad, era un sedán, para viajes y llevar, cuando fuese necesario, las cosas del bebé, pensaron.

Ambos provenían de familias conservadoras que se caracterizaban por su capacidad de planificación, en realidad, acomodadas, lo que hacía necesario tomar las decisiones necesarias para preservar lo conseguido a fuerza de trabajo. El joven matrimonio iba en esa línea, todo estaba planeado.

Se acostaron temprano en su cama king, era un regalo de los padrinos de ella, durmieron plácidamente, pues toda su vida matrimonial, con perspectiva de familia, estaba toda planeada. Se habían prometido apagar sus celulares y cargarlos por la noche, sería una buena práctica conyugal. Por la mañana, cuando ella aún dormía, él tomó su móvil, lo prendió y de pronto leyó la noticia: “El meteorito 2024 YR4 de 40 a 90 metros de ancho, impactará en la tierra en diciembre del año 2032, a una velocidad de 60,000 kilómetros de hora, con una fuerza destructora equivalente a muchas bombas atómicas”; antes de despertarla con la noticia, recordó las películas Impacto profundo y Armagedon, también que había visto a sus sobrinos jugar con unos pequeños animalitos jurásicos de plástico.

-¡Amor!, ¡amor!, le dijo, sacudiéndola para que despierte.

-¿Qué pasa vida?

Ambos leyeron la noticia y buscaron más información en sus celulares, no era fake news, era real, la tierra sería el blanco de un proyectil de viaje interestelar. Se miraron a los ojos, había surgido entre ellos un tema a tratar en su proyecto de vida feliz, su hijo, si deciden tenerlo, tendrá, el 2032, unos seis años.





jueves, 13 de febrero de 2025

Los recuerdos

 

Voy llegando de a poco a los sesenta años, a las seis décadas que tras de mí están cual sombra; como una estela tras el vivir, son varios trescientos sesenta y cinco días, infinitas horas, minutos y segundos que ya son cuenta regresiva. Rebobino mis recuerdos y allí está el jardín de la casa de San Andrés y sus dos pisos y sus columnas de piedra, la casa de la familia Murillo Flores; ahí está la oficina del padre Alipio, abogado, y también el ruido de los teclados sobre el papel sellado; también veo a mi madre Elena, mi profesora y su guardapolvo, y sus dedos con polvo de tiza del colegio del Parque de la Madre, con el que tantas veces acaricio mi cabeza, era la directora en ese colegio que ya no existe.

Veo como ayer, esos platos de colores para cada hermano, en el inalterable lugar de cada uno al sentarnos a la mesa, en la que siempre había un lugar para alguien más, entrada, sopa, segundo y postre, ¡que tiempos!; veo al Julio, el hermano que faltaba en casa cuando ya había toque de queda y el padre renegaba; veo al Pompo, más conocido como Mario, poniendo discos en la radiola, el rock está en el ambiente a todo volumen, el padre se enojaba, y ahora también está sentado – como antes – en la terraza y leyendo como casi siempre (acepta mis disculpas por la cometa que hiciste y que dejé ir); veo aún a mi hermana Maly, grande ella, al otro lado del tablero de las damas chinas y sus jugadas preconcebidas que ahora ya no recuerda y que sólo por eso, ahora, le puedo ganar; también recuerdo a Ruchi, mi otra primera hermana, llegando tarde al instituto pedagógico que estaba a media cuadra de nuestra casa, felizmente ahora llega en punto cuando muy tarde la llamamos todos; allí también está mi otro hermano, Miguel, con su Honda 125, a la que le hizo cortar el escape. Así, aún están todos en el ámbito de mi memoria y universo de mis recuerdos; gracias a dios aún viven todos los hermanos, pues mis padres ya se fueron o, mejor dicho, se adelantaron.


También recuerdo esas naves, el Polara, el Coronet, el escarabajo de horas, el Corona huayrurito; con claridad recuerdo la compra de una casa de campo en Yucay, y de los viajes llevando de todo para meses de vacaciones; también las casas llenas de familia y amigos; recuerdo escenas, voces, diálogos, circunstancias y anécdotas, tristezas y alegrías; no puedo dejar en el olvido, ahora que los recuerdo, a la Asunta, a la Daniela, al Clemente, al Pancho, al Aurelio y la Guillermina, todos ellos personas que dejaron un poco de su vida en la mía. Gracias porque aún lo recuerdo todo.


 




miércoles, 19 de julio de 2023

 

No me hagan caso

Fernando Murillo Flores

No soy ni más ni menos respecto a los otros, pero eso sí, la mediocridad no me une a esos otros, ni esa capacidad camaleónica de comportamiento políticamente correcto que los hace más.

Abro el portón de mi infancia; salgo al trabajo temprano, en ese afán religioso y científico en el que hace años me persigue de demostrar esa hipótesis de que a quien madruga Dios le ayuda; a dos cuadras la señora del quiosco, en el que de niño compré lo que los españoles llaman tebeos y que en familia les decíamos chistes, arregla los diarios, revistas y libros; en el camino, pago para que el lustrabotas haga su trabajo; también veo cómo esa pareja que tiene un carrito móvil de desayunos, le entrega a un mendigo un vasito con quinua y manzana y un sándwich de queso y pienso: aún hay esperanza, aunque la fe se va apagando.

Llego a mi trabajo, marco mi asistencia, abro la puerta de mi oficina, allí están Romeo y Julieta, enciendo la computadora, veo lo que me espera en audiencias, tomo del anaquel un expediente y me echo a andar entre folios, hasta que el día se agote sin terminar los problemas de ese costal llamado sociedad.

Vuelvo a casa, allí me esperan algunos libros pendientes, los voy leyendo como desde hace siempre; mañana volveré a abrir el portón, me olvide decir que cuando salgo a la calle me pongo los audífonos para escuchar canciones que hacen feliz mi andar; también olvide decir que nada cambio desde que empecé a trabajar donde trabajo, nada, absolutamente nada ha cambiado; eso de trabajar en un vano oficio, ya me está cansando o, tal vez ya estoy rendido que no es lo mismo, pero para efectos prácticos es igual, en todo caso moriré como los aristócratas romanos en batalla: de pie y aferrándome a mi lanza, firme y digno.

En soledad, ya estoy buscando dónde, sin ser general ni tener cuartel, afrontar cada día de los últimos que me quedan en el frío invierno de lo que será mi muerte, con la felicidad de vivir en paz varias primaveras y otoños, pues el verano no me gusta y lo ignoro, sin ser igual a todos y en algunos casos peor que muchos de esos que piensan que son superiores.

Javier, Franco y Sofía son personas que están en mi oración de vida, es de Dios que ellos estén bien, es de mí la responsabilidad que estén haciendo el bien, al menos no fui un fracaso, del todo, como padre, aunque en otros aspectos fui un desastre.    

Cumpliré 57 años… no me hagan caso, aunque sí en un deseo, no quiero soplar velas, quiero encenderlas por quienes me esperan luego del umbral de la muerte.

martes, 2 de mayo de 2023

Entre pavos reales y cancerberos laborales

Fernando Murillo Flores

He trabajado en algunas empresas de propiedad estatal y prestado servicios para algunas entidades del Estado; en todas ellas encontré una diversidad de personas trabajadoras con y sin cargos de dirección, así como muchos trabajadores que sienten orgullo de haberse superado y llegado a ocupar cargos de dirección y confianza en las organizaciones. Todo ello no es extraño, también, en organizaciones privadas.

En ese entorno, una constante, es encontrar trabajadores con una determinada conducta y comportamiento organizacional que dista mucho de la persona que se supone son o dicen ser, generando malestar en la organización, y la pregunta del por qué son así, es decir, cayendo en los lugares comunes del “qué se cree”; “se le ha subido el cargo” y “ya no pisa el suelo”.

Esos trabajadores se dan a conocer cada vez que, circunstancialmente, o por sus “méritos” o “elección” acceden a cargos de dirección, confianza y control; al día siguiente de asumir el cargo se tornan irreconocibles para quienes los conocieron en el llano; se comportan cual pavos reales, barbilla en alto y te miran de reojo y como gran favor te murmuran un saludo.

La raíz del problema, en todo caso, es el hogar y la familia en la que se han formado esas personas, si ello es así, no hay solución, salvo la fuerza de voluntad de la persona por superarse en lo personal y profesional, que no es lo mismo, sino las dos caras de una moneda.

Por lo general encontramos personas que se han superado profesionalmente y vienen, en verdad, como se dice, desde abajo, esa superación en gran medida es para demostrar y enrostrar a los demás, en cada actuación de su comportamiento organizacional dicha superación, pero ello no garantiza que hayan tenido el mismo cuidado en superarse como personas, pues el maltrato, la pobreza y la discriminación, cuando no, una serie de carencias materiales y afectivas, son muy difíciles de superar y esas son, precisamente, las que originan la conducta y comportamiento altisonante en las organizaciones de las que forman parte. Es el origen de los pavos reales laborales.

Esa ausencia de superación personal, no profesional, basada en un falso orgullo de superación, es la que ocasiona el maltrato de esas personas a sus subalternos, la falta de coherencia con sus pares y, sobre todo, el ansia por tener cargos de poder en la organización, al precio que fuese, pues a través ellos es que esas personas hallan un púlpito para un falso predicamento laboral.

Uno puede ser una buena persona, pero un mal profesional; una buena persona y un buen profesional; una mala persona y un buen profesional, pero también una mala persona y un mal profesional. En todo caso, es preferible lo primero y lo segundo, pues una buena persona siempre será una buena persona, y poco proclive a irse al mal, en cambio, lo tercero y cuarto es totalmente nefasto para las organizaciones en las que esas malas personas prestan sus servicios.

Una formación en familia, basada en la educación y en haber tenido lo básico, principalmente amor, cariño y respeto, son la base para una persona que luego será esencialmente humana, una persona que cuando tenga cualquier cargo de responsabilidad, lo ejerza con autoridad más no con el poder inherente al cargo, pues éste sin aquella, es de lejos un falso orgullo de superación, siendo la moneda corriente y diaria el maltrato a los colaboradores, quienes serán víctimas de órdenes sin razón, del maltrato a los inferiores. Ese es el origen de los cancerberos laborales.

Personas así, no han leído ni siquiera El Principito para saber que hay reyes poderosos, pero en algún lugar del universo los hay buenos, como se define uno de ellos cuando dice “soy un rey bueno porque mis órdenes son razonables” y lo razonable, así como la distinción de lo bueno de lo malo, vienen de casa.  

Es muy triste, pero cada vez hay más superados profesionalmente, de esos que se dicen vienen de abajo, sin ética, sin valores, sin principios, sin el hogar, sin el te amo, sin el te quiero, sin el por favor, sin el gracias, sin la humildad y la modestia que es necesaria siempre que uno gobierna personas; cada vez más son los profesionales poderosos, acopiadores de títulos y diplomas que no reflejan lo que son, pero que sí llenan formularios para puestos importantes, dejando atrás a las personas que debieran ser, para ser los pavos reales y cancerberos laborales que nunca dejarán de ser.

 

miércoles, 1 de marzo de 2023

Una letanía informe

 

Fernando Murillo Flores.

Realmente es tedioso escuchar, como letanía informe, esa frase vacía y sin sentido que pide para el Perú “una nueva Constitución”, aunque ciertamente es comprensible escucharla de quienes no puede explicar el porqué de tal pedido; pero alguien ha ido más lejos, propone que “hay que quemar la Constitución de 1993”, y ello no es comprensible sobre todo si quien lo propone ha sido un juez supremo e incluso presidente del Poder Judicial[1], todo ello con la vigencia de la Constitución de 1993.

Todo ciudadano peruano, sea o no autoridad pública o privada, tiene el deber y la obligación de cumplir la Constitución y las leyes de su país. Esa obligación es aún más exigible cuando se es autoridad o se tiene un determinado nivel de educación e instrucción.

Así, nuestra Constitución tiene dos importantes disposiciones:

Artículo 38.- Deberes para con la patria. Todos los peruanos tienen el deber de honrar al Perú y de proteger los intereses nacionales, así como de respetar, cumplir y defender la Constitución y el ordenamiento jurídico de la Nación.

Artículo 45.- Ejercicio del poder del Estado. El poder del Estado emana del pueblo. Quienes lo ejercen lo hacen con las limitaciones y responsabilidades que la Constitución y las leyes establecen.

Ninguna persona, organización, Fuerza Armada, Policía Nacional o sector de la población puede arrogarse el ejercicio de ese poder. Hacerlo constituye rebelión o sedición.

Un buen peruano, admitiendo que también existen malos, debe comportarse conforme a la Constitución que rige en el Perú y observar en todo momento su ordenamiento jurídico, si sólo eso hiciésemos los peruanos seríamos ejemplares, lo que nos falta, en esencia, es ser cabales cumplidores del concepto de ciudadanía, concepto que además deberían tener en claro los que gobiernan el país.

Al respecto, tengamos presente lo que dice Savater: “Ningún ciudadano está exento de acatar la Constitución, pero este respeto debe exigirse mucho más a quienes ocupan puestos de autoridad y también a los que gozan de mayores privilegios sociales o más reconocimiento público: si ellos, los más directos beneficiarios de la Magna Carta, no dan ejemplo de respeto a las reglas del juego será difícil que se lo exijan a quienes padecen los aspectos menos favorables de una sociedad…[2]

Si un peruano no está de acuerdo con su Constitución, ni con su ordenamiento jurídico, bien haría en mantener ese desacuerdo como un ciudadano sin cargo público, pues tenerlo implica no sólo la obligación de observar lo establecido en el artículo 38 de la Constitución, sino también lo establecido en su artículo 48, y si tuvo un cargo público y ahora ya no lo tiene, debería estar agradecido de haber formado parte del Estado, organizado conforme al orden constitucional vigente, y si luego de su experiencia quiere cambiar algo del orden establecido en función de su experiencia, debe proponer hacerlo dentro del cauce constitucional y no mediante una posición piromaníaca.

Creo que hay un refrán que dice: “no muerdas la mano de quien te da de comer” y ello podría ser un mandato moral mientras se dependa de alguien (el Estado) y que muy bien podría ser una conveniencia mientras uno se alimenta de ese alguien, como parece ser el caso, pues bien que se alimentó, vistió y gozó de privilegios; la extensión de ese refrán también aplicaría al pasado “no muerdas la mano de quien te dio de comer” pero ello implicaría “ser agradecido” cosa que no muchos son, pues pocos saben lo que implica eso de que la “nobleza obliga

Si un peruano no está de acuerdo con su Constitución, es difícil comprender cómo puede estar en un puesto público del Estado peruano y vivir de él; sería más comprensible que no forme parte del Estado y, por el contrario, mediante los mecanismos de la democracia, y respetándolos, no hay otra manera, forme o conforme un movimiento ideológico y doctrinario para llegar al poder democráticamente y ejercerlo, y si lo logra, ejercerlo como corresponde, con respeto irrestricto de los derechos a la vida, a la libertad, a la igualdad y a la dignidad de las personas, derechos que, de antemano, implican descartar toda forma de autoritarismo o totalitarismo.

¿Alguien en su sano juicio puede pensar que el Perú necesita la Constitución número trece en su historia?, la verdad es que quienes repiten esa letanía, aunque algo de juicio tengan, ignoran nuestra historia, pues si acaso la conociesen sabrían que algunas de las anteriores sino fueron producto de revueltas y movilizaciones violentas, al menos estuvieron precedidas de ellas, y en las que incluso hubo más muertes que las que ahora lamentamos, y que solo sirvieron para demostrarnos algo que sí es un hecho histórico, que hemos elegido mal a los gobernantes y que peligrosamente se está escribiendo una verdad en la piedra de nuestro pasado y presente: cualquiera es Presidente del Perú. Pero esa verdad nada tiene que ver con la Constitución, nada en absoluto.

Quienes pretenden cambiar la Constitución, parten de un supuesto errado, sienten, no lo piensan, que el texto constitucional o, al menos su parte económica, es la culpable de todos nuestros males, y es por ello que buscan que el Estado intervenga en la vida económica del Perú, más allá de lo que debe, siendo benefactor, participando empresarialmente y regulando precios, cuando ello atenta contra la libertad de trabajo y empresa, así como infructuosamente lidiar con el mercado que es el escenario de desenvolvimiento de la creatividad, del trabajo,  de la riqueza y del progreso.

Para Sartori, una Constitución no puede ser un programa de gobierno, no puede ser un documento en el que se consigne aspiraciones que no puedan ser alcanzadas “Las constituciones son “formas” que estructuran y disciplinan los procesos de toma de decisiones de los Estados. Las constituciones establecen la manera en que se crearán las normas; no deciden, ni deben decidir, qué debe ser establecido por las normas. Es decir, que las constituciones son, ante todo, procedimientos cuya intención es la de asegurar un ejercicio controlado del poder. Por tanto, y por el contrario, el contenido de las constituciones es y debe ser neutral. Una Constitución que se propone establecer políticas, es decir, de contenido político, desplaza a la voluntad popular y hace a un lado a las instituciones que toman las decisiones políticas (el Parlamento y los gobiernos), a los que se les reserva constitucionalmente el poder de decidir las políticas.[3]

La Constitución peruana puede ser mejorada, qué duda cabe, pero para ello está el camino constitucional de su reforma, mediante los mecanismos que la misma Constitución establece; no es camino correcto propender su cambio utilizando para ello la insatisfacción que existe en la población peruana, que es efecto inmediato de los malos gobiernos que hemos elegido y en la desatención de aquellos servicios básicos a cargo del Estado, como son el de salud, educación, infraestructura y seguridad, que muy bien pueden ser satisfechos con una buena administración de los ingresos que tiene el Estado, pero ello, lo volvemos a repetir, es responsabilidad de los gobiernos, no de la Constitución.

No es, para nada ético, que quien tuvo la oportunidad constitucional de ser presidente del Poder Judicial, no haya hecho uso, mientras lo fue, de la facultad de iniciativa legislativa, establecida en el artículo 107 de la Constitución para proponer cambiarla, al menos, en lo que corresponde al Sistema de Justicia, habiendo sido parte de él.

Ya es tiempo de pensar en el Perú como buenos peruanos, en lugar de proponer quemar una Constitución que, a esta altura de nuestra historia republicana, ya tiene 30 años y ha soportado estoicamente muchos momentos de tensión constitucional ocasionada sólo por la irresponsabilidad de malos gobernantes y malos gobiernos que no supieron administrar el poder, en función del interés general.    



[2] Savater. Fernando. Diccionario del ciudadano sin miedo a saber. La isla de Próspero. Ariel, 2007. p. 15

[3] Sartori. Giovanni. Ingeniería Constitucional. Fondo de Cultura Económica. Pág. 217

miércoles, 22 de febrero de 2023

Agradecimiento

Fernando Murillo Flores


Tengo 56 años, casi 20 como Magistrado del Poder Judicial, en la Corte Superior de Justicia del Cusco, y 12 años de ejercicio libre de la Abogacía. Entre al año 1992 y 1993 yo recién tenía 2 o 3 años de vida profesional como Abogado y prestaba mis servicios, por horas, al Sr. Carlos Suenaga Hironaka. En esa oportunidad conocí al Ing. Héctor Suenaga Pinillos, su padre, quien era entonces Presidente del Directorio de Industrial Cachimayo S.A. Él me confío, entre esos años, ser el Secretario del Directorio que presidía y Asesor Legal de esa empresa del Estado.

Entonces tenía 26 años, el Ing. Héctor Suenaga Pinillos, no sólo me otorgó su confianza, sino también una oportunidad de trabajo a través de la que se me abrió otra.

A mis hijos, Javier, que en ese momento tenía apenas 3 años; Franco y Sofía que aún no habían nacido, les digo que de esta forma expreso mi agradecimiento al Ing. Héctor Suenaga Pinillos, pues es bueno sepan que una parte del profesionalismo que en mí conocen, así como de la experiencia que hoy tengo, se la debo a él.

El día de hoy, con unos amigos comunes, visite al Ing. Héctor Suenaga Pinillos y me alegró poderlo abrazar a sus venerables 90 años y saber que él no cambió en lo absoluto, esencialmente continúa siendo la misma gran persona que conocí, y a quien siempre le estaré agradecido.

Cuzco, 22 de febrero de 2023.

lunes, 6 de febrero de 2023

Tratando de entender un comunicado

 

Fernando Murillo Flores

En principio dejo sentado que sé lo que es una Constitución, sé que en la Constitución se establecen las disposiciones sobre la sucesión del poder ejecutivo, para así evitar el vacío de poder. Actualmente es Presidenta del Perú, por la sucesión del poder establecida en la Constitución, quien formaba parte de la plancha presidencial del partido Perú Posible, como Vice Presidenta, que fue el que ganó las elecciones presidenciales el año 2021, para gobernar el Perú durante cinco años que esta también el período presidencial establecido constitucionalmente.

Constitucionalmente, dicha candidata a la Vice Presidencia y hoy Presidenta del Perú, debiera ejercer éste cargo hasta el 28 de julio de 2026, y así lo dijo cuando juró el cargo, luego que el Presidente Castillo Terrones fuera vacado en el cargo por haber expresado su voluntad de constituir su gobierno en uno de facto.

Sin embargo, la historia demuestra que un Presidente de la República, sin bancada en el Congreso, no puede gobernar el país, más si dicho presidente no pertenece a algún partido y si aquél al que pertenecía está desprestigiado. Leer la historia hubiese llevado a tomar la decisión, a la actual Presidenta, de hacer un gobierno de transición, proponiendo desde el inicio el adelanto de elecciones, no lo hizo y ahora estamos siendo atacados por quienes, desconociendo la sucesión presidencial establecida en la Constitución, piden la renuncia de la actual Presidenta, llamándola incluso usurpadora, mediante actos de violencia que tienen por objeto generar el terror en la población que no comparte las ideas ni tiene la posición de aquellos.

Entre esos actos terroristas esta la utilización de una estrategia de guerra: sitiar una ciudad. Actualmente el Cuzco está sitiado. Nuestra ciudad y su población, desde diciembre del año pasado ha sido víctima de actos de violencia delincuencial que generó el terror y el miedo y ahora esta sitiada. La actividad turística está literalmente muerta, la actividad económica directa o indirectamente vinculada al turismo está agonizando y, por sólo poner un ejemplo, la vía férrea que conduce a Machu Picchu, que es el destino turístico más importante del Perú, está seriamente dañada.

Como ciudadano, leo un comunicado de varias organizaciones que expresa:

 

1. Entendiendo la molestia del pueblo cusqueño, ante el desabastecimiento y a acaparamiento de bienes de primera necesidad, gas y combustible, causados por la necedad de unos cuantos enquistados en el poder, pedimos a la ciudadanía a no caer en el conflicto de pueblo contra pueblo y mas bien construir la máxima unidad posible para derrotar a la dictadura.”

Lo importante de este comunicado es que los organizadores de sitiar al Cuzco, reconocen que el pueblo cuzqueño ya está molesto por el efecto de su acción que origina el desabastecimiento de bienes de primera necesidad, y es por ello que le empiezan a temer al pueblo cuzqueño, por lo que tratan de indicar que la causa del desabastecimiento es porque unos cuantos se enquistaron en el poder.

Constitucionalmente hablando, no existe en el Perú alguna autoridad enquistada en el poder, sino autoridades democráticamente elegidas por un período determinado, que fueron colocadas en los cargos de Presidente y Congresistas, mediante el voto, y mediante el voto deben ser removidos de dichos cargos ¿Hasta cuándo el Perú vivirá pateando el tablero?.

 

“2. Informamos a la población en general que SE APERTURARAN, LOS FINES DE SEMANA, PASES DE REABASTECIENTO Y TRÁNSITO GENERAL EN TODA NUESTRA REGIÓN.”

Este segundo punto no es sino una demostración que el Cuzco está sitiado, sin duda, por quienes son el enemigo, pues sólo el enemigo es capaz de sitiar una ciudad y que cómo una concesión permitirá el libre tránsito para que la población se reabastezca, lo que alguna prensa ha denominado es una medida humanitaria. Humanitario es el respeto que en una guerra se tiene, por ejemplo, al accionar de la Cruz Roja o al cuerpo de médicos y camilleros del otro ejército. ¿es un acto humanitario que se permita el libre tránsito de personas por las vías públicas, en un Estado Constitucional de Derecho como es el Perú?

Existimos ciudadanos que tenemos derechos, entre ellos el de vivir en plena libertad y en paz. Existimos ciudadanos que creemos que la forma de cambiar autoridades es mediante el derecho al voto.

Ciudadanos así le tememos al totalitarismo que empieza por no respetar nuestros derechos; le tememos a quienes piensan que todos podemos ser obligados, sitiando nuestra ciudad por ejemplo, a pensar como ellos, es decir, a negar elecciones, a negar a las autoridades democráticamente elegidas, a crear estados de crisis para aparentar la necesidad de un cambio de la Constitución, cuando la única lección posible es que debemos elegir bien para no emitir el voto y luego esconder la mano con la que la depositamos en el ánfora.


sábado, 4 de febrero de 2023

Así de simple

 

Fernando Murillo Flores

Desde antiguo, sitiar una ciudad o fortaleza es una táctica de guerra; sitiar una ciudad significa impedir que se salga de ella y que a ella no ingresen personas ni suministros elementales para la vida de quienes la habitan, la finalidad inmediata de sitiar una ciudad es que en ella escaseen el agua, los alimentos y otros bienes necesarios para la vida y la mediata que la población de la ciudad sitiada entre en desesperación, quede anulada su capacidad de decisión y determinación y así se rinda ante el enemigo, pues sólo el enemigo es capaz de sitiar una ciudad.

El Cuzco está sitiado, el enemigo impide que ingresen alimentos, gasolina y gas. ¿Quién es el enemigo?

El enemigo son quienes sin conocer la historia, la institucionalidad y mucho menos lo que es una Constitución y el sistema jurídico peruanos, siguen a un grupo oculto y anónimo que se valen de toda esa ignorancia para crear el caos, el desorden y el terror en quienes son peruanos de verdad, es decir, en aquellos que sabemos que el Perú es unitario, tiene una integridad territorial, una unidad de gobierno y autoridad, una forma de gobierno Republicana, con división de poderes y basada en la democracia, siendo sus valores supremos la vida, la libertad y la igualdad, forjado todo ello a través del tiempo, incluidas la época Inca y del Virreinato.

Los ciudadanos de la República del Perú, sabemos que una patria se construye, no se destruye; que un país se desarrolla, no se destruye; que un país rechaza la violencia y ama la paz; que un país es imperfecto, siempre, pero para eso está la democracia y sus reglas, mas no el caos, ni el desorden ni el terror para so pretexto de transformarlo, imponer un Estado que limite la libertad de sus ciudadanos.

Busco el diccionario de la Real Academia Española y encuentro la palabra terrorismo, y estas son sus acepciones: 1. Dominación por el terror. 2. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. 3. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma con fines políticos.”

Quienes tienen sitiada mi ciudad, el Cuzco, son, en principio, el enemigo y terroristas. Basta de eufemismos. Si quienes creen que tomar Lima es una novedad, no saben que los terroristas de Sendero Luminoso lo intentaron y no lo lograron, principalmente porque en Lima también viven peruanos y, lo peor de todo, no saben que Lima fue hace mucho tiempo tomada y lo fue por todos los provincianos del Perú y que ahora son un sector importante que ejerce su libertad en su variante económica: la libertad de trabajo.

Sé que mi país tiene heridas históricas muy serias que aún lo desangran, pero la única forma de sanarlas es conociendo cabalmente su historia, solo una buena educación nos permitirá identificar el origen de esas heridas y elegir a quienes se comprometan a curarlas en desarrollo, paz, sin resentimientos ni rencor, rechazando elegir a quienes sólo ofrecen, con el terror, vivir de ellas y desangrarlo hasta que todos seamos iguales pero en la pobreza, la miseria y lo peor de todo: sin libertad. 

domingo, 4 de diciembre de 2022

¿Y aún nos preguntamos por qué estamos así?


Fernando Murillo Flores


Cuando uno lee la historia del Perú encuentra una constante: los cargos públicos, a todo nivel, se toman por asalto, mediante la violencia, el fraude o, finalmente, por la oscura intención de copamiento de intereses de un individuo o un grupo de estos que, generalmente, son comparsa de aquél que trama permanentemente el viejo oficio de lograr fines, sin importar los medios.

Esa lamentable constante se originó durante la colonia, durante el virreinato, cuando el cargo público era sinónimo de bienestar personal, antes que colectivo, al que había que llegar por cualquier medio. Los peruanos no sabemos el apostolado que está en el cargo público, pues solo se aprendió que el cargo público es un medio para el éxito que dan unas monedas.

Así tenemos una administración pública ejercida, a diario, con el pecado capital del buen funcionario o autoridad: ejercer el cargo en función de intereses particulares o de un grupo, y cuidando en todo momento de no perder aquello conseguido por cualquier medio, antes que por la intención y el norte del bien común.

La otra constante es la destrucción y el aniquilamiento del opositor, sobre todo si éste tiene una semilla de principios, honestidad, coherencia y capacidad. Esos personajes limitados a su honradez no tienen cabida y se les debe destruir o, al menos, dejarlos en el olvido para que la semilla no caiga en terreno fértil.

Es muy fácil convertir en presa a quienes no tienen principios, ni valores, a quienes, por una simple oferta de beneficios personales y difíciles de conseguir por propia capacidad, se les conquista para ser satélites de planetas sin vida, vacíos de contenido y de humanidad. Y, peor aún cuando eso se logra en nombre de aquello que en el Perú nunca tuvimos: una buena política, esa ausencia da lugar a lo más perverso: la real politik, de la que muchos se sienten orgullosos de ejercer.

Es muy fácil ser gregario, es muy fácil renunciar al ser individual, al pensamiento liberal, para dejar ser abrazado por el grupo, por la masa, ese grupo y masa que te despersonifica, que te hace perder tu singularidad, tu valor específico y hasta tu identidad.

Aquellos que de niños tuvieron una familia y amor verdaderos, así como ejemplos a seguir que los consolidó a toda prueba en principios y valores, nunca se sentirán cómodos en grupos gregarios a los que por intereses o temor te subsumen en el sopor del calor de la protección mediocre de quien por ser tuerto es rey. Qué pocos Juan Salvador Gaviota quedan en estos tiempos.

Ahora nos preguntamos por qué el Perú está como está, sencillamente está así porque lo único que vale es el interés personal y de grupo, mas no el interés general al que en todo momento debe consagrarse el buen funcionario o autoridad públicos, así como todas las personas cualquiera fuere su actividad en la sociedad.

En el Perú ya no se educa para trascender, sino para ser sencillamente intrascendente, por más cargo y privilegios que se tengan, o diplomas que digan que eres lo que en realidad no eres, pues esas son cadenas de una esclavitud permanente de mediocridad que siempre hará que se juegue a ser dios, así con minúscula, en un metro cuadrado.   

 

sábado, 5 de marzo de 2022

Solo y de pie

 

Hay un espacio aún vacío,

o que tal vez no lo estuvo

Y sospecho quede así,

lleno de imágenes tiernas,

también de momentos duros.

El espacio está empolvado,

abundan los detalles viejos

dejados por los años de ocupación,

sin permiso, ni licencias ni razones,

simplemente viejos detalles

que te atan y lían entre si.

Ya no hay espacio, ahora que lo veo

todo está lleno de todo y nada,

de nada y todo.

Es que lo viejo está viejo y asentado,

capa tras capa diría la dendrocronología,

ocupando precariamente y sin

autorización alguna, esa ocupación densa

de días en que no limpié a tiempo y lo suficiente,

pero que en conjunto hacen que esté de pie

ante el cronos que devora mi tiempo

y del tiempo universal en el que fui nada.

Ahora es parte de mí todo eso,

es lo que ahora y nunca exhibo.

Estaré solo ante esos pocos pasos que di,

en ese siempre mí espacio de muchas

personas, cosas y circunstancias,

pero si alguien dijo que moriría en París con aguacero

y, el otro que, entre pájaros y árboles,

porque no puedo decir que al final

moriré solo,

y no cubierto por el polvo de un país vecino,

perdón Serrat por robarte la frase,

ni con aguacero y mucho menos entre pájaros y árboles

perdónenme viejo César y joven Javier,

pero morir sólo es, seguramente, como se siente morir

en el exilio francés, en el París con aguacero o en una selva peruana.

Sólo y así de simple… pero de pie, siempre y simple,

en un espacio vacío de todo y nada, de nada y todo.  

   

 

 

domingo, 23 de enero de 2022

¿No?

 

Hay libros perdidos,

en nuestra memoria,

en nuestros estantes,

y en manos extrañas.

¿No?


Hay palabras perdidas,

en los ecos de nuestro silencio

en los oídos sordos,

en los oídos atentos,

en el corazón de alguien.

¿No?


Hay signos,

en las huellas de nuestros pasos,

en los caminos,

en nuestros cuerpos,

en nuestros lugares.

¿No?

miércoles, 8 de diciembre de 2021

El doctor Alipio, mi padre

Fernando Murillo Flores


Yo jugaba haciendo caminitos para mis carritos y camioncitos, estos iban empujados por mí a través de puentes y túneles hechos en la tierra del jardín de rosas, este tendría unos ocho metros cuadrados que estaba en el primer piso de la casa de San Andrés; durante mi niñez ese jardín, sus rosas, caminos y carritos serían mi pequeño universo.

En el primer piso, entrando a la casa, estaban los tres ambientes en los que mi padre, que era abogado, tenía su oficina, la placa que lo anunciaba aún está allí, al lado superior derecho del portón de la casa 486.

Recuerdo que mi padre se levantaba temprano, abría su oficina empezando por retirar un candado de la primera puerta, ingresaba a la sala de espera, prendía la luz, luego pasaba por el pasillo a su Despacho, para luego abrir la segunda puerta que daba al patio, frente a mi pequeño universo, y cerrar la mampara. Así empezaba su día.

Mientras jugaba en el jardín, distraía mi mirada hacia la puerta de calle, y veía entrar continuamente a muchas personas e ingresar a la sala de espera para ser atendidas por el doctor Alipio, así se llamaba mi padre.

Muchas veces escuché bromas y risas entre tanto problema que seguro se discutía en ese despacho; también escuchaba, casi siempre que mi padre alzaba la voz para hacer recomendaciones a sus clientes y en otras ocasiones salía con ellos hacia el patio para dar instrucciones y consejos antes de salir a comparendos, audiencias y diligencias, palabras cuyo real significado recién entendí cuando estudie derecho; soy el último de seis hermanos, el mayor también es abogado.

No en pocas ocasiones vi clientes muy afligidos, preocupados, tristes por los problemas legales que los aquejaban; también muchas veces vi felicidad cuando mi padre les comunicaba una buena noticia del juzgado y de unas salas, - ya nos notificaron, decía mi padre; - salió la sentencia… ganamos, decía en otras ocasiones cuando luego de marcar el viejo teléfono negro el cliente le contestaba del otro lado de la línea, aún recuerdo el número de ese teléfono: 2187; ese teléfono sonaba mucho y mi padre siempre contestaba.

Había días en los que mi padre no salía de su oficina y sentía el golpe de las teclas imprimiendo letras en el papel sellado, de seguro estaba haciendo demandas, denuncias, contestaciones, absolviendo traslados etc.; otros días mi padre entraba y salía siempre acompañado de clientes cuál séquito de preocupados y tensos, pues el Palacio de Justicia quedaba a tres cuadras de la casa de San Andrés, ya sea que se tomase la ruta de San Andrés hasta la calle Ayacucho y de allí a la derecha hasta la avenida Sol, o la otra que era Puente del Rosario hacia la avenida sol y de allí dos cuadra arriba; al final de esas rutas estaba hace tanto tiempo como hasta ahora el Palacio de Justicia, quien podría haber imaginado que el niño de 5 años que escribe estas líneas trabajaría en él como Juez Superior, el hijo del abogado Alipio Murillo Martínez, el nieto del abogado Miguel Ángel Flores Fernández y bisnieto de otro abogado, Justo Zenón Ochoa Guevara.

Luego de la jornada de mi padre, venía el almuerzo en la mesa grande de la cocina, la mesa aún está ahí, recuerdo que cada hermano tenía un color determinado de platos, los míos eran color verde, a la mesa casi siempre no éramos menos de diez y a la una de la tarde. Por la tarde mi padre continuaba trabajando en su oficina, seguía recibiendo clientes y se quedaba a redactar sus documentos, hasta casi las cinco o más de la tarde ya de noche, luego cerraba su oficina y lo último que se escuchaba era el sonido de metal del candado, antes que empezara a subir al segundo piso de la casa de San Andrés.

Siempre lo recuerdo sentado frente al televisor Phillips, viendo algo que le causaba mucha risa, lo que veía era esa magnifica serie “Tres patines”, protagonizada por Leopoldo Augusto Fernández Salgado “cosa más grande de la vida chico” en los que aquél siempre era llevado a los estrados judiciales a responder ante una serie de acusaciones. En recuerdo a mí padre veo algunos de esos capítulos en youtube.

Un día mi padre tenía una diligencia fuera de la ciudad, debía viajar hacia el sur, como era de costumbre el cliente ponía la movilidad, volvería por la tarde. Esta vez no estaba en el jardín, estaba jugando en la terraza del segundo piso, nadie lo escucho llegar por la tarde, entró por el portón, se había detenido a la mitad de las gradas, creo que hasta allí le alcanzo la fuera, y sí se escuchó que a media voz dijo – Elena… salimos a su encuentro y lo vi ahí parado con la mano derecha en la baranda de las gradas, algo no estaba bien en él, su traje, el vestía muy elegante, estaba sucio, roto y no tenía sus lentes, se habían roto y él quedó así de maltrecho y muy magullado luego de que, lo contó después, el auto en el que volvía de la diligencia se había volcado en la carretera y alguien lo trajo a casa; el chofer luego del accidente se había dado a la fuga pues de seguro pensó que el doctor había muerto y huyó del lugar.

¡Todo el revuelo que se armó en la casa¡ Elena, así se llama mi madre y maestra, luego de acudirlo y ayudarlo a ponerse a descansar en la cama, contó algo de lo sucedido y dijo que nos tranquilizáramos, - había que denunciar el hecho, – no, dijo; - pero esto no puede quedar así debemos buscar al responsable – no, dijo. Bueno, mi padre era el abogado y había que hacerle caso. En esos tiempos así era.

Era un domingo luego del día de semana en el que pasó el accidente, mi padre estaba tomando sol en uno de los cuatro corredores del segundo piso, mientras llegaban sus nuevos lentes usaba los rotos; alguien tocó el portón de madera en el 486 de la calle San Andrés, algún empleado abrió la puerta e ingresó, luego de preguntar por mi padre, un joven asustado y tembloroso, vio a mí padre en segundo piso y subió corriendo, mi padre estaba con sus lentes acomodados pues estaba el marco quebrado y alcanzó a reconocer en ese joven al conductor del auto que se había volcado y que lo había abandonado creyéndolo muerto, al llegar frente a mi padre se arrodilló y en voz alta y sollozando decía – perdóneme doctor, - perdóneme doctor… perdóneme.

Yo estaba frente a los dos, agarrado a los barrotes del corredor, mi padre estaba parado con una bata crema, de pie, aún en pijama y sandalias, el joven arrodillado y con las manos juntas rogando perdón; en ese momento, en ese instante vi algo que jamás olvido y que siempre recuerdo. Mi padre le dijo – levántate, y con sus dos manos ayudó al muchacho a levantarse y luego poner su mano derecha encima del hombro izquierdo y decirle que - no es necesario, sólo te pido que me ayudes a arreglar mis lentes, no ha pasado nada… y le mostró los lentes rotos.

En ese instante pude ver el miedo, el arrepentimiento, el dolor de no haber hecho lo correcto en una encrucijada, pude ver la necesidad de pedir perdón, pero en ese instante también pude ver en mi padre el perdón inmediato, la ausencia de cólera y rencor; en ese momento no lo vi así como ahora que lo recuerdo y doy testimonio de lo sucedido, sólo le dijo al muchacho ayúdame a arreglar mis lentes, ahora siento que fue una forma de decirle que a Dios gracias no le había pasado algo grave y que todo el daño material se había reducido al valor de unos lentes quebrados. Así el muchacho se retiró sin un peso en la conciencia, aliviado de que no sucedió lo peor y, sobre todo llevándose en el corazón el perdón de mi padre y de seguro un eterno agradecimiento. Muchas veces mis hermanos lo vieron después, seguía haciendo servicio de taxi, yo mismo lo habré visto unas tres o cuatro veces.

Esa escena está impregnada en mí y para siempre, no puedo retirarla de mi memoria, no sé cuánto influyó en mí todo eso que sucedió ante mis ojos, los cierro y ahí está la escena, muchas veces me he visto realmente de uno u otro lado de la misma, para determinar qué es lo bueno y lo malo.

Así la vida continuo, un año fui desprendido del jardín y de mis juegos, de mi canasta llena de carros y fui vestido de gris y llevado a un inmenso colegio, el Salesiano, no quería quedarme en él, así uniformado, cerrado en un aula con niños que no conocía y en los que se nos daba instrucciones a granel; recuerdo a mi hermana Maly quedándose en el colegio y mirándome por la ventana para que me tranquilice y no lloré, así estuvimos un mes, luego y después de todo el colegio no fue tan malo.

Me llevaban al colegio en el carro de papá, en el Dodge, modelo Polara; de San Andrés hacia arriba hasta Santa Teresa, luego a Saphy y hasta el fondo para luego doblar a la derecha y llegar al Salesiano, era el último de los hermanos en estudiar allí. Un día de esos, todos estaban sentados a la mesa prestos a almorzar hasta que alguien se percató que el Benjamín de la familia no estaba, me cuentan que Alipio empezó a preguntar quién debía recogerme y fue uno de esos días en el que le dijeron tú, en el que todos pensaron que todos me buscarían en el Colegio y en realidad nadie se ocupó de mí; me cuentan que salieron en distintas rutas hacia el Salesiano, entre tanto yo, con los ojos húmedos vi como el Colegio se iba quedando vacío y nadie vino por mí; entonces tomé la determinación de echarme a andar recorriendo la ruta a la inversa, pero a pie y con un maletín de cuero realmente pesado, fue mi hermano Pompo quien me halló a tres cuadras de mi casa en San Andrés, en la esquina de Quera con San Bernardo, sentado en una grada de un portón que aún está ahí y que por unos minutos fue mío; cada vez que paso por allí veo un niño con el cabello largo, vestido con el uniforme único escolar, pero con chompa tejida por la mamá y una gran insignia pegada en el lado izquierdo del pecho, con bordes dorados que dice “Salesiano”     

No sé cuánto tiempo después, entonces tenía nueve años, estaba en Lima, en la casa de mi tío David, hermano mayor de mi madre, cuando ella y yo quedamos solos, en la noche del 18 de diciembre de 1975, mi madre sentada en la cama, me atrajo hacia ella y me dijo tu papá ha muerto, ya no tienes papá. Desde entonces, ya nadie contestó el número 2187, lo sé porque muchas veces yo marqué ese número; ya nadie atendió en la oficina de la Casa de San Andrés número 486, desde entonces ya nadie juega en el jardín, desde entonces no sé lo que se siente fallarle a un padre o hacer que se sienta orgulloso de uno. No lo sé.

martes, 30 de noviembre de 2021

Soledad

 


La conocí hace poco

y la leo hace tanto tiempo.

Mi soledad tiene ojos profundos de abismo y tiempo.

La escucho mientras un muro hace el eco

de unos recuerdos en piedra y alma.

La conocí hace poco

y la leo hace tanto tiempo.

 

Cuzco, 30 de noviembre de 2021

domingo, 28 de noviembre de 2021

Game Over

 


Me detengo un rato en mi camino.

En realidad, me pesan los recuerdos, buenos y malos.

Descubro, en esa pausa, que tengo más deudas que crédito,

pero el saldo de días que quedan, luego de hacer cuentas,

me dan cuenta que no podré pagar deudas, sobre todo si las hay impagables,

y que ya no podré tener más crédito, no hay que dar de garantía.

A mis años sólo queda vivir lo que resta, ya no hay sumas, solo restas.

Ahora me divido entre lo que fue y lo que apenas será, sin crédito y sin tiempo.

Al final seré uno, ante todo uno, indivisible y en mil pedazos.


Cuzco, 28 de noviembre de 2021.

 

 

 

martes, 2 de noviembre de 2021

Anotación, 3 de noviembre de 2021

 

“El hombre se ha tomado miles de años en elaborar el lenguaje para comunicarse, sin la comunicación toda acción es imposible; qué patético es que alguien que aspira a ejercer el poder guarde silencio. El silencio, en política, es como arena movediza.”

Anotación, 2 de noviembre de 2021

 “El poder siempre debe tener un propósito, si éste no está en la mente de quien lo tiene, no sabrá qué hacer con él; es irresponsable asumirlo sin propósito alguno, pues el poder se deslegitimará inevitablemente.”

martes, 12 de octubre de 2021

El pueblo


Fernando Murillo Flores


De un tiempo a esta parte y de manera constante se pronuncia la palabra pueblo para justificar algunas acciones políticas en su nombre o, cuando menos, para expresar que se toman o tomarán decisiones de gobierno en su nombre.

Una de las formas de comprender lo que significa pueblo, es tomando nota de lo que implica como conjunto. Así, el pueblo puede ser definido por el conjunto de personas que habitan en el territorio de un país, aunque también podría hacerse extensivo el concepto a aquellas personas que habiendo nacido en ese territorio no están en él por distintas razones, como actualmente sucede con los venezolanos y en el pasado más remoto con el pueblo judío hasta la fundación del Estado de Israel.

Al año 2020, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la población del Perú era de 32´625,948 de peruanos. Es decir, el pueblo del Perú, como conjunto, tiene esa cantidad de personas. Quien gobierne el país lo debería saber.

En las elecciones generales presidenciales del 2021, de acuerdo a la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), en esos comicios debían votar un total de 25´287,954 peruanos, como electores hábiles. Sin embargo, ello no fue así.

En la denominada “segunda vuelta” electoral, se elige al presidente del Perú entre los dos candidatos que en primera vuelta hayan obtenido el primero y segundo lugares. En la segunda vuelta electoral, este año, acudieron a votar 18´856,802 peruanos, esto significa que 6´431,152 peruanos no acudieron a votar.

De esos 18´856,802 de peruanos que acudieron a votar, 121,489 lo hicieron en blanco, lo que equivale a decir, que no expresaron voluntad alguna para efectos de la elección; 1´106,816 de peruanos, al votar, lo hicieron anulando su voto infringiendo las disposiciones para la emisión de un voto válido.

Lo anterior nos deja con un universo de 17´628,497 de peruanos que sí emitieron un voto válido, expresando su voluntad de votar por uno u otro candidato, arrojando el siguiente resultado, entre los candidatos presidenciales:

Pedro Castillo Terrones:     8´836,380

-       Keiko Fujimori Higuchi:       8´792,117

La diferencia de votos entre uno y otro candidato fue de 44,263; para tener una idea volumétrica de esa cantidad de peruanos, debemos decir que la capacidad del estadio nacional (Lima), es de 50,000 personas. Esa diferencia de personas cabe, de sobra, en dicho escenario deportivo.

¿Cuál es la razón de esta reseña numérica de las elecciones presidenciales de este año 2021?

Constantemente el presidente electo, las pocas veces que habla, generalmente en discursos o monólogos, invoca al pueblo como aquél que lo eligió y en nombre del que sus acciones de gobierno tendrían alguna razón de ser. Algunos de los congresistas del grupo parlamentario del partido de gobierno y el líder de éste, hacen alusión al pueblo como aquél al que no deben traicionar.

Un común denominador de esas alusiones al pueblo, va acompañada de la frase “la mayoría” o “las mayorías”. Veamos si ese “pueblo”, si esa “mayoría” o “mayorías” que tanto invoca el presidente en funciones y su partido es tal.

 

Población del Perú

32´625,948

100.00%

 

 

Electores hábiles

25´287,954

77.50%

100.00%

 

Peruanos que no votaron

6´431,152

19.71%

25.43%

 

Peruanos que votaron

18’856,802

57.79%

74.56%

100.00%

Votos blancos

121,489

0.37%

0.48%

0.64%

Votos nulos

1´106,816

3.39%

4.37%

5.86%

Votos a favor de Fujimori

8´792,117

26.94%

34.76%

46.62%

Votos a favor de Castillo

8´836,380

27.08%

34.94%

46.86%

 

De acuerdo a la Real Academia Española, el pueblo es el “Conjunto de personas de un lugar, región o país.” y, como ya lo mencionamos, el pueblo peruano al 2020 era de 32’625,948 habitantes (100%), de ese total de peruanos, el actual presidente fue electo por 8’836,380 peruanos (27.08%) y este porcentaje dista mucho del 50% del pueblo y no es una mayoría.

Del conjunto de peruanos que votaron, que fue 18’856,802 (100%), 8´836,380 peruanos (46.86%) votaron por elegir al presidente actual, lo que significa – debe tenerse en cuenta – que 10’020,422 peruanos (53.08%) no votaron por él, ya sea porque votaron por la candidata Fujimori Higuchi, no expresaron voluntad alguna o, al viciar el voto le mostraron su rechazo, conjuntamente que a la otra candidata o a los dos en general. Al igual que lo anterior, ese porcentaje (46.86%) que no es más del 50% del pueblo que acudió a votar y lo hizo por el presidente actual, está lejos de ser el pueblo y no es una mayoría.

En consecuencia, ya sea respecto al total del pueblo o respecto al total del pueblo que fue a votar, el número de peruanos que votaron por el presidente actual, no es más del 50% en cada caso. En ese sentido, ese porcentaje de los peruanos: 27.08% del 100% del pueblo y 46.86% del pueblo que fue a votar, no es el pueblo y no es la mayoría, en ningún caso.

Si un presidente invoca la palabra pueblo, sabiendo y estando consciente de lo explicado, debe saber que menos del 50% del pueblo, no es el pueblo y mucho menos la mayoría del pueblo. Es más, hablar así, implica ignorar al otro 50% del pueblo que no voto por él, vició su voto contra él, vició su voto en contra de él y la otra candidata o sencillamente rechazándolo todo, incluido a él.

Un presidente, que se supone es un hombre de Estado, toma decisiones para el pueblo en su conjunto, para el bienestar de todos los ciudadanos del Estado que gobierna. Si, por el contrario, se nombra ilusamente al pueblo o a las mayorías, para la toma de decisiones sólo en función de quienes votaron por él o pensando que ésas beneficiarán a quienes no votaron por él, terminará muy mal de cara al futuro. 

Que el actual presidente haya sido elegido por 8´836,380 votos, de un total de 18’856,802 de peruanos que fueron a votar, respecto a un total de 25´287,954 peruanos que debieron ir a votar, nos da una idea que ello tampoco respalda la intención de realizar una asamblea constituyente en nombre del pueblo, y demuestra además que no existe ningún momento constituyente.

Los líderes de un pueblo, cuando realmente lo son, se comunican permanentemente con él y éste necesita escucharlos, si bien no en todo momento, cuando sea realmente necesario, y cuando el líder le habla al pueblo no le debe mentir ni expresar incoherencias.

Jorge VI, otrora Rey de Inglaterra y padre de la actual reina, era tartamudo y no podía hablar en público, pero necesitaba hacerlo sobre todo cuando el pueblo de Inglaterra necesitaba escucharlo en la encrucijada de afirmarse ante la Alemania Nazi, durante la II Guerra Mundial. ¿Qué hizo? Bueno, aprendió a dominar su miedo y se sobrepuso a su limitación y el pueblo de Inglaterra lo escuchó firme. Este episodio puede verse en la película “El discurso del Rey”.

El silencio, para un líder, es como arena movediza, cada día que pase éste en silencio o cada vez que hable cometa errores o exprese incoherencias, se irá hundiendo más sin ni siquiera moverse, hasta desaparecer.

En esa arena movediza, luego de dos meses de gobierno, muchos de los peruanos, sin importar la razón por la que votaron por el actual presidente, ven su hundimiento; dudo que esos 8´836,380 peruanos que eligieron al actual presidente, siga siendo ese número, pero en ningún caso es el pueblo o la mayoría. Nunca lo fue.

Pero creo que lo más grave es que el actual gobierno se sabe minoría frente al pueblo del Perú con los 8’836,38 de peruanos que votaron por él, frente al universo de peruanos hábiles para votar (25´287,954) y frente al universo de peruanos que finalmente fueron a votar (18’856,802), y es por ello que se quiere valer del poder para imponer una convocatoria a una asamblea constituyente, desde la que se instaure una institucionalidad proclive a un gobierno de una minoría sobre la mayoría. En este caso los números no mienten.