jueves, 16 de octubre de 2008

AZOOSPERMIA


Existe una característica típica en el hombre y es su imperfección, quien es consciente de ello reconoce que es perfectible y allí radica su mayor fortaleza, lo que además implica asumir la condición humana; el día viernes 10 de octubre de 2008, en una sala de exposición del Convento de Santo Domingo, se inauguró la muestra de las creaturas artísticas de Jorge Flores Nájar llamada por él mismo y en persona, nada más ni nada menos “Azoospermia”.

La azoospermia es, para no complicarnos mucho, la “carencia considerable de espermatozoides” según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Jorge Flores Nájar ha dicho, en sus palabras al inaugurar su muestra, que el nombre que le puso implica reconocer que aún, artísticamente, es estéril y él tiene, al igual de quienes lo queremos, la esperanza de que pronto le venga la fertilidad plena para el goce del artista, lo que equivale a decir, cosa que esperamos, que las musas lo visiten y se instalen en su espíritu en una orgía creadora. Así, la azoospermia habrá sido, en Jorge Flores Nájar un buen comienzo, un recuerdo de la génesis, de la nada a la plenitud exitosa.

Yo conocí a Jorge Flores Nájar desde bebé, miento, lo vi aún desde cuando abultaba el vientre de su madre, mi tía Yemira, y lo recuerdo aún medio viscoso en su cuna de recién nacido, recuerdo también haber ayudado en alguna ocasión a mi primo hermano Miguelito, que siento es una estrella de Jorge, a cambiarle los pañales; lo recuerdo correteando todo crespito y morenito por su casa entre todos que éramos y somos mayores que él; lo recuerdo pintando, dibujando y ahora es que entiendo que el artista ya estaba asomando por entre todo y ante todo.

Si el artista nace o se hace, es seguramente una vieja discusión, yo particularmente pienso que nace y en función del encuentro con la vocación se va forjando día a día en esa perfección.

No sé mucho de pintura y de escultura, pero sí sé que ambas expresiones son arte y aspira a ser belleza, tal como sucede con la literatura, por ejemplo. Todo artista tiene un universo subjetivo de experiencias en el que va buscando elementos para su creación, en ese universo cuenta la alegría, la tristeza, la melancolía, la cólera, las frustraciones, los amigos, enemigos, las buenas y malas experiencias, el amor, el odio, la pasión, la indignación, la reflexión, la euforia; esas experiencias van calando en la sensibilidad del artista, van penetrando en él por los sus sentidos, la indiferencia no es algo que esté en el artista pues ello anularía su sensibilidad. Ay de todo aquél que sea indiferente o indolente a la realidad, a su entorno, a su medio, ese no hará nunca nada pudiendo hacerlo, el artista asume su realidad, asume su universo y se lanza a la creación esperando generar en el público, no sólo reconocimiento, sino la identificación con su expresión. ¿Alguien podría decir que no es una belleza el Para Elisa de Beethoven?, ¿la Gioconda de Leonardo?

Al ingresar a Azoospermia me dio la sensación de estar en el cerebro, en el corazón y en las entrañas del artista Jorge Flores Nájar, allí estaban unas pinturas y unas esculturas que daban testimonio de un mensaje del universo del artista joven. Muchas de esas obras quedarán, a partir de nuestras propias vivencias, en la retina de nuestros ojos, serán como aquellas botellas lanzadas al mar enviando un mensaje con la esperanza de un receptor.

Entre esas creaturas jóvenes de Flores Nájar, aunque considero que son mayores que él, me muevo libremente por la muestra artística, he sido atrapado junto a Franco – mi segundo hijo y sobrino de Jorge – por una mujer, que abriga un dolor y una realidad, una pasividad y una reflexión, una tranquilidad reposada sobre la realidad asentada en la dureza y la debilidad del soporte, a quien Jorge le ha dado la condición de “Viuda” compuesta de acero y madera policromada.

A Franco le gustó “La muerte de la disco”, compuesta de acero y madera, bella mujer, de sólidas formas y coquetería refleja, incrustada y ciega, de senos túrgidos y desafiantes, dispuesta a la vida nueva, llena de secretos, de repente sin luz, pero asentada en la realidad, al menos eso reflejan sus piernas. Esa expresión de solidez básica, de realismo también la apreciamos en Illapa, bella creatura roja con unas botas doradas básicas y sólidas, con una pequeña bolsa en la espalda para un camino largo y con pocos recursos pero de mirada de avance, sugiriendo que el camino por andar es para un largo aliento.

Bueno es saber que aún somos una sociedad que pare artistas, es que tal vez somos caóticos y necesitamos alguien que nos diga que incluso así como somos tenemos el derecho a ser felices a través de la belleza que nos es implícita y aunque seamos ciegos necios allí esta a través del tiempo, la belleza. Jorge Flores Ochoa, de quien Jorge Flores Nájar es un notable espermatozoide y que llegó a ser él, ha expresado al inaugurar la azoospermia de su hijo, de la que en parte es anónimo responsable, que ha sido testigo – en el calor del hogar – del proceso creativo, del trabajo constante, de la búsqueda del detalle, de la perfección y de la entrega para concluir que Jorge, el artista cuzqueño, está haciendo lo que realmente quiere, aunque el camino es largo, está haciendo lo que él quiere ¿habrá mayor dicha de saber que un hijo está haciendo lo que realmente quiere y que es feliz?. Un aplauso para el artista Jorge Flores Nájar “espermatozódico hacia el infinito”.

miércoles, 8 de octubre de 2008

“LAS ÓRDENES RAZONABLES”


Antoine de Saint-Exupéry escribió en su célebre “El Principito” que, “al rey le importaba antes que nada que su autoridad fuera respetada. No toleraba la desobediencia. Era un monarca absoluto. Pero como era bueno, daba órdenes razonables”.

A un autoritario, como era todo rey en la época del absolutismo, sólo le importa que sus órdenes sean cumplidas, sin reparar en lo razonable o no de las mismas, pero Saint-Exupéry resalta la calidad de bueno en aquél rey que, sin dejar de serlo, “daba órdenes razonables” y es por ello que en la misma obra dice “La autoridad se basa ante todo en la razón (…). Tengo derecho a exigir obediencia porque mis órdenes son razonables.”

¿Cuántas de aquellas órdenes que todos damos en nuestra vida familiar y algunos en la laboral son razonables?

Una decisión razonable es aquella que se toma en función de motivos atendibles, no reprochables por la mayoría de aquellos a quienes la decisión está dirigida y, además, porque todos terminan aceptándola debido a que en la práctica se demuestra, precisamente, que la razón o razones que la sustentan son válidas. Quien ejerza el poder y tome decisiones razonables, tendrá cada día una mayor legitimidad “adquirida por mérito” antes que por el origen de ese poder.

Lo más importante de una decisión razonable es su aceptación por quienes son sus destinatarios, pero esa aceptación debe ser de buena voluntad mas no por la imposición del poder, pues lo contrario sólo genera una represa de sentimientos adversos a quien lo ejerce que, tarde o temprano, le pasa la factura trascendiendo a la persona que dirige una entidad y, por consiguiente dañando a la entidad.

En toda organización lo más importante son las personas que le dan vida, quien no entienda esta regla de oro de la administración podrá consagrarse como jefe pero no como líder, podrá obtener resultados, pero no éxito, lo primero puede obtenerse sobre el cadáver de ilusiones y esperanzas, lo segundo no acepta esa posibilidad pues deslegitimaría el éxito que sólo se justifica cuando todos ganan. Recuerdo que Gandhi decía, contrariamente a lo que no sé si dijo Maquiavelo o Lenin, que había que cuidar los medios para justificar el fin.

El éxito, basado en la gestión y dirección personal de un líder, se consigue sobre la base de la acción de las personas a las que este provee de las condiciones necesarias para lograrlo, lo que además transita por el conocimiento de las fortalezas y debilidades de las personas que dirige. He aprendido, personalmente, que una estrella que marca el norte de toda gestión administrativa es tener presente que no puede hacerse a las personas que uno dirige, por más poder que uno tenga sobre ellas, aquello que a uno no le gustaría que le hagan, es evidente que esto no es sino un principio derivado del mandato más revolucionario de todos los tiempos “ama a tu prójimo como a ti mismo”

Cuando lo anterior está ausente, las órdenes no serán razonables, serán simples disposiciones que hay que acatar por el “principio de autoridad”, que es más explicable en un cuartel que en una organización civil donde a las personas no se les cuenta, sino que se les tiene en cuenta; en esas organizaciones verticales e inhumanas las órdenes se acatan por “las razones que da – o mejor dicho – que nunca da el poderoso”, aquél principio es algo inmutable y absoluto, por tanto autoritario, en tanto que las razones son, por propia definición dialéctica, dinámicas y por tanto difíciles de dar por quien ejerce el poder en forma absoluta. Las razones surgen de la experiencia, de la vida y los sentimientos, sobre las razones podemos fácilmente discutir, conciliar, reír, llorar y abrazarnos. Las órdenes no, las órdenes a secas cuentan con las personas a modo de suma y resta y disponen de ellas, generando rencor, resentimiento y sólo el llanto de la impotencia de saberse ordenado mas no guiado.

Las órdenes no razonables, se implementan con la política del látigo y la zanahoria que consiste en mostrar al caballo, delante de sus ojos, una zanahoria suspendida de una caña y montado en él, el jinete (jefe), le propina latigazos para que alcance algo que materialmente el caballo nunca podrá alcanzar.

Una forma de identificar la política del látigo y la zanahoria es como se achata la libertad de creación de las personas, sometiéndolas a observación o vigilancia, enviando de cuando en cuando a un trabajador a la congeladora o al ostracismo, como tributo al ejemplo de lo que le sucederá a quien ose no ir más en procura de la zanahoria o se rebele contra el látigo, eso no es más ni menos el castigo ejemplificador de la crucifixión romana que sembraba de crucifijos líneas de fronteras para que no sean traspasadas.

También se emiten una serie de prohibiciones, de normas a cumplir sí o sí, que terminan por generar resignación en el personal y el rumor estruendoso en contra del jefe que por los pasillos laborales puede ir escuchando el silencio de su fracaso; lo más deplorable de esas órdenes es que muchas veces son anónimas y en nombre de una autoridad que no se tiene, para lograr sabe el diablo qué objetivos que al ser desconocidos son sencillamente ilegítimos e intrascendentes.

Una empresa u organización se basa en la acción de personas adecuadamente conducidas hacia objetivos claros – no deseos que por ser tales son sólo eso, deseos – compartidos por todas las personas que la conforman, lo que transita por motivarlas adecuadamente, brindándoles además las condiciones para lograr los objetivos compartidos. En este escenario sólo caben las órdenes razonables, ¿las damos siempre?

Si algún día todos hiciésemos lo que nos corresponde hacer, pensando en todo aquello que buenamente queremos y en las personas que amamos, de seguro distinguiremos lo que no es honesto, lo que no es razonable y, sobre todo, a quienes son buenos, y daremos siempre, sin lugar a dudas, órdenes razonables y sabremos identificar a quienes no las dan, teniendo presente que éstos pueden llamarse presidente, gerente o jefe, que ejercen el poder mas no la autoridad, que es lo que uno se consigue momento a momento, día a día a través de las personas de quienes se gana, en función de la coherencia, el amor, el ejemplo y el respecto mediante lo que difícilmente se logra en esta vida y sobre lo que nunca debiéramos perder la esperanza de ser: ser personas.

Pero siempre padeceremos el autoritarismo que ejercen quienes no tienen autoridad, siempre padeceremos, en entidades públicas o privadas el ejercicio del poder abusiva y arbitrariamente; entonces no me queda otra cosa que recordar lo que Gandhi dijo “Cuando pierdo la esperanza, recuerdo que toda la historia el camino de la verdad y el amor siempre triunfó; han existido tiranos y asesinos y por un tiempo pueden parecer invencibles, pero al final siempre caen, piénsalo siempre …”

sábado, 4 de octubre de 2008

El Hoyo y nosotros


Si vemos hacia atrás en la historia reciente de Latinoamérica, encontraremos que el pueblo, ante la carencia de cauces normales y democráticos, se desborda en la expresión de su voluntad y obliga a sus gobernantes a dimitir de sus cargos; Argentina, Ecuador y Bolivia son sólo los ejemplos más saltantes de esa verdad. En el Perú, a nivel de gobierno no hemos tenido esa experiencia, al menos desde 1980, pero es preocupante que cada vez más la población se esté desbordando en su forma de expresión, protagonizando episodios lamentables para la democracia.

Recordamos el caso de Ilave (Puno) cuyo pueblo, en una revuelta descontrolada, mató a su Alcalde. Hemos sido testigos, recientemente, de los sucesos de Oyón (Lima) en los que sus pobladores llevaron a su Alcalde a la plaza de la ciudad y lo obligaron a renunciar, antes de la renuncia el pueblo había tomado el local Municipal argumentando que el Alcalde no había cumplido sus promesas electorales de hacer obras, el pueblo se enfrentó a la policía y logró mantenerse en poder del local, luego su Alcalde, debe suponerse que para reestablecer la autoridad, recuperó el municipio y ante ello el pueblo nuevamente se organizó, violentamente recuperó el local y haciendo huir a la policía, condujo a su Alcalde a la plaza donde fue obligado, bajo amenaza de su vida, con dejar el cargo.

Si a este hecho reciente le sumamos aquellos protagonizados en Moquegua o en varios poblados de nuestra selva, no queda otra alternativa que preguntarse ¿qué es lo que está pasando?

Encuestas recientes arrojan un resultado preocupante respecto a la credibilidad de los dirigentes políticos actuales, esas mismas encuestas nos dicen que la credibilidad del gobierno también está por lo suelos; ya no es novedad que la credibilidad del poder ejecutivo y del poder legislativo ya no pintan; lo propio sucede con el poder judicial. En pocas palabras el Estado está desprestigiado, quienes lo dirigen y representan no gozan de credibilidad alguna y, finalmente, el Estado formal está deslegitimado.

Ese mismo desborde de Ilave o de Oyón puede tener réplicas mayores a otro niveles de gobierno o de los poderes del Estado, no es del caso decir que ellas incluso puede ser políticamente aprovechadas por algunos sectores; pero lo que sí debemos tener clara conciencia es que quienes tenemos la oportunidad de ocupar cargos públicos (en mi caso la magistratura) no debemos dar tregua ni posibilidad de avance al descrédito de nuestras entidades públicas, no debemos – desde ningún punto de vista – dar motivo para deslegitimar nuestra función; si acaso bajamos la guardia en nuestro comportamiento leal al deber y a la honestidad, estaremos dando lugar, sin duda alguna, a que la población, dirigida, planificada o espontáneamente ingrese, cualquier día, donde laboramos y busque despedirnos, así de simple, de nuestros empleos, al margen de las formas y modos legítimamente establecidos para ello, utilizando el lenguaje de la violencia.

El poder que reside en cada magistrado del Poder Judicial viene y tiene su origen en el pueblo, al menos eso es lo que dice la Constitución; el de un legislador igual viene del pueblo, lo propio en los alcaldes, en los regidores, en los presidentes regionales, sin dejar de mencionar al Presidente de la República quienes reciben el poder en forma directa y por voto popular.
La única forma de lograr legitimar los poderes y entidades del Estado, es el buen comportamiento de quienes lo representan e integran en cualquiera de sus niveles, cumpliendo el deber que implica y comprende cada una de las funciones públicas encomendadas, esa es la forma de cómo podemos evitar caer en el hoyo del desprecio e incomprensión del pueblo. Si acaso no lo hacemos, no nos quejemos luego que un mal día toquen a la puerta de nuestras oficinas y nos inviten a salir y ante tanto grito y violencia tengamos que salir, caballero nomás.

martes, 26 de agosto de 2008

“El momento más grave de la vida”

Toda persona puede expresar, al instante de la pregunta, cuál fue el momento más grave de su vida; yo diría, por ejemplo, sin vacilación que fue la noche de un dieciocho de diciembre de mil novecientos setenta y cinco, cuando mi madre me dijo que ya no tenía padre, que él había muerto. Ese, Vallejo, fue el momento más grave de la vida…

Existe un poema en prosa de César Vallejo llamado “el momento más grave de la vida”, es un poema abierto, de esos que te permite agregar lo que sientes, lo que piensas, lo que te duele, es un poema que se sabe completo con aquellas preguntas que el lector se hace y que él mismo responde. ¿Cuál fue el momento más grave de la vida, César?, tú respondiste sin vacilar en boca de otro que por tu puño y letra dijo “- El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú”. Ese otro fuiste tú maestro.

Dejemos que Georgette lo cuente. “Vallejo resuelve irse a Europa, pero quiere ver a los suyos y la tumba de su madre. Parte para Santiago de Chuco. Llega sólo para verse mezclado en un sangriento conflicto que ha degenerado en incendio. En un arrojo muy propio de él, se dirige como conciliador a los lugares del drama: su sola presencia le denuncia al juicio de las autoridades, parciales e incompetentes. Acusado como incendiario con diecinueve más, es buscado y finalmente detenido el 6 de noviembre de 1920 en la pequeña casa de campo de Antenor Orrego. Pese a las numerosas campañas en contra de la detención de Vallejo organizadas en Lima y en varias ciudades del país por escritores, artistas, intelectuales, estudiantes y amigos, no será liberado sino el 26 de febrero del año siguiente: 112 días de cárcel. “Aquella noche (la de su liberación) – nos informa Juan Espejo – no hubo en sus labios un solo reproche ni una queja ni una frase que delatara odiosidad contra sus detractores…” La Municipalidad de Trujillo ha convocado a un concurso con ocasión de la Proclamación de la Independencia nacional y Vallejo, que no ha cesado de leer y escribir en su celda, se lleva el segundo premio: 500 soles, (el primero ha sido declarado desierto) en diciembre” (de Vallejo, Georgette, apuntes biográficos sobre César Vallejo, en Vallejo Obra Poética Completa, Mosca Azul editores, Lima MCMLXXIV, T. III.).

Ese poemario difícil se llamó Trilce, en él me he metido estas noches tratando de una manera masoquista de ponerme en el lugar de César, en ese difícil lugar que debe ser la cárcel, aquél donde la libertad cobra recién sentido por su ausencia, por su inagotable nombre ausente. Ese lugar maldito César te hizo decir cosas duramente hermosas, cruelmente brillantes:

XVIII
Oh las cuatro paredes de la celda.
Ah las cuatro paredes albicantes
que sin remedio dan al mismo número.
(…)
Ah las paredes de la celda.
De ellas me duelen entretanto más
las dos largas que tienen esta noche
algo de madres que ya muertas
llevan por bromurazos declives,
a un niño de la mano cada una.
Y sólo yo me voy quedando,
Con la diestra, que hace por ambas manos,
en alto, en busca de terciario brazo
que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuando,
esta mayoría inválida de hombre

XXII
Es posible me persigan hasta cuatro
Magistrados vuelto. Es posible me juzguen pedro.
¡Cuatro humanidades justas juntas!
(…)
Si pues siempre salimos al encuentro
de cuanto entra por otro lado,
ahora, chirapado eterno y todo,
heme, de quien yo penda,
estoy de filo todavía. Heme!

L
El cancerbero cuatro veces
al día maneja su candado, abriéndonos
cerrándonos los esternones, en guiños
que entendemos perfectamente.
(…)
Por entre los barrotes pone el punto
fiscal, inadvertido, izándose en la falangita
del meñique,
a la pista de lo que hablo,
lo que como,
lo que sueño.
Quiere el corvino ya no hayan adentros,
y cómo nos duele esto que quiere el cancerbero.
Por un sistema de relojería, juega
el viejo inminente, pitagórico!
a lo ancho de las aortas. Y sólo
de tarde en noche, con noche
soslaya alguna su excepción de metal.
Pero, naturalmente,
siempre cumpliendo su deber.

LVIII
En la celda, en lo sólido, también
Se acurrucan los rincones.
Arreglo los desnudos que se ajan,
se doblan, se harapan.
(…)
El compañero de prisión comía el trigo
de las lomas, con mi propia cuchara,
cuando, a la mesa de mis padres, niño,
me quedaba dormido masticando.
(…)
Ya no reiré cuando mi madre rece
en infancia y en domingo, a las cuatro
de la madrugada, por los caminantes,
encarcelados,
enfermos
y los pobres.
(…)
En la celda, en el gas ilimitado
hasta redondearse en la condensación,
¿quién tropieza por afuera?

Esta bien que el Poder Judicial haya hecho un público desagravio a César Vallejo, “le pegaban todos sin que él les haga nada; le daban duro con un palo y duro”, por esa injusta privación de su libertad, derecho del que nadie debe ser privado sin que exista un motivo real, razonable y justo. Esta bien…

Pero igual de bien estará que quienes somos magistrados procuremos en todo momento llevar a cabo juzgamientos debidos, imponiendo condenas que priven a un hombre de su libertad sólo sobre la base de pruebas, pruebas que nos convenzan que un hombre es realmente culpable y que por tanto debe pagar el precio de su delito con el alto costo de su libertad. Estará bien …

Hay César, que bueno que escribiste antes del jueves y cuando aún estaba en el colegio, que “Existe un mutilado, no de un combate sino de un abrazo, no de la guerra sino de la paz. Perdió el rostro en el amor y no en el odio. Lo perdió en el curso normal de la vida y no en un accidente. Lo perdió en el orden de la naturaleza y no en el desorden de los hombres.” y que con voz alta casi a gritos nos dijiste que “Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas”.

Que acepten nuestras disculpas esos césares… esos vallejos…

jueves, 21 de agosto de 2008

ESPERANDO A SOFIA

Siempre converso con Cecilia sobre esos días fríos y de tenue lluvia en el Cuzco, días en los que es lindo quedarse en casa o, de repente, salir en el auto a dar un paseo por la ciudad y ver como la Catedral y la Compañía de Jesús se van mojando y la Plaza de Armas adquiere un brillo de barniz natural y que si además teníamos suerte en esos paseos, podíamos atrapar la imagen de un arco iris y tal vez un poco de sol a través de esas nubes pesadamente grises; el olor a tierra mojada es siempre intenso y está grabado en nuestra memoria, será por eso que el Cuzco es, para nosotros, nuestro hogar.

Este año el frío fue particularmente intenso y, con sorpresa para nosotros, acompañado de algunas lluvias y hasta una fuerte nevada que nos llevó a dar una vuelta por la ciudad y llegar hasta Sacsayhuaman en compañía de mama Elena y de sus dos nietos; la explanada estaba cubierta de nieve y las imperecederas piedras tutelares daban un contraste en un escenario completo de la naturaleza y la expresión de nuestra cultura. Las fotos fueron imprescindibles y allí están para que las vean aquellos que nos sucedan.

Después de once años, Cecilia y yo - me olvidaba - también Javier y Franco, esperábamos la llegada de Sofía para el mes de setiembre, mes de la primavera. Ella nació, finalmente, el 24 de setiembre. Sofía es siempre un nombre que automáticamente nos lleva a su significado de sabiduría, hemos elegido ese nombre para nuestra hija porque ¿qué padres no desean que sus hijos tengan sabiduría hoy en día?. Sabiduría es lo que más le hace falta a las personas, aquella sabiduría que por encima de todas las cosas nos da prudencia en nuestros actos.

Mi hija nació, como no podía ser de otro modo, en el Cuzco, una ciudad con historia, llena de leyendas, mitos y biografías, admirada y persistentemente continua; ella crecerá en un ambiente de tradiciones cuzqueñas, de muchas fiestas religiosas, de procesiones, de bandas, de danzas y de reuniones familiares en fechas tradicionales; jugaremos al carnaval y comeremos el timpu, la llevaremos a la bendición del Tayta el lunes santo el próximo año (como lo hicimos con Javier y Franco), comerá empanadas de semana santa, rosquitas, suspiros, maicillos (espero que no se atore) y, de seguro, un guiso de duraznos; también la llevaremos al Corpus Christi, comerá el chiriuchu, un poco de chicha blanca, de repente gelatina de patas, chupará caña de azúcar, comerá muchas frutas, quizá le guste la achira; será criada con kiwicha, quinua, moraya, chuño, olluquito - con charqui eso sí -, la llevaré al mercado a tomar jugo (un especial); comeremos lechón, tamales y una huahua de pan; tomaremos desayunos con chocolate, nata pan huaro o chuta. Iremos al campo, haremos huatias, caminaremos por todos aquellos lugares de los que podemos estar orgullosos y en los que, con la bendición de Dios, aún se pueda respirar; seguro le contaré historias, le leeré cuentos e inventaré alguna historia para ver su asombro. Mi hija será cuzqueña hasta por los codos, heredera de familias asentadas en esta tierra del sol, compuesta de buenos hijos dignos de su madre. Mi hija tendrá una biografía que contar.

No sé si tu familia sea lo suficientemente buena para ti, que eres un angelito caído del cielo y prestadita por Dios nomás, en tú familia sentimos frío, alegría, tristeza, soledad, desaliento y alguna que otra falta de esperanza por allí, pero es la que esperó tu llegada con mucho amor y optimismo, es la familia que será tu primera escuelita.

Acabo de describirte, pequeña Sofía, la familia y el ambiente que te esperó y en el que ahora vives ya desde hace un mes; allí, en un lugar de la casa están los cajoncitos llenos de conjuntitos, gorritos, polquitos, camisetitas, mantitas, tetras y pañales de tela (nada que ver con los desechables, escaldan el popis, la colita como dicen los argentinos); allí también están el shampoo, el jabón, el talco de fécula de maíz, la toalla y la bañera; en un lugar preferente – al lado de mamá – está la cuna de madera que hizo el Tata y que cuidó el sueño de tus dos hermanos, cuna recién pintada, vestida con sábanas y colchita nuevas, bordadas con el hilo del tiempo y el amor de mamá, cuándo no. Te estuvimos esperado entre la alegría y la tensión natural de los avatares del nacimiento, estuvimos varias veces en el hospital para monitorear tus movimientos y latidos de tu corazón, temíamos complicaciones en tu nacimiento (mamá ya no está tan joven al igual que tu papá). Te cuento que cuando estaba yo en el hospital, atendieron una cesárea, salió primero el bebe y su padre, que estaba preocupado por la madre, salió a comprar un periódico porque le dijeron que había que esperar un poco hasta que saliera la madre, cuando de pronto una enfermera confundida me preguntó a mí, que estaba esperando que tu madre saliera de su control ¿es usted el padre de la cesárea? no, le dije, yo seré el padre de Sofía.

Bueno, llegaste el 24 de setiembre, no porque la naturaleza hablara sino porque ya estabas demasiado grande para un parto natural y sin riesgos, estuve allí el momento en que naciste y pude ver como una vez más Dios me sonríe, porque la vida es eso, todos los días una sonrisa de Dios y el milagro es, precisamente eso, la vida misma y lo maravilloso de ser y existir. Tu madre y yo te llamamos Sofía, con la aspiración de que llegues a tener la sabiduría necesaria para sobrevivir a los problemas de este mundo y a la rutina, pan de cada día, temas de los que bien habla esa Sofía que es Mafalda (la hija de Quino) y que espero entiendas, con o sin sopa, eso depende de ti. El mundo me preocupa mucho, como a Mafalda, a veces no lo entiendo pero comprendo sus problemas. Apenas he terminado de asumir la noticia de que en Rusia mataron a muchos niños, no entiendo como algo así puede suceder, ese será el mundo que deberemos cambiar Sofía, espero se pueda. Alguien me preguntó, como de cliché ¿qué quisieras que sea tu hija?, yo respondí de modo claro y convencido: MUJER, quiero y deseo que sea una mujer, que no asuma ningún feminismo de aquellos que consiste en parecerse cada vez más a los hombres, quiero que sea una mujer conciente de sí, que se asuma con la naturaleza que Dios le ha dado, que sea sincera, coherente, de principios, inteligente y con una capacidad inmensa de amar (espero que alguien esté criando un niño aspirando a que sea un hombre, sólo lo digo para que este mundo guarde equilibrio no más). Espero que mi hija Sofía pueda algún día decir y suscribir lo que leí escribió Rosa Montero: “Porque uno siempre es inocente cuando ama, siempre regresa a la misma edad emocional, al umbral de la eterna adolescencia. Pura y hermosa fui porque deseé y me desearon. El amor es una mentira, pero funciona”.

Escribo esta Carta a Sofía, como una oración para que ojalá algún día todos los niños vengan esperados por una familia y sean realmente el producto de una familia, que es aquella primera escuelita que debiéramos vivir hasta el cansancio, donde el juego sea lo único serio que haga un niño con las reglas del amor. Bueno Sofía, como dicen mis amigos de Sui Generis “... quizá porque no soy de la nobleza pueda nombrarte mi Reina y Princesa y hacerte coronas de papel de cigarrillo”.

Negra Amiga.

De la muerte, ¿qué se yo?.
Sé que un día de diciembre
mi madre me dijo que ya no tenía padre,
no comprendí la noticia,
pero siempre tuve frío;
pero nunca más tuve un regaño.
pero nunca más tuve un consejo.
pero nunca más tuve a mi padre.

La muerte sólo me dejó de él, su imagen,
más no me dejó su voz de aliento;
No sé que se siente crecer frente a un padre,
no sé que se siente no poder fallarle.

De la muerte, ¿qué se yo?. Eso...
es lo que yo sé de esa negra amiga.
de aquella negra sombra,
de quien no se libran ni sus amigos.

De cómo está vestida,
siempre dicen que de negro.

De cómo es que vive,
siempre dicen que entre nosotros.

Negra mala muerte,
cuando decidas tocarme,
no vengas de negro -es de mal gusto-
ven,
pero por favor ven
cuando mis niños sean hombres,
dame tiempo para delinear mi esperanza en ellos,
ven cuando ellos comprendan que nos tenemos que ir.

Mala amiga, ven cuando sea grande.

Una Vela

Había música en el fondo,
tenía entre mis manos un vaso,
alguien vino a mi mesa y prendió una vela silenciosa.

Esa vela se convirtió, esa noche, en mi compañera.
Ella estaba dispuesta a su fin, así, en silencio.
no pidió ser encendida,
no pidió iluminar,
pero allí estaba, prendida e iluminando...
consumiéndose ante mí.

Venía el viento y dañaba su intensidad,
ese viento que a veces, de cuando en cuando, también nos inclina.

A esta hora,
luego de haberla contemplado un tiempo,
veo que sus lágrimas se acumulan,
como en nuestros ojos cuando la vida nos pesa.

Entonces,
una lágrima desciende por su costado,
dejando atrás una herida,
como la que está en un costado del Nazareno,
en el madero cruel de la diaria muerte.

Ahora el viento viene,
y la vela lucha por estar encendida,
su lágrima se detiene en el descenso,
mi amiga siente frío,
el mismo frío que asoma nuestra mejillas
cuando nuestras lágrimas dejan su huella
y viene el viento que las seca.

De pronto, tomo valor y apago la vela...
Ella no siente más su herida, sus lágrimas se endurecen,
pero yo quedo con un frío en las mejillas,
mis lágrimas no se endurecen...
Qué alegría, estoy vivo... lloro,
y aún puedo beber un sorbo más.

Cierro mis ojos y aún está ella,
grabada en mi retina,
consumiéndose.
Qué alegría, está viva...

Diciembre 2001.