martes, 30 de noviembre de 2021

Soledad

 


La conocí hace poco

y la leo hace tanto tiempo.

Mi soledad tiene ojos profundos de abismo y tiempo.

La escucho mientras un muro hace el eco

de unos recuerdos en piedra y alma.

La conocí hace poco

y la leo hace tanto tiempo.

 

Cuzco, 30 de noviembre de 2021

domingo, 28 de noviembre de 2021

Game Over

 


Me detengo un rato en mi camino.

En realidad, me pesan los recuerdos, buenos y malos.

Descubro, en esa pausa, que tengo más deudas que crédito,

pero el saldo de días que quedan, luego de hacer cuentas,

me dan cuenta que no podré pagar deudas, sobre todo si las hay impagables,

y que ya no podré tener más crédito, no hay que dar de garantía.

A mis años sólo queda vivir lo que resta, ya no hay sumas, solo restas.

Ahora me divido entre lo que fue y lo que apenas será, sin crédito y sin tiempo.

Al final seré uno, ante todo uno, indivisible y en mil pedazos.


Cuzco, 28 de noviembre de 2021.

 

 

 

martes, 2 de noviembre de 2021

Anotación, 3 de noviembre de 2021

 

“El hombre se ha tomado miles de años en elaborar el lenguaje para comunicarse, sin la comunicación toda acción es imposible; qué patético es que alguien que aspira a ejercer el poder guarde silencio. El silencio, en política, es como arena movediza.”

Anotación, 2 de noviembre de 2021

 “El poder siempre debe tener un propósito, si éste no está en la mente de quien lo tiene, no sabrá qué hacer con él; es irresponsable asumirlo sin propósito alguno, pues el poder se deslegitimará inevitablemente.”

martes, 12 de octubre de 2021

El pueblo


Fernando Murillo Flores


De un tiempo a esta parte y de manera constante se pronuncia la palabra pueblo para justificar algunas acciones políticas en su nombre o, cuando menos, para expresar que se toman o tomarán decisiones de gobierno en su nombre.

Una de las formas de comprender lo que significa pueblo, es tomando nota de lo que implica como conjunto. Así, el pueblo puede ser definido por el conjunto de personas que habitan en el territorio de un país, aunque también podría hacerse extensivo el concepto a aquellas personas que habiendo nacido en ese territorio no están en él por distintas razones, como actualmente sucede con los venezolanos y en el pasado más remoto con el pueblo judío hasta la fundación del Estado de Israel.

Al año 2020, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la población del Perú era de 32´625,948 de peruanos. Es decir, el pueblo del Perú, como conjunto, tiene esa cantidad de personas. Quien gobierne el país lo debería saber.

En las elecciones generales presidenciales del 2021, de acuerdo a la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), en esos comicios debían votar un total de 25´287,954 peruanos, como electores hábiles. Sin embargo, ello no fue así.

En la denominada “segunda vuelta” electoral, se elige al presidente del Perú entre los dos candidatos que en primera vuelta hayan obtenido el primero y segundo lugares. En la segunda vuelta electoral, este año, acudieron a votar 18´856,802 peruanos, esto significa que 6´431,152 peruanos no acudieron a votar.

De esos 18´856,802 de peruanos que acudieron a votar, 121,489 lo hicieron en blanco, lo que equivale a decir, que no expresaron voluntad alguna para efectos de la elección; 1´106,816 de peruanos, al votar, lo hicieron anulando su voto infringiendo las disposiciones para la emisión de un voto válido.

Lo anterior nos deja con un universo de 17´628,497 de peruanos que sí emitieron un voto válido, expresando su voluntad de votar por uno u otro candidato, arrojando el siguiente resultado, entre los candidatos presidenciales:

Pedro Castillo Terrones:     8´836,380

-       Keiko Fujimori Higuchi:       8´792,117

La diferencia de votos entre uno y otro candidato fue de 44,263; para tener una idea volumétrica de esa cantidad de peruanos, debemos decir que la capacidad del estadio nacional (Lima), es de 50,000 personas. Esa diferencia de personas cabe, de sobra, en dicho escenario deportivo.

¿Cuál es la razón de esta reseña numérica de las elecciones presidenciales de este año 2021?

Constantemente el presidente electo, las pocas veces que habla, generalmente en discursos o monólogos, invoca al pueblo como aquél que lo eligió y en nombre del que sus acciones de gobierno tendrían alguna razón de ser. Algunos de los congresistas del grupo parlamentario del partido de gobierno y el líder de éste, hacen alusión al pueblo como aquél al que no deben traicionar.

Un común denominador de esas alusiones al pueblo, va acompañada de la frase “la mayoría” o “las mayorías”. Veamos si ese “pueblo”, si esa “mayoría” o “mayorías” que tanto invoca el presidente en funciones y su partido es tal.

 

Población del Perú

32´625,948

100.00%

 

 

Electores hábiles

25´287,954

77.50%

100.00%

 

Peruanos que no votaron

6´431,152

19.71%

25.43%

 

Peruanos que votaron

18’856,802

57.79%

74.56%

100.00%

Votos blancos

121,489

0.37%

0.48%

0.64%

Votos nulos

1´106,816

3.39%

4.37%

5.86%

Votos a favor de Fujimori

8´792,117

26.94%

34.76%

46.62%

Votos a favor de Castillo

8´836,380

27.08%

34.94%

46.86%

 

De acuerdo a la Real Academia Española, el pueblo es el “Conjunto de personas de un lugar, región o país.” y, como ya lo mencionamos, el pueblo peruano al 2020 era de 32’625,948 habitantes (100%), de ese total de peruanos, el actual presidente fue electo por 8’836,380 peruanos (27.08%) y este porcentaje dista mucho del 50% del pueblo y no es una mayoría.

Del conjunto de peruanos que votaron, que fue 18’856,802 (100%), 8´836,380 peruanos (46.86%) votaron por elegir al presidente actual, lo que significa – debe tenerse en cuenta – que 10’020,422 peruanos (53.08%) no votaron por él, ya sea porque votaron por la candidata Fujimori Higuchi, no expresaron voluntad alguna o, al viciar el voto le mostraron su rechazo, conjuntamente que a la otra candidata o a los dos en general. Al igual que lo anterior, ese porcentaje (46.86%) que no es más del 50% del pueblo que acudió a votar y lo hizo por el presidente actual, está lejos de ser el pueblo y no es una mayoría.

En consecuencia, ya sea respecto al total del pueblo o respecto al total del pueblo que fue a votar, el número de peruanos que votaron por el presidente actual, no es más del 50% en cada caso. En ese sentido, ese porcentaje de los peruanos: 27.08% del 100% del pueblo y 46.86% del pueblo que fue a votar, no es el pueblo y no es la mayoría, en ningún caso.

Si un presidente invoca la palabra pueblo, sabiendo y estando consciente de lo explicado, debe saber que menos del 50% del pueblo, no es el pueblo y mucho menos la mayoría del pueblo. Es más, hablar así, implica ignorar al otro 50% del pueblo que no voto por él, vició su voto contra él, vició su voto en contra de él y la otra candidata o sencillamente rechazándolo todo, incluido a él.

Un presidente, que se supone es un hombre de Estado, toma decisiones para el pueblo en su conjunto, para el bienestar de todos los ciudadanos del Estado que gobierna. Si, por el contrario, se nombra ilusamente al pueblo o a las mayorías, para la toma de decisiones sólo en función de quienes votaron por él o pensando que ésas beneficiarán a quienes no votaron por él, terminará muy mal de cara al futuro. 

Que el actual presidente haya sido elegido por 8´836,380 votos, de un total de 18’856,802 de peruanos que fueron a votar, respecto a un total de 25´287,954 peruanos que debieron ir a votar, nos da una idea que ello tampoco respalda la intención de realizar una asamblea constituyente en nombre del pueblo, y demuestra además que no existe ningún momento constituyente.

Los líderes de un pueblo, cuando realmente lo son, se comunican permanentemente con él y éste necesita escucharlos, si bien no en todo momento, cuando sea realmente necesario, y cuando el líder le habla al pueblo no le debe mentir ni expresar incoherencias.

Jorge VI, otrora Rey de Inglaterra y padre de la actual reina, era tartamudo y no podía hablar en público, pero necesitaba hacerlo sobre todo cuando el pueblo de Inglaterra necesitaba escucharlo en la encrucijada de afirmarse ante la Alemania Nazi, durante la II Guerra Mundial. ¿Qué hizo? Bueno, aprendió a dominar su miedo y se sobrepuso a su limitación y el pueblo de Inglaterra lo escuchó firme. Este episodio puede verse en la película “El discurso del Rey”.

El silencio, para un líder, es como arena movediza, cada día que pase éste en silencio o cada vez que hable cometa errores o exprese incoherencias, se irá hundiendo más sin ni siquiera moverse, hasta desaparecer.

En esa arena movediza, luego de dos meses de gobierno, muchos de los peruanos, sin importar la razón por la que votaron por el actual presidente, ven su hundimiento; dudo que esos 8´836,380 peruanos que eligieron al actual presidente, siga siendo ese número, pero en ningún caso es el pueblo o la mayoría. Nunca lo fue.

Pero creo que lo más grave es que el actual gobierno se sabe minoría frente al pueblo del Perú con los 8’836,38 de peruanos que votaron por él, frente al universo de peruanos hábiles para votar (25´287,954) y frente al universo de peruanos que finalmente fueron a votar (18’856,802), y es por ello que se quiere valer del poder para imponer una convocatoria a una asamblea constituyente, desde la que se instaure una institucionalidad proclive a un gobierno de una minoría sobre la mayoría. En este caso los números no mienten.

sábado, 25 de abril de 2020

Desempolvando el globo terráqueo



Fernando Murillo Flores

Recuerdo que en la casa de mis suegros, cuando ellos aún vivían en el Cuzco, en la sala comedor, encima de un mueble de madera que diseñó y construyó mi suegro, el Ing. Víctor Manuel Chávez Gonzáles, fiel a su afición a la carpintería, había un globo terráqueo a escala, de esos que puedes sostener en tus manos y te muestra todo el mundo, sus polos, sus continentes y sus mares; en esa esfera se aprecia las latitudes y altitudes, puedes ubicar todos los países del mundo y con solo sostenerlo y girarlo puedes viajar imaginariamente por este mundo que, como una especie más, aloja a los humanos.

Con el índice podías seguir la ruta de Colón, de Magallanes, de Marco Polo, de los cruzados y de pronto las rutas que habrían seguido los primeros pobladores de nuestra America. Recuerdo al ingeniero, en muchas ocasiones, explicando a mis hijos las antípodas, los lugares en los que hubo un movimiento sísmico y otros temas mundanos; muchas veces lo vi desempolvar su globo terráqueo. Mis suegros se fueron a vivir a Lima, su globo terráqueo ahora está en mi oficina, siempre lo veo y admiro como Mafalda lo hace con el suyo, también lo desempolvo de cuando en cuando.

Franco, mi hijo, me envío un link: covidvisualizer.com, a través del whatsapp, al ingresar mediante el celular o la computadora, aparece en un fondo rojo y girando, un globo terráqueo mostrando todos los países del mundo y cuando uno hace clic en uno de ellos, automáticamente se abre un cuadro en el que se lee una cifras de terror: cuantos casos declarados de Covid 19 tiene el país y cuantos de sus ciudadanos ya murieron, la data que brinda ese sitio web se actualiza constantemente e incluso se aprecia el número total de personas infectadas y muertas a nivel mundial.

Duele hacer clic en ese globo terráqueo digital y saber que minuto a minuto están muriendo muchas personas de esa humanidad a la que pertenecemos. Hubiese querido contarle a mi hija Sofía lo que fue esta pandemia, como cuando se habla de las guerras mundiales, pero me tocó vivirla con ella; veo unas fotos y filmaciones de mi nieto Sergio Vincenzo en brazos de su padre y abuelo antes de la cuarentena, y duele que estemos viviendo con él este aislamiento necesario para vencer la pandemia y poder vernos joven él y anciano yo en el futuro. Duele ver a mi sobrina nieta Catalina sólo en una foto que pone su abuelo, mi primo Gabriel, en la pantalla cada vez que nos reunimos virtualmente vía Zoom, ella es la última de la fila en la familia Flores Ochoa, esa que fundaron Miguel Angel e Ildaura, pero a su vez primera en la fila, junto a mi nieto, en nuestros cuidados familiares, en nuestros sentimientos y pensamientos, ellos tienen que ser cuidados para preservarnos como familia. Espero que todos estén cuidando a sus familias, esto es ahora esencial, por no decir, vital.

Estoy consciente que la humanidad, desde que el primer homínido empezó a ser lo que somos actualmente, debido a su pensamiento, inteligencia y razón, se volvió la más temible de las especies que pueblan nuestro mundo; el hombre, con su sociedad, con su cultura, con su civilización estuvo destrozando el mundo, pinchando su propio bote: la tierra. Este Covid 19 nos pone sobre la mesa muchos temas sobre nuestra existencia, tal vez el primero sea que no somos los poderosos que creemos ser, pues estamos a merced de un enemigo invisible, silencioso y terriblemente letal.

Las epidemias siempre existieron y las vencimos, aunque muchas veces el costo en vidas fue tremendo hasta encontrar el tratamiento y la vacuna, estamos hablando del Ebola y el SARS; pero aquellas que sucedieron en la edad media como la peste bubónica o a principios del siglo pasado conocida como la fiebre española, nos dejaron un tratamiento antiguo y eficaz: el aislamiento. Este tratamiento lo hemos olvidado y ahora lo hemos desempolvado y, aunque muchos no crean en él y no lo practiquen, lo cierto del caso es que es el único cierto y eficaz, así como la protección con los barbijos, entre tanto alguien halle el tratamiento y la vacuna. Este aislamiento social será pauta de conducta en por lo menos un año.

Ahora el hombre tiene un avance notable en investigación científica para identificar cualquier microorganismo y estudiarlo al detalle, pero encontrar el tratamiento y la vacuna que nos inmunice tardarán en desarrollarse, sobre todo la última que tiene que someterse a un período largo de pruebas pues podría tener efectos colaterales o nocivos. La ciencia y la tecnología están haciendo su trabajo, tarde o temprano ganarán la guerra, entre tanto muchas batallas se están perdiendo.

Es increíble cómo el hombre con toda su inteligencia no está sabiendo sacar provecho de los conocimientos que por el momento tenemos respecto del virus, como el tiempo de vida que tiene en el ambiente y en superficies, de no convertimos en medios de su transmisión y que lo podemos incomunicar, que si nos lavamos constantemente las manos con agua y jabón le retiramos su cubierta a través de la que se implanta en nuestras células a las que ingresa por nuestros ojos, nariz y boca. Si eso es así, lo único que podemos hacer por el momento es no darle ventaja, es decir, no debemos constituirnos en el medio a través del que se vale para vivir, ingresando a nuestro organismo e ir contagiándonos entre nosotros.  
A esta fecha, desde el 6 de marzo pasado, cuando se declaró la existencia del primer caso en el Perú, los niveles de contagio ya hicieron colapsar nuestro sistema de salud pública, al no existir la suficiente capacidad instalada para atender aquellos pacientes que el virus deja en necesidad de una unidad de cuidados intensivos. Nuestro Estado y el gobierno hacen los esfuerzos necesarios, de seguro están cometiendo muchos errores, pues quién no los cometería ante algo sin precedentes; la población debiera hacer el esfuerzo para guardar el aislamiento requerido, y si acaso despliega alguna actividad ésta debiera ser inteligente para no ser presa fácil del virus, cumpliendo todas las recomendaciones que son tan eficaces como antiguas.

Este virus está dejando expuestos muchos problemas en nuestro país, la precariedad de nuestro sistema de salud; la existencia de un crecimiento poblacional sin control, ausencia de registros actualizados de la población, gran concentración de población en áreas sin servicios básicos y, sobre todo, un abandono del interior del país para generar oportunidades que mantengan a la población en sus lugares de origen, eso explica ese inmenso grupo de peruanos volviendo a sus lugares de origen, sin dejar de mencionar que necesitamos replantear la educación e instrucción de la población para que se respete la ley, sobre todo en épocas de crisis donde se necesita cumplirla a cabalidad para salir adelante.

Necesitamos mucho de un civismo y disciplina que no tenemos, si los tuviésemos podríamos, con todos los cuidados del caso, volver a nuestras actividades para desarrollar una coexistencia inteligente, sobre todo si conocemos al virus en lo elemental a través de lo que lo podemos exterminar. Pero, mientras no actuemos con inteligencia, seremos presa fácil de un virus letal.

Qué bueno sería poder desempolvar el mundo como lo hacía mi suegro, qué bueno sería que yo lo pudiese hacer, qué bueno sería que todos lo pudiésemos hacer; pero el Covid 19, jovencito él, mata sin discriminar, y hasta que alguien logre un tratamiento eficaz o desarrolle la vacuna que nos proteja, seguiremos muriendo, pues “la muerte de cualquier hombre me disminuye” – decía Donne – y seguiremos muriendo sin aprender la lección, pues la epidemias y pandemias siempre nos visitaron cíclicamente y lo único cierto contra ellas es el aislamiento, pero ni eso podemos hacer, sobre todo los ignorantes, necios, idiotas e imbéciles – no importa el orden –, razón por la que creo que estamos ante un enemigo que lo único que está haciendo es vivir viendo como nosotros nos matamos a notros mismos, como creo que siempre fue a lo largo de toda la historia de la humanidad.

Antes de terminar estas líneas no debo dejar de mencionar que muchos – que no faltan – encontrarán en la presencia del Covid 19 una brillante justificación para decir que muchas cosas las iban a empezar hacer y que muchas cosas no las pudieron terminar de hacer, cuando tuvieron todo el tiempo de hacerlo y terminarlo antes del 16 de marzo. Para esos muchos el Covid 19 es anillo al dedo.

Espero que este virus nos haga comprender que ante él la humanidad es una sola, que ante él las fronteras no tienen sentido, que combatirlo es igual que combatir el hambre y la miseria y que debiéramos afrontarlo como humanidad.

Acabo de hacer clic en el covidvisualizer.com mientras termino de escribir y revisar estas líneas, muchos murieron entre tanto, muchos hombres cayeron, casi quisiera decir cuando caiga uno, el último, por un segundo, Entonces todos los hombres de la tierra le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; incorporóse lentamente, abrazó al primer hombre; echóse a andar...”, pero eso sólo es la poesía de Vallejo.

lunes, 6 de abril de 2020

Nebulosa (2)



Fernando Murillo Flores

En el artículo anterior concluimos que San Martín al constituirse en Protector del Estado peruano se convirtió en un dictador del Perú, pues reunió en él, el poder político y militar para proteger la independencia de propios y extraños. También concluimos que a Bolivar el Estado peruano lo constituyó en dictador del Perú para consolidar su independencia y que gracias a ello lo logró. En uno y otro caso, dijimos, fueron dictadores en perspectiva romana. ¿Qué significa la dictadura en perspectiva romana?

Empecemos por la definición de dictadura de la Real Academia Española “En la Antigüedad romana, magistratura extraordinaria ejercida temporalmente con poderes excepcionales.”. Carl Schmitt, citado por Siles Vallejos, explica que “la dictadura es una sabia invención de la República Romana, el dictador un magistrado romano extraordinario, que fue introducido después de la expulsión de los reyes, para que en tiempos de peligro hubiera un imperium fuerte, que no estuviera obstaculizado, como el poder de los cónsules, por la colegialidad, por el derecho de veto de los tribunos y la apelación al pueblo” (Siles Vallejos. Abraham. “La dictadura en la República romana clásica como referente paradigmático del régimen de excepción constitucional” Lima, 2014. Derecho PUCP N° 73.P. 411).

Pero, ¿cuándo y por qué se instauraba una dictadura? Siles Vallejos puntualiza “Que el cargo tuviese carácter extraordinario, empero, no colocaba al dictador por fuera de la Constitución, la cual no podía ser desconocida por este. Antes bien, la dictadura era conformada con la exclusiva finalidad de preservar la República, su orden constitucional y sus instituciones de gobierno ordinario frente a un peligro grave.

Ahora podemos entender porque sostuvimos que tanto San Martín como Bolivar fueron dictadores, de lo que se trataba era de proteger a la nueva República, en cuanto al primero, y en cuanto al segundo, de consolidar su libertad. Sin duda, ser dictador imponía a quien así era instituido, una alta responsabilidad cívica para asumir dicho cargo dentro del cauce de la constitucionalidad y respeto a la república, sabiendo de antemano que el encargo era efímero, extraordinario y excepcional hasta que las razones por las que se instauró hayan sido vencidas.

Siles Vallejo, al respecto describe una historia: “De acuerdo con la tradición, Lucio Quincio Cincinato fue un patricio romano dedicado al trabajo agrícola en su pequeña finca situada en la cercanía de la ciudad, al otro lado del río Tíber. Fue hecho dictador en el año 458 a.C., con la misión de salvar a Roma, cuyo ejército, comandado por uno de los cónsules, se hallaba sitiado por las fuerzas enemigas en una localidad vecina. Cincinato, quien se encontraba trabajando con el arado cuando recibió a la delegación que le traía el nombramiento, cambió las herramientas de labranza por las armas, formó un ejército y, en el transcurso de pocos días, derrotó al invasor. Apenas dos semanas después de su elevación a la más alta magistratura del Estado, conseguido el objetivo primordial de salvar a la República del grave peligro que representaban las armas enemigas, Cincinato renunció a su investidura dictatorial y retornó a sus labores campestres como simple agricultor. En consecuencia, Lucio Quincio Cincinato es considerado, con toda justicia, un ejemplo insigne de ciudadano virtuoso, dotado de la sobriedad y la grandeza de alma de quien, pese a vivir en condiciones modestas, es capaz de renunciar a los fastos del poder tras obtener un brillante éxito militar y político. Evidentemente, su rectitud y su nobleza de corazón lo acreditan como un modelo perdurable de lo mejor de las virtudes ciudadanas en la Roma republicana.

No hablemos más de historia, sólo resta decir que esa institución ha mutado hasta nuestros días, reencarnándose constitucionalmente en dos instituciones actualmente establecidas en nuestra Constitución de 1993 y que anteriormente también las estableció su antecesora: el estado de sitio y el estado de emergencia, el primero vinculado a amenazas externas al Estado y el segundo a amenazas internas, como la que estamos viviendo actualmente con el Covid19, y las que tuvimos que sufrir con el terrorismo de los años 80 y principios de los 90.

Existen, para todo Estado, aunque ahora para muchos estados, encrucijadas que deben afrontarse con firmeza y bajo una sola dirección; en el caso del Perú, ante la inminencia de la llegada del Covid19 y la declaración de su presencia un 6 de marzo de 2020, el gobierno decretó el Estado de Emergencia del 15 al 30 de marzo de 2020 (D.S. N° 044-2020-PCM). A partir de ese momento la batuta para enfrentar la emergencia estaría en manos exclusivas del Poder Ejecutivo, en el marco de una institución establecida en la Constitución. A ese momento el Poder Legislativo aún no se había instalado, luego de la disolución del mismo el año pasado lo cual, aunque existe discrepancias al respecto, también fue un procedimiento de cauce constitucional.

Al día siguiente de la declaratoria de emergencia, los congresistas electos se convocaron para juramentar e incorporarse al Congreso de la República; un jueves 19 de marzo – ya en medio de la declaratoria de emergencia y vigente el aislamiento social – el Congreso eligió a su junta directiva. Así, el nuevo Congreso entraría en la escena política nacional, en medio de una declaratoria de emergencia y una crisis que pone a prueba nuestro sistema de salud pública.

Consecuente con la declaratoria de emergencia y de las limitaciones del Congreso para el debate de disposiciones legales técnicas ante la crisis de nuestro sistema de salud, y las decisiones sobre economía, educación, trabajo, orden interno, etc., se atendió el pedido de delegación de la falcultad legislativa mediante la Ley N° 31011 y, sin perjuicio de ello el Poder Ejecutivo continúa emitiendo decretos de urgencia.

Todo lo descrito no es sino el cumplimiento de nuestro orden constitucional en tiempos de crisis, que permite entregar, para conjurar el peligro que representa para la población del Estado peruano, el poder de dirección totalmente en el Poder Ejecutivo. En esa perspectiva, nuestra la Constitución viene cumpliendo su rol y cuando todo vuelva a la normalidad, aunque no del todo pero sí respecto a lo de urgente atención, esperemos siga siendo cumplida.

Es lamentable, eso sí, que sea un sector de la población quien no cumpla las disposiciones del gobierno en tiempos de emergencia, eso es sencillamente falta de civismo, es la ausencia de educación cívica a la que sin duda deberemos prestarle más atención. Es lamentable ver como una madre, con una menor de la mano, ante miembros de la policía exprese que el virus es una mentira y que si Dios quiere le dará el virus. Lamentable porque esa niña que se supone es su hija replicará esa conducta cuando sea mayor y sustituirá a Dios en su propia decisión cívica de cumplir la ley. En fin.   

Siempre se recomienda no tomar decisiones cuando uno está alegre, triste, enojado o muy alterado por uno y otro motivo, pues la decisión podría ser negativa por esas emociones. Por eso consideramos que la ley del Congreso sobre el retiro de los fondos de las AFP, sin calificarla en sí, es una decisión que no debió tomarse en un momento en el que el Perú, todo, sin excepción está alterado. Esto sin duda generará que el Poder Ejecutivo evalúe no promulgar la ley del Congreso, retornado en el Congreso la facultad de promulgarla – como lo hizo con la ley de protección policial – y recaiga en él toda la responsabilidad de una decisión política de gravitación (no sé si positiva o negativa) económica para nuestro país. Pero aun así todo estará dentro del cauce constitucional, una vez más.

Creo que existe un consenso nacional en que el Poder Ejecutivo está afrontando ésta crisis como corresponde y a la altura de las circunstancias, de seguro con varios errores propios de un aparato administrativo enredado y lento que afecta la oportunidad de las decisiones e incluso la legalidad de las mismas, precisamente por lo complicada de nuestra legislación.
De seguro lo anterior genera en muchos sectores políticos, una suerte de celo en lo favorable que puede resultar políticamente al Presidente de la República, la forma cómo está afrontando una crisis sin precedentes no sólo para el país, sino para la humanidad entera, pero ello no debe llegar al extremo de burlarse al extremo de desear que todo el gabinete ministerial se contagie con el Covid19. Eso es inaceptable.

Actualmente nuestra economía, tal como se la conceptualiza, está seriamente dañada y tardará mucho tiempo en recuperarse; las fuentes de empleo están golpeadas al extremo que tendrán que tomarse decisiones serias para sobrevivir como tales. Los centros de trabajo, públicos o privados, tendrán que echar mano muy imaginativa para la dirección y organización del trabajo. Nuestras relaciones personales, sociales y laborales cambiarán radicalmente pues el Covid 19, en tanto no exista una cura o vacuna estará allí a nuestro acecho, pero deberemos asumir el riesgo si deseamos seguir viviendo hacia la normalidad.

Debemos estar atentos, eso sí, a aquellas decisiones sobre nuestra libertad, en todo el sentido de la palabra, para que el mercado y la economía vuelvan al cauce normal en lo posible, sin distorsiones de ningún tipo. El gobierno, al mando del Poder Ejecutivo, antes de la crisis y posterior a ella, tiene limitaciones, y una de ellas es no tomar nota que no toda decisión que tome, basado en la crisis, sea la que de ahora en adelante nos convenga. Es por ello que requerimos de buena información, de toda nuestra capacidad de análisis y de iniciativa para salir adelante, pues a los gobiernos – en general – les puede ser tentador decidir por nosotros más allá de la crisis, y es allí que el pleno poder conferido por una situación de emergencia, sea retornado plenamente al orden constitucional de inmediato, para que todos juntos decidamos salir adelante y ojalá para ser mejores de lo que fuimos antes del 15 de marzo de 2020, como sociedad.

El futuro de nuestro país, actualmente y como en muchas ocasiones en nuestra vida republicana, está en medio de una nebulosa.