sábado, 17 de enero de 2009

El rey calato

Sentarse con un niño o una niña de cuatro años, que aún no conoce, por ejemplo, qué es quemarse, o un imán o un cuento, es una experiencia apasionante; yo he tenido, por triplicado esa experiencia, es decir, tengo tres hijos que fueron conociendo, ante mi asombro, hechos o cosas de la vida. En esta navidad, Sofía, mi hija de cuatro años, ha conocido lo que es quemarse y lo aprendió, nada más ni nada menos, que con una luz de bengala que acaba de apagarse y que me la quiso pasar para jugar con otra frente al nacimiento; ha conocido también los fuegos artificiales que Franco, su hermano mayor y con mi ayuda, prendió en la noche buena y en la de año nuevo, a esa experiencia Sofía le llamó “espectáculo”; ahora que ve en la plaza de San Sebastián un castillo pirotécnico le dice “espectáculo”.

El “Traje nuevo del Emperador” es un cuento clásico de Hans Christian Andersen que la pequeña Sofía, mi hija de cuatro años de edad, lo ha rebautizado, muy a la peruana y desde su perspectiva infantil como “El rey calato”.

Si bien el cuento hace alusión – en su título – al traje nuevo del emperador eso es una inexactitud, pues en el cuento el traje no existe, y que el Rey haya salido a la calle fingiendo vestir un nuevo e imponente traje que, además de él, sus acólitos afirman existe, no hacía sino dejar al rey tal y como vino al mundo en medio de la calle y del gentío que se había congregado para verlo pasar.
En el cuento llegan dos bribones al pueblo haciendo creer que son confeccionistas de trajes y que los que hacen son invisibles a los tontos e incompetentes, entonces, nadie se atrevió a decir que no veían los trajes que confeccionaban, pues temían ser tomados por tontos o incompetentes. Esa noticia le llegó al rey y éste, mediante uno de sus súbditos, contrató a los confeccionistas para que le hicieran un traje por el que pagó un buen dinero. El rey era muy vanidoso y gustaba de vestir bien y lucir trajes nuevos cada día. Los bribones empezaron a hacer el traje y los emisarios del rey le aseguraban que habían visto el avance de la confección y que el traje sería maravilloso, en realidad lo decían, pese a no ver visto nada, para evitar ser llamados tontos o incompetentes. El rey que andaba muy preocupado por el traje envió a uno de sus altos funcionarios para verificar la obra y éste también le aseguró haber visto el traje, por el mismo temor a ser considerado tonto o incompetente. Cuando por fin el rey acudió donde los bribones y se probó el traje, todos los cortesanos que lo acompañaban afirmaban ver el traje, pese a que el rey no llevaba puesto nada, por temor a ser considerados tontos o incompetentes; el mismo rey, pese a no ver nada en su cuerpo, afirmaba estar llevando un traje hermoso y esto lo hacía para que no lo tomen por tonto o incompetente.
Finalmente, cuando el rey sale, rodeado de su corte, a la calle, vistiendo el inexistente traje, todo el pueblo se persuade que el rey llevaba un traje hermoso por el mismo temor de ser considerados tontos o incompetentes, hasta que un niño levanta la voz para decir que el rey no llevaba puesto nada y es cuando el padre de ese niño exclama que se escuche la voz de la inocencia y que se vea que el rey estaba sin vestido alguno y así aparece el rey en el cuento que Sofía lee en la computadora y en su librito guía.
Sofía tenía razón, pues estuvo entre ese gentío y en mis brazos cuando leímos el cuento y pudo ver que el Rey no tenía ropa ¡estaba calato!. Para Sofía, quien no tiene ropa, no es que tenga un traje invisible a los ojos de los comunes, sino que únicamente está calato y punto, pero en el cuento, a raíz de la expresión inocente de un niño se ve que el rey no tenía puesto nada en su cuerpo.
Para el niño del cuento el rey no tenía lo que todos decían que tenía puesto y así todos pudieron decir, sin temor a ser tomados por tontos o incompetentes, que el traje no existía; pero para Sofía, desde otra perspectiva, ese no era el punto, es decir, que el traje que todos por temor decían que existía no existía, sino que el rey estaba sencilla y francamente calato.
Estas dos perspectivas no son las mismas, me explico, si llegamos a la conclusión de afirmar que el traje que todos decían – aunque por temor – que el rey llevaba puesto no existe, estamos dejando de lado el temor de seguir con una falsa verdad; en cambio si decimos – como Sofía – el rey está calato, lo que en realidad estamos haciendo es decirle al rey su realidad y la verdad sobre él y no sobre lo que todo el mundo dice que tiene. Una cosa es decirle al rey no tienes ropa puesta y otra muy distinta es decirle “oye, rey estas calato”.
Hay una forma de gobernar que requiere rodearse de personas sumisas al gobernante, personas que sin ninguna capacidad de resistencia se limitan a cumplir a pie juntillas lo que diga el jefe o informarle sólo aquello que le sea grato al oído. Somos también proclives a presumir saber aquello que realmente ignoramos o que no conocemos al detalle, pero pese a ello nos mostramos como que lo sabemos, todo con el afán de evitar que nos crean tontos o incompetentes.
Cuánto es que hemos olvidado ser como el niño del cuento que no tiene el temor social de ser tomado por tonto o el temor profesional de ser llamado incompetente, sino que sin fingir dice la verdad desde la perspectiva de la inocencia, desde la ausencia de prejuicios o apariencias. El rey no tiene ropa.
Pero a través de ese cuento y desde la perspectiva de Sofía he aprendido, no la sinceridad de la inocencia que por tenerla a sus cuatro años Sofía la ejerce sin ningún reparo – que envidia –, sino a decir que, quien no tiene lo que dice tener o que dicen que tiene, o quien ostenta lo que no es, pese a que todos dicen que es, en realidad está calato física y espiritualmente.
Gracias Sofía por haberme hecho entender el cuento el “Traje nuevo del emperador” de Hans Christian Andersen e incluso a analizar que el nombre no refleja el verdadero sentido del cuento: una cosa es decir que el rey no tiene nada de lo que dicen que tenía puesto y, otra es saber que el rey está calato y decírselo sin reparo alguno.
Es tiempo de ser lo suficientemente inocentes para aprender – como los niños – aún las cosas que no sabemos y que el adulto pesado que llevamos dentro nos hace presumir saber; es tiempo de tener el valor de la sinceridad de la inocencia de los niños para expresarnos sin eufemismos, llamando al pan, pan y, al vino, vino; ya no hay más tiempo para decir que trabajamos cuando en realidad no lo hacemos con el rigor que debiéramos hacerlo; ya no es tiempo de atribuirle alguna cualidad a algo o a alguien cuando en realidad no la tiene. No creo que sea tiempo de entregar en concesión nuestra inocencia e hipotecar nuestra capacidad de indignación.
Hans Christian Andersen, acepta mis disculpas en nombre de Sofía, pero tu cuento pudo haberse llamado, de mejor manera y a la europea, “El rey desnudo” en lugar de “El traje nuevo del emperador” y porque para otro niño – como Sofía –, en mis brazos, lo renombró como “El rey calato”, así de simple.

domingo, 11 de enero de 2009

Eso en tu frente

El otro día de lluvia estuve sentado sobre la cama junto a Sofía, mi hija de cuatro años, ella miraba en la televisión su video de dibujos animados y yo, en la computadora, vía internet, una entrevista a Fernando Savater[1]. De pronto Sofía me señaló la frente de Savater en la pantalla de la computadora y me dijo, “mira papá él también tiene eso en su frente al igual que tú” cuando aún no entendía lo que quería decir, a la par de sus palabras el dedo índice de la mano derecha de Sofía estaba ya en mi frente señalando esas líneas que se delinean en nuestra frente y que te acompañan hasta cuando mueres y que comúnmente se conocen como arrugas.
Lo que siguió fue, de seguro, una pregunta que Sofía fue elaborando en base a la observación de mi frente en todos aquellos actos cotidianos que hacemos juntos: ¿por qué tienes eso en la frente?, esa además es una de la mil y una preguntas que me viene haciendo y que me hará Sofía durante mis mil y una noches y para responderlas más me vale estar bien despierto, porque con los hijos es como eso de manejar un auto, uno pestañea y zas... me estrello. Estoy convencido que Sofía forma parte de ese ejército de enanos de los que nos canta Silvio Rodríguez, evocando su niñez “Cuando yo era chiquito todo quedaba cerca cerquita, para llegar al cielo nomás bastaba una subidita. El sueño me alcanzaba para ir tan lejos como quería, cuando yo era chiquito yo si podía.” o de aquellos locos bajitos a los que canta Joan Manuel Serrat, refiriéndose a sus hijos “Esos locos bajitos que se incorporan con los ojos abiertos de par en par, sin respeto al horario ni a las costumbres y a los que, por su bien, (dicen) que hay que domesticar.”
Bueno, eso que ves en mi frente, Sofía, en efecto son arrugas que la genética puso en mí sin pedir mi opinión y que conforme voy por este mundo, si te das cuenta se van acentuando y cuando me asombro o cuando me enojo y si acaso no te has dado cuenta aún, se disipan cuando estoy tranquilo, alegre o durmiendo. No voy a negar que, de acuerdo a algunas fotos que guardamos tu mamá y yo, esas arrugas existían antes que aparezcan por este mundo tus hermanos, es decir, las tuve ya a los quince o dieciséis años y con toda seguridad a los veinte. Lo que si he notado es que esas arrugas se han ido acentuando así como un subrayado de los pensamientos que a lo largo de mi existencia he ido elaborando sobre la vida.
Pero lo que sí debo decirte, Sofía, es que esas arrugas son como una suerte de capa geológica que da testimonio de muchos detalles de cada una de las épocas por las que nuestro planeta ha transitado; sí estoy consciente que muchas de esas arrugas en mi frente van con los momentos vividos por tu padre, cuando nacieron tus hermanos, por ejemplo, me asombré tanto que acentúe mis arrugas, pero, sumados esos dos asombros no son nada con el que tuve cuando tú naciste y te vi salir del vientre de tu madre; ahora sabes que la acentuación de mis arrugas por las que a veces haces correr tu dedo índice derecho se las debo a tus hermanos y a ti.
Pero algunas veces también, cuando tu madre y yo empezamos a caminar juntos, había muchas preocupaciones, muchas incertidumbres, muchos enojos y pensamientos pesimistas que fueron haciendo aquello por lo que ahora preguntas; pero también he notado que las arrugas en mi frente se marcan aún más cuando sonrío y te veo haciendo alguna travesura.
Alguna vez fui niño, Sofía, como un enano o un loco bajito, de los que cantan Silvio y Joan Manuel, en ese momento mi frente no tenía ninguna arruga, te lo aseguro, todo fue felicidad y alegría y el hecho de ser niño muchas veces contrarrestó la posibilidad de arrugar la frente; cuando vas creciendo, cuando los problemas empiezan a ser tuyos y el niño que tenemos dentro no es más que un recuerdo, los asombros, los enojos y las frustraciones, muchas veces, van calando nuestra frente, que considero es un reflejo del espíritu que llevamos dentro.
Así como a tus cuatro años ya notaste las arrugas de tu padre, con el tiempo irás también notando su vejez y en algunas ocasiones serás la causa no sólo de algunas más, sino también de esas canas que la gente dice que van saliendo conforme salen también los problemas. No sé si lo que me des sean precisamente problemas, pero de seguro sí preocupaciones; el encargo que Dios me ha dado de cuidarte y hacer que seas una mujer de bien, es una misión de la que espero salir bien, aunque de seguro con muchas arrugas de las que tendré que dar cuenta al final de mi vida.
A tus cuatro años, Sofía, tu frente es ajena a cualquier arruga, espero que la genética no haya hecho bosquejos de ellas y que los asombros y enojos que tengas en la vida no calen tanto como para hacer los surcos que yo tengo en la frente. No sé aún que caminos tendrás que andar, pero por donde vayas no te olvides de ir dejando, como Hansel y Gretel, esas miguitas para marcar el retorno en el camino aunque sepas que los pájaros se las coman; pero de todos modos recordarás mis arrugas, muchas de ellas las habrás visto luego de aquellas conversaciones que tendremos en esta vida, sobre lo que estudiarás, sobre tu trabajo, tus preocupaciones y, de seguro, cada respuesta mía o conclusión se habrá reflejado en aquellos surcos que ahora ayuda a delinear tu dedo índice y que con algún asombro observas.Pero eso, Sofía, como dice Serrat, con relación a los hijos que “Nada ni nadie puede impedir que sufran, que las agujas avancen en el reloj, que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan y que un día nos digan adiós.”
[1] Filósofo español contemporáneo.

domingo, 30 de noviembre de 2008

La cereza del pastel


Ante una mesa servida en la que hay varios pasteles, todos sabrosos a juzgar por su apariencia, solemos poner los ojos ante lo más colorido, ante lo más brilloso y que casi siempre es delicioso; no es extraño que un niño pregunte tímidamente ¿qué es eso? señalando con su dedito ese frutito rojo intenso que, generalmente, todo coqueto está echadito de costado con su ramita marrón y casi siempre en un lecho de blanca crema chantilly, entonces, alguien con más experiencia le dice al niño esa es la “cereza del pastel”.

En una Corte Superior de Justicia, como la del Cusco, ser su Presidente despierta el interés de quienes, siendo sus vocales superiores, pueden aspirar legítimamente a ocupar ese importante cargo; la Presidencia de la Corte es, entonces, un motivo por el que muchos vocales superiores se sienten motivados a actuar para ser elegidos entre sus pares; dicho cargo implica el ejercicio de una responsabilidad directiva de administración y de representación institucional que pinta bien en toda hoja de vida; que para ejercerla quien lo logre queda suspendido, por dos años, del ejercicio de la función jurisdiccional, lo que implica estar alejado de la exposición a las quejas de los usuarios del servicio de justicia; el cargo también implica percibir, mientras se ejerza, una remuneración adicional a la que normal y regularmente recibe un Vocal Superior.

Una Corte de Justicia tiene tres grupos de personas, uno jurisdiccional, uno auxiliar jurisdiccional y otro administrativo. La selección e incorporación del primero no es responsabilidad de un Presidente de Corte y, considerando que una de las garantías de la función jurisdiccional que ejerce, es la independencia, no le permite ingerencia alguna sobre su trabajo, pues incluso cualquier falta de conducta funcional tiene su propio sistema de investigación y sanción; la administración del denominado personal auxiliar jurisdiccional sí es de su responsabilidad, pues le corresponde asignarlo a quien lo requiera y donde se requiera, este es el grupo de personal sobre el que un Presidente de Corte ejerce el poder que tiene; no está demás mencionar que también lo ejerce sobre su personal administrativo aunque con facultades limitadas, decimos limitadas en razón que, por ejemplo, no los puede despedir directamente.

El éxito o el fracaso de la responsabilidad de impartir justicia, reposa única y exclusivamente en la gestión del despacho judicial de parte de los jueces de paz letrados, de los jueces especializados o mixtos y de los vocales superiores; si acaso un Presidente de Corte desease ser parte de ese éxito debe preocuparse única y exclusivamente en las personas que se agrupan como auxiliares de justicia, como son los asistentes, secretarios, especialistas y técnicos, es decir, en aquellos que trabajan cuidando la validez del proceso, que es el instrumento con el que un juez decide el conflicto mediante una decisión justa que se refleja en la paz que se merece una comunidad.

La dotación de infraestructura informática al personal jurisdiccional y al auxiliar jurisdiccional, que es parte de la modernización del Poder Judicial, debe estar complementada por lograr que las personas que operen dicha infraestructura lo hagan de la manera más óptima. No admitir esto implicaría cifrar las esperanzas de la buena impartición de justicia en una infraestructura inerte, sin la comprensión que una Corte Superior de Justicia es una entidad compuesta e integrada de personas, cuya misión – espero se entienda – es la solución de problemas judiciales de otras personas. Entonces, si las personas que componen e integran una Corte Superior de Justicia no son atendidas, como clientes internos en los motivos que tengan para actuar, quien los dirija o, como gusta decir por allí, los administre o mande, no habrá logrado nada. Las personas que trabajan para una Corte Superior de Justicia o para cualquier otro empleador, tienen tres clases de necesidades: a) materiales, b) cognoscitivas y, c) afectivas. La primera se satisface, por ejemplo, con la remuneración que le permite atender sus necesidades corporales (alimentación, salud y vestido); la segunda con el conocimiento que una persona obtiene y que le permite cambiar la realidad y, la última sabiéndose querido como trabajador.

La primera necesidad no la puede satisfacer un Presidente de Corte y por ello, además, no debe ser juzgado en su gestión; la segunda necesidad sí puede ser satisfecha por el empleador, lo importante es definir cuál o cuáles son las necesidades cognoscitivas y convertirla en una práctica constante, para así brindarlas en la justa medida y, la tercera se traduce, principalmente en ser justo con el personal. Si damos lo segundo y lo tercero podremos pedir a las personas que trabajan para la Corte Superior, iniciativa, creatividad, ideas y lealtad e identificación, respectivamente.

Pero lo más difícil en el gobierno y dirección de personas es demostrar a estas que la entidad para la que trabajan son motivos que valen la pena lograr, para así motivar a las personas en efecto los logren, siendo lo más importante hacer realidad que las necesidades cognoscitivas, una vez logradas, tienen resultados intrínsecos y que la satisfacción de las necesidades afectivas logran resultados trascendentes. Si graficamos esto en un Secretario Judicial en materia civil, por ejemplo, tendríamos que decir que sus necesidades materiales le son satisfechas con la remuneración que se le paga; que sus necesidades cognoscitivas están satisfechas con la capacitación constante que obtiene de la que le brinda el empleador para que él sienta que el proceso a su cargo lo maneja de mejor manera, exento de todo atraso o vicio de nulidad imputable a él, lo que a final de cuentas, y sería lo ideal, produzca iniciativas y creatividad; y, por último, hacerlo partícipe, para así satisfacer su necesidad afectiva, de que su acción es trascendente por haber colaborado a solucionar un problema judicial con un alto grado de confiabilidad.

Entonces, un directivo (Presidente de Corte) debe ser un estratega, un ejecutivo y un líder. Será más lo primero si sólo se preocupa de lograr eficacia o resultados a cambio de una remuneración; será mas lo segundo si sólo se preocupa por utilizar a las personas que gobierna sólo en función de su capacidad; en cambio será más líder si se preocupa, además de lo anterior y con más énfasis en las necesidades cognoscitivas y afectivas, para así lograr hacer a la entidad más atractiva y unida, lo que es igual decir, más competitiva.

¿Quién será el próximo Presidente de la Corte Superior de Justicia de Cusco?, quien lo sea espero que esté a la altura de la responsabilidad, que sea alguien que haya dicho a sus electores cuál es su motivación, qué es lo que hará en el cargo y que en verdad se merezca la cereza del pastel, aunque esta más parezca la manzana de la discordia y que tal vez, ahora que lo pienso, estas líneas debieron haberse llamado así, “la manzana de la discordia”, pero eso es mitología y no estoy con el ánimo de importunar a los dioses recordándoles que la lucha por ese fruto dejó muertos y heridos en la eternidad del tiempo de los hombres.

sábado, 8 de noviembre de 2008

!YO TENGO UN SUEÑO¡


Todo hombre tiene sueños o un sueño en particular; muchos serán aquellos que consigan hacerlos realidad y serán reconocidos como hombres felices siempre que su sueño haya sido digno de llamarse bueno. A nadie se le condenará por no haber concretizado un sueño, lo que sí será reprochable es que no haya intentado conseguirlo.

Gandhi, luego de abandonar su futuro como abogado, se dedicó a conocer su país, la India, para darse cuenta de cuáles eran sus fortalezas y aquellas debilidades que permitieron que Inglaterra la mantenga en el colonialismo mercantilista, sometiéndola económicamente hasta anular su identidad; finalmente Gandhi logró mostrar a su pueblo sus fortalezas basadas en su identidad logrando, por ejemplo que los hindúes elaboren su propia ropa para lo que él mismo, premunido de una rueca actual símbolo en la bandera de la India, haga el hilo con el que se hacían las telas que vestía. Así, toda la India dejó de comprar la ropa inglesa e incluso quemó la que existía, de esta manera la inversión colonial de venta de tela inglesa no tuvo futuro. Luego de ello Gandhi realizó varias acciones, basadas en la no violencia, colectiva hasta obtener la independencia de la India que finalmente llegó el 15 de agosto de 1947. Pero lo que no pudo lograr Gandhi fue hacer que la India conviva, en libertad, con lo que actualmente es Pakistán, que era su sueño; lograda la libertad de la India y creada Pakistán, Gandhi fue muerto por un miembro de una secta India por muchas de las concesiones que hizo, en el proceso de independencia, hacia Pakistán. Pero lo cierto es que Gandhi vio a la India libre y logró hacerla libre, ese es un premio que el destino le había deparado, ver su sueño, será por ello que al recibir tres disparos de bala en el pecho que lo hirieron mortalmente, logró decir Rama, Rama, Rama. Esta misma fortuna la ha tenido Nelson Mandela cuando en 1994 fue presidente de su país, liberando de la segregación a los hombres negros que lo habitaban.

Martín Luther King, un líder de raza negra del siglo pasado, no vio su sueño hecho realidad, pero la grandeza de él fue que gritó su sueño, motivó a otros a que persistan en el camino hasta materializarlo, hasta hacerlo realidad; su grandeza radicó en lanzar su deseo al tiempo y al espacio para ser una estrella guía, como aquella que vieron los reyes magos hacia el pesebre donde había nacido la verdad y la palabra. Luther King dio su vida como el gran paso en la realización de un sueño trascendente.

El 28 de agosto de 1963, es decir, hace 48 años ya, Luther King pronunció un discurso que puso en evidencia que la declaración de independencia de los Estados Unidos de Norteamérica de 1776 aún no se había cumplido; esa declaración de independencia reza “Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres han sido creados iguales”, es decir, luego de 187 años de lograda la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, de 98 años desde que Lincon emancipara a los negros, en ese país seguía discriminando a los negros que, aunque libres, aún no tenían el pleno ejercicio de aquellos derechos de los que son titulares quienes somos “creados iguales”, los hombres de raza negra, al año que murió Luther King, seguían sin poder entrar a restaurantes para blancos; seguían sin poder ingresar a una universidad y utilizando baños públicos para negros.

En ese escenario es que Luther King tuvo su sueño y lo compartió lanzándolo al espacio y al tiempo, él dijo “Tengo un sueño: que un día sobre las colinas rojas de Georgia los hijos de quienes fueron esclavos y los hijos de quienes fueron propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la fraternidad (...) Tengo un sueño: que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación en la que no serán juzgados por el color de su piel sino por su reputación (...) Tengo un sueño: que un día allá abajo en Alabama, con sus racistas despiadados, con su gobernador que tiene los labios goteando con las palabras de interposición y anulación, que un día, justo allí en Alabama niños negros y niñas negras podrán darse la mano con niños blancos y niñas blancas, como hermanas y hermanos”

Hemos seguido de cerca, gracias al internet y la televisión, la carrera de Barack Obama a la casa blanca, hemos escuchado el 4 de noviembre el discurso luego de su elección como presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Siempre un gobierno demócrata es bien recibido por países como el nuestro, aunque es cierto que ese país, como tal, nunca claudica en la defensa de sus intereses y endurece sus posiciones a nivel internacional, tal como está actualmente en medio oriente. La agenda de Obama es extensa en el plano internacional, pero en el ámbito más cercano al nuestro, Cuba sigue siendo un tema pendiente desde el gobierno demócrata de John F. Kennedy y tal vez haya llegado la hora de sincerar el tema; Venezuela será para Obama la oportunidad de hacerla como Cuba o de tratarla como a un país digno, aunque su gobierno deje mucho que desear, sin endurecer posiciones que muy bien pueden canalizarse para no crearse un frente innecesario.

Los Estados Unidos de Norteamérica le tiene, hoy en día, una deuda de confianza al mundo; el sistema capitalista del que es su abanderado y en función de la que articula sus relaciones con otros países y sectores privados de los mismos, ha sido instrumentalizado por las élites corruptas de dueños y directivos de empresas, creando créditos sin respaldo negociados a diestra y siniestra con la complicidad de quienes lo sabían y no dijeron nada, a cambio de ventajas económicas personales e individualistas que ahora todos debemos pagar; esa farsa es made in USA y por tanto de calidad, y como tal debe ser tratada.

Pero al margen de esta agenda y de estas esperanzas en un gobierno demócrata, liderado por quien ojala materialice el cambio que sustentó su campaña, el 4 de noviembre en Chicago, ante unas 70 mil personas, luego del discurso Barack Obama, ingresó su familia al estrado, así también ingresó su ya Vicepresidente Joe Biden y, junto a sus hijas, aparecieron otros niños blancos; en ese momento supe que el sueño de Luther King era realidad ”Tengo un sueño: que un día allá abajo (…) un día, justo allí (…) niños negros y niñas negras podrán darse la mano con niños blancos y niñas blancas, como hermanas y hermanos”.

El 20 de enero de 2009 la mano de un hombre negro se posará sobre la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica, ese día Barack Obama, ante la expectativa del mundo, jurará el cargo de Presidente del país de la Constitución escrita más antigua del mundo, tal y conforme lo hizo George Washington, ese día y en ese momento el sueño de Luther King se habrá concretizado; descansa en paz Reverendo Martín Luther King, a los cuarenta años de haber sido muerto en Memphis, el muchacho ya está en la montaña.



jueves, 16 de octubre de 2008

AZOOSPERMIA


Existe una característica típica en el hombre y es su imperfección, quien es consciente de ello reconoce que es perfectible y allí radica su mayor fortaleza, lo que además implica asumir la condición humana; el día viernes 10 de octubre de 2008, en una sala de exposición del Convento de Santo Domingo, se inauguró la muestra de las creaturas artísticas de Jorge Flores Nájar llamada por él mismo y en persona, nada más ni nada menos “Azoospermia”.

La azoospermia es, para no complicarnos mucho, la “carencia considerable de espermatozoides” según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Jorge Flores Nájar ha dicho, en sus palabras al inaugurar su muestra, que el nombre que le puso implica reconocer que aún, artísticamente, es estéril y él tiene, al igual de quienes lo queremos, la esperanza de que pronto le venga la fertilidad plena para el goce del artista, lo que equivale a decir, cosa que esperamos, que las musas lo visiten y se instalen en su espíritu en una orgía creadora. Así, la azoospermia habrá sido, en Jorge Flores Nájar un buen comienzo, un recuerdo de la génesis, de la nada a la plenitud exitosa.

Yo conocí a Jorge Flores Nájar desde bebé, miento, lo vi aún desde cuando abultaba el vientre de su madre, mi tía Yemira, y lo recuerdo aún medio viscoso en su cuna de recién nacido, recuerdo también haber ayudado en alguna ocasión a mi primo hermano Miguelito, que siento es una estrella de Jorge, a cambiarle los pañales; lo recuerdo correteando todo crespito y morenito por su casa entre todos que éramos y somos mayores que él; lo recuerdo pintando, dibujando y ahora es que entiendo que el artista ya estaba asomando por entre todo y ante todo.

Si el artista nace o se hace, es seguramente una vieja discusión, yo particularmente pienso que nace y en función del encuentro con la vocación se va forjando día a día en esa perfección.

No sé mucho de pintura y de escultura, pero sí sé que ambas expresiones son arte y aspira a ser belleza, tal como sucede con la literatura, por ejemplo. Todo artista tiene un universo subjetivo de experiencias en el que va buscando elementos para su creación, en ese universo cuenta la alegría, la tristeza, la melancolía, la cólera, las frustraciones, los amigos, enemigos, las buenas y malas experiencias, el amor, el odio, la pasión, la indignación, la reflexión, la euforia; esas experiencias van calando en la sensibilidad del artista, van penetrando en él por los sus sentidos, la indiferencia no es algo que esté en el artista pues ello anularía su sensibilidad. Ay de todo aquél que sea indiferente o indolente a la realidad, a su entorno, a su medio, ese no hará nunca nada pudiendo hacerlo, el artista asume su realidad, asume su universo y se lanza a la creación esperando generar en el público, no sólo reconocimiento, sino la identificación con su expresión. ¿Alguien podría decir que no es una belleza el Para Elisa de Beethoven?, ¿la Gioconda de Leonardo?

Al ingresar a Azoospermia me dio la sensación de estar en el cerebro, en el corazón y en las entrañas del artista Jorge Flores Nájar, allí estaban unas pinturas y unas esculturas que daban testimonio de un mensaje del universo del artista joven. Muchas de esas obras quedarán, a partir de nuestras propias vivencias, en la retina de nuestros ojos, serán como aquellas botellas lanzadas al mar enviando un mensaje con la esperanza de un receptor.

Entre esas creaturas jóvenes de Flores Nájar, aunque considero que son mayores que él, me muevo libremente por la muestra artística, he sido atrapado junto a Franco – mi segundo hijo y sobrino de Jorge – por una mujer, que abriga un dolor y una realidad, una pasividad y una reflexión, una tranquilidad reposada sobre la realidad asentada en la dureza y la debilidad del soporte, a quien Jorge le ha dado la condición de “Viuda” compuesta de acero y madera policromada.

A Franco le gustó “La muerte de la disco”, compuesta de acero y madera, bella mujer, de sólidas formas y coquetería refleja, incrustada y ciega, de senos túrgidos y desafiantes, dispuesta a la vida nueva, llena de secretos, de repente sin luz, pero asentada en la realidad, al menos eso reflejan sus piernas. Esa expresión de solidez básica, de realismo también la apreciamos en Illapa, bella creatura roja con unas botas doradas básicas y sólidas, con una pequeña bolsa en la espalda para un camino largo y con pocos recursos pero de mirada de avance, sugiriendo que el camino por andar es para un largo aliento.

Bueno es saber que aún somos una sociedad que pare artistas, es que tal vez somos caóticos y necesitamos alguien que nos diga que incluso así como somos tenemos el derecho a ser felices a través de la belleza que nos es implícita y aunque seamos ciegos necios allí esta a través del tiempo, la belleza. Jorge Flores Ochoa, de quien Jorge Flores Nájar es un notable espermatozoide y que llegó a ser él, ha expresado al inaugurar la azoospermia de su hijo, de la que en parte es anónimo responsable, que ha sido testigo – en el calor del hogar – del proceso creativo, del trabajo constante, de la búsqueda del detalle, de la perfección y de la entrega para concluir que Jorge, el artista cuzqueño, está haciendo lo que realmente quiere, aunque el camino es largo, está haciendo lo que él quiere ¿habrá mayor dicha de saber que un hijo está haciendo lo que realmente quiere y que es feliz?. Un aplauso para el artista Jorge Flores Nájar “espermatozódico hacia el infinito”.

miércoles, 8 de octubre de 2008

“LAS ÓRDENES RAZONABLES”


Antoine de Saint-Exupéry escribió en su célebre “El Principito” que, “al rey le importaba antes que nada que su autoridad fuera respetada. No toleraba la desobediencia. Era un monarca absoluto. Pero como era bueno, daba órdenes razonables”.

A un autoritario, como era todo rey en la época del absolutismo, sólo le importa que sus órdenes sean cumplidas, sin reparar en lo razonable o no de las mismas, pero Saint-Exupéry resalta la calidad de bueno en aquél rey que, sin dejar de serlo, “daba órdenes razonables” y es por ello que en la misma obra dice “La autoridad se basa ante todo en la razón (…). Tengo derecho a exigir obediencia porque mis órdenes son razonables.”

¿Cuántas de aquellas órdenes que todos damos en nuestra vida familiar y algunos en la laboral son razonables?

Una decisión razonable es aquella que se toma en función de motivos atendibles, no reprochables por la mayoría de aquellos a quienes la decisión está dirigida y, además, porque todos terminan aceptándola debido a que en la práctica se demuestra, precisamente, que la razón o razones que la sustentan son válidas. Quien ejerza el poder y tome decisiones razonables, tendrá cada día una mayor legitimidad “adquirida por mérito” antes que por el origen de ese poder.

Lo más importante de una decisión razonable es su aceptación por quienes son sus destinatarios, pero esa aceptación debe ser de buena voluntad mas no por la imposición del poder, pues lo contrario sólo genera una represa de sentimientos adversos a quien lo ejerce que, tarde o temprano, le pasa la factura trascendiendo a la persona que dirige una entidad y, por consiguiente dañando a la entidad.

En toda organización lo más importante son las personas que le dan vida, quien no entienda esta regla de oro de la administración podrá consagrarse como jefe pero no como líder, podrá obtener resultados, pero no éxito, lo primero puede obtenerse sobre el cadáver de ilusiones y esperanzas, lo segundo no acepta esa posibilidad pues deslegitimaría el éxito que sólo se justifica cuando todos ganan. Recuerdo que Gandhi decía, contrariamente a lo que no sé si dijo Maquiavelo o Lenin, que había que cuidar los medios para justificar el fin.

El éxito, basado en la gestión y dirección personal de un líder, se consigue sobre la base de la acción de las personas a las que este provee de las condiciones necesarias para lograrlo, lo que además transita por el conocimiento de las fortalezas y debilidades de las personas que dirige. He aprendido, personalmente, que una estrella que marca el norte de toda gestión administrativa es tener presente que no puede hacerse a las personas que uno dirige, por más poder que uno tenga sobre ellas, aquello que a uno no le gustaría que le hagan, es evidente que esto no es sino un principio derivado del mandato más revolucionario de todos los tiempos “ama a tu prójimo como a ti mismo”

Cuando lo anterior está ausente, las órdenes no serán razonables, serán simples disposiciones que hay que acatar por el “principio de autoridad”, que es más explicable en un cuartel que en una organización civil donde a las personas no se les cuenta, sino que se les tiene en cuenta; en esas organizaciones verticales e inhumanas las órdenes se acatan por “las razones que da – o mejor dicho – que nunca da el poderoso”, aquél principio es algo inmutable y absoluto, por tanto autoritario, en tanto que las razones son, por propia definición dialéctica, dinámicas y por tanto difíciles de dar por quien ejerce el poder en forma absoluta. Las razones surgen de la experiencia, de la vida y los sentimientos, sobre las razones podemos fácilmente discutir, conciliar, reír, llorar y abrazarnos. Las órdenes no, las órdenes a secas cuentan con las personas a modo de suma y resta y disponen de ellas, generando rencor, resentimiento y sólo el llanto de la impotencia de saberse ordenado mas no guiado.

Las órdenes no razonables, se implementan con la política del látigo y la zanahoria que consiste en mostrar al caballo, delante de sus ojos, una zanahoria suspendida de una caña y montado en él, el jinete (jefe), le propina latigazos para que alcance algo que materialmente el caballo nunca podrá alcanzar.

Una forma de identificar la política del látigo y la zanahoria es como se achata la libertad de creación de las personas, sometiéndolas a observación o vigilancia, enviando de cuando en cuando a un trabajador a la congeladora o al ostracismo, como tributo al ejemplo de lo que le sucederá a quien ose no ir más en procura de la zanahoria o se rebele contra el látigo, eso no es más ni menos el castigo ejemplificador de la crucifixión romana que sembraba de crucifijos líneas de fronteras para que no sean traspasadas.

También se emiten una serie de prohibiciones, de normas a cumplir sí o sí, que terminan por generar resignación en el personal y el rumor estruendoso en contra del jefe que por los pasillos laborales puede ir escuchando el silencio de su fracaso; lo más deplorable de esas órdenes es que muchas veces son anónimas y en nombre de una autoridad que no se tiene, para lograr sabe el diablo qué objetivos que al ser desconocidos son sencillamente ilegítimos e intrascendentes.

Una empresa u organización se basa en la acción de personas adecuadamente conducidas hacia objetivos claros – no deseos que por ser tales son sólo eso, deseos – compartidos por todas las personas que la conforman, lo que transita por motivarlas adecuadamente, brindándoles además las condiciones para lograr los objetivos compartidos. En este escenario sólo caben las órdenes razonables, ¿las damos siempre?

Si algún día todos hiciésemos lo que nos corresponde hacer, pensando en todo aquello que buenamente queremos y en las personas que amamos, de seguro distinguiremos lo que no es honesto, lo que no es razonable y, sobre todo, a quienes son buenos, y daremos siempre, sin lugar a dudas, órdenes razonables y sabremos identificar a quienes no las dan, teniendo presente que éstos pueden llamarse presidente, gerente o jefe, que ejercen el poder mas no la autoridad, que es lo que uno se consigue momento a momento, día a día a través de las personas de quienes se gana, en función de la coherencia, el amor, el ejemplo y el respecto mediante lo que difícilmente se logra en esta vida y sobre lo que nunca debiéramos perder la esperanza de ser: ser personas.

Pero siempre padeceremos el autoritarismo que ejercen quienes no tienen autoridad, siempre padeceremos, en entidades públicas o privadas el ejercicio del poder abusiva y arbitrariamente; entonces no me queda otra cosa que recordar lo que Gandhi dijo “Cuando pierdo la esperanza, recuerdo que toda la historia el camino de la verdad y el amor siempre triunfó; han existido tiranos y asesinos y por un tiempo pueden parecer invencibles, pero al final siempre caen, piénsalo siempre …”

sábado, 4 de octubre de 2008

El Hoyo y nosotros


Si vemos hacia atrás en la historia reciente de Latinoamérica, encontraremos que el pueblo, ante la carencia de cauces normales y democráticos, se desborda en la expresión de su voluntad y obliga a sus gobernantes a dimitir de sus cargos; Argentina, Ecuador y Bolivia son sólo los ejemplos más saltantes de esa verdad. En el Perú, a nivel de gobierno no hemos tenido esa experiencia, al menos desde 1980, pero es preocupante que cada vez más la población se esté desbordando en su forma de expresión, protagonizando episodios lamentables para la democracia.

Recordamos el caso de Ilave (Puno) cuyo pueblo, en una revuelta descontrolada, mató a su Alcalde. Hemos sido testigos, recientemente, de los sucesos de Oyón (Lima) en los que sus pobladores llevaron a su Alcalde a la plaza de la ciudad y lo obligaron a renunciar, antes de la renuncia el pueblo había tomado el local Municipal argumentando que el Alcalde no había cumplido sus promesas electorales de hacer obras, el pueblo se enfrentó a la policía y logró mantenerse en poder del local, luego su Alcalde, debe suponerse que para reestablecer la autoridad, recuperó el municipio y ante ello el pueblo nuevamente se organizó, violentamente recuperó el local y haciendo huir a la policía, condujo a su Alcalde a la plaza donde fue obligado, bajo amenaza de su vida, con dejar el cargo.

Si a este hecho reciente le sumamos aquellos protagonizados en Moquegua o en varios poblados de nuestra selva, no queda otra alternativa que preguntarse ¿qué es lo que está pasando?

Encuestas recientes arrojan un resultado preocupante respecto a la credibilidad de los dirigentes políticos actuales, esas mismas encuestas nos dicen que la credibilidad del gobierno también está por lo suelos; ya no es novedad que la credibilidad del poder ejecutivo y del poder legislativo ya no pintan; lo propio sucede con el poder judicial. En pocas palabras el Estado está desprestigiado, quienes lo dirigen y representan no gozan de credibilidad alguna y, finalmente, el Estado formal está deslegitimado.

Ese mismo desborde de Ilave o de Oyón puede tener réplicas mayores a otro niveles de gobierno o de los poderes del Estado, no es del caso decir que ellas incluso puede ser políticamente aprovechadas por algunos sectores; pero lo que sí debemos tener clara conciencia es que quienes tenemos la oportunidad de ocupar cargos públicos (en mi caso la magistratura) no debemos dar tregua ni posibilidad de avance al descrédito de nuestras entidades públicas, no debemos – desde ningún punto de vista – dar motivo para deslegitimar nuestra función; si acaso bajamos la guardia en nuestro comportamiento leal al deber y a la honestidad, estaremos dando lugar, sin duda alguna, a que la población, dirigida, planificada o espontáneamente ingrese, cualquier día, donde laboramos y busque despedirnos, así de simple, de nuestros empleos, al margen de las formas y modos legítimamente establecidos para ello, utilizando el lenguaje de la violencia.

El poder que reside en cada magistrado del Poder Judicial viene y tiene su origen en el pueblo, al menos eso es lo que dice la Constitución; el de un legislador igual viene del pueblo, lo propio en los alcaldes, en los regidores, en los presidentes regionales, sin dejar de mencionar al Presidente de la República quienes reciben el poder en forma directa y por voto popular.
La única forma de lograr legitimar los poderes y entidades del Estado, es el buen comportamiento de quienes lo representan e integran en cualquiera de sus niveles, cumpliendo el deber que implica y comprende cada una de las funciones públicas encomendadas, esa es la forma de cómo podemos evitar caer en el hoyo del desprecio e incomprensión del pueblo. Si acaso no lo hacemos, no nos quejemos luego que un mal día toquen a la puerta de nuestras oficinas y nos inviten a salir y ante tanto grito y violencia tengamos que salir, caballero nomás.