jueves, 27 de febrero de 2020

“LOS PASTORES DE PARATÍA, UN CLÁSICO”



Fernando Murillo Flores

El día lunes 24 de febrero de 2020, el salón Machu Picchu de la Municipalidad Provincial del Cusco, fue escenario de la presentación de una nueva edición de un clásico de la antropología mundial: “Los pastores de Paratía.” De la autoría del antropólogo cuzqueño Jorge Aníbal Flores Ochoa (1935).

En la ceremonia hicieron uso de la palabra, de parte de la Municipalidad Provincial del Cusco, su Alcalde, el señor Ricardo Valderrama Fernández y su Gerente de Turismo, Cultura, Educación y Deporte, el señor Alfredo O. Herrera Flores. El brindis de honor estuvo a cargo del señor Víctor Boluarte Medina quien acogió la iniciativa de la publicación. La presencia de estas autoridades no sólo realzó el acto, sino que demostró que más allá de las vicisitudes personales e institucionales, somos capaces de sacar adelante objetivos comunes en beneficio de la comunidad.
  
La nueva edición de “los pastores de Paratía.” inaugura el denominado “Plan Municipal del Libro y la Lectura 2017 – 2021 de la Municipalidad Provincial del Cusco”, entidad que la editó a iniciativa de quien fue su coordinador editorial y encargado del cuidado de la edición, el antropólogo, señor Rafael Warthon Calero; una revisión de la calidad y pulcritud de la edición denota el prolijo con que se hizo, lo que deriva de la admiración de su responsable por la obra del autor, por esto, el agradecimiento sincero y eterno de toda la familia de Jorge Aníbal Flores Ochoa. La edición es, en todo sentido, una edición homenaje al maestro.

Los comentarios del libro, en la ceremonia, estuvieron a cargo de los antropólogos, señores Eldi Zulema Flores Nájar y Jesús Washington Rozas Alvarez, ambos alumnos del autor y la primera, su querida hija.
     
“Los pastores de Paratía.” es el resultado de un trabajo de investigación de campo en el pueblo puneño de Paratía del año de 1964, un trabajo etnográfico por excelencia que describe a sus pobladores y su cultura de manera muy científica y escrupulosa.

En el libro el autor empieza por ubicar geográficamente al poblado de Paratía, el mismo que se ubica por encima de los 4,000 msnm. y describe las características de dicha puna, señalando su orografía, fauna y flora, entre las que se destaca la champa pasto y el rama pasto como fuente principal de alimentación de la alpaca, de la que el autor dice: “a ella se debe en gran parte la posibilidad del desarrollo social humano en estas alturas y muchos e importantes aspectos culturales giran o están relacionados a la alpaca, su cuidado y los productos que de ella se obtienen” (págs. 32 y 35).

Luego se describe al poblador de Paratía, desde su nacimiento, vida y muerte, su alimentación, vivienda, idioma, religión, para finalmente ocuparse de la parte central del estudio: el pastoreo. El autor escribe: “La principal propiedad en Paratía son los rebaños de auquénidos, de los que sacan todo lo necesario para satisfacer sus necesidades básicas. No practican la cerámica porque no dominan su técnica; no son agricultores, en parte porque el medio ambiente es inapropiado para el cultivo y también porque su cultura está encuadrada dentro de los lineamientos que condicionan el pastoreo. La pobreza del suelo, las fuertes nevadas y heladas noches son lo menos propicias como para permitir la siembra intensiva de plantas alimenticias. Para obtenerlas debe acudir al intenso e interesante tráfico comercial con los pueblos agrícolas, que de manera genérica denominan y conocen como los bajíos.” (p. 117).

Es por ello que el libro es prolijo en detalles sobre la crianza de la alpaca por los pastores de Paratía, siendo importante destacar que la cantidad de alpacas de propiedad de los pastores constituyen su patrimonio e incluso la herencia: “Cuando nace un hijo, el padre destina algunas alpacas para el recién llegado, reservándoselas a su nombre. Desde ese momento se comienza a hablar de los animales de “X”. Las crías que nazcan dentro de ese pequeño hato van incrementando su número, que recibe nuevos miembros con ocasión del bautizo católico y, sobre todo, en el corte de los primeros cabellos, gracias a las donaciones que efectúan los padrinos, que de este modo capitalizan la futura propiedad del niño. El rebaño se le entrega cuando llega a la mayoría de edad y contrae matrimonio. Por lo general los varones tienen más ganado que las mujeres, porque se considera que ellas siempre se casarán y que su esposo es quien debe tener un rebaño que permita criar una familia.” (p. 131)  

La textilería está muy ligada, según la investigación, a la ganadería, sobre la cual reside la capacidad de comercio de los pastores de Paratía “Cuando el jefe de familia considera que los tejidos almacenados son suficientes, decide emprender viaje hacia las tierras de los agricultores, a fin de comerciar los productos de la ganadería ya transformados por la artesanía textil, con los granos y tubérculos que requerirán durante el año para subsistir.” (p. 139) 

Clásico, escribió Jorge Luis Borges, “no es un libro (lo repito) que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad” (en Otras inquisiciones). En el prólogo de ésta última edición, Félix Palacios Ríos se pregunta sobre Los pastores de Paratía “¿Qué importancia este libro para ser considerado un clásico? Existen tres condiciones necesarias. La primera, que constituya un aporte original al desarrollo de la ciencia; la segunda que este aporte no se agote con el tiempo; y la tercera, que sea un gozo su lectura” (p. 7). En estas dos consideraciones sobre lo que es un clásico, existen muchas coincidencias.

Palacios Ríos, contestando la pregunta que se formula nos dice: “La obra de Flores Ochoa no sólo tiene valor por su aporte teórico, también ha revelado para el mundo académico un tema etnológico desconocido, dando a conocer desde entonces una inmensa gama de problemas que debían ser investigados. No hay texto, artículo o reseña sobre pastoreo andino que no cite a Los pastores de Paratía. Por ello Jorge A. Flores Ochoa es el único antropólogo andino que proporciona un aporte sustancial al desarrollo de la ciencia antropológica hasta el día de hoy.” (p. 8)

¿Por qué el autor hizo etnografía en Paratía?, él nos dice: “Nuestro primer interés se explica cuando se ve que existe cierta idea difundida y con bastante aceptación, de que el pastoreo puro no existe y tal vez no existió en América. Se lee y escucha que la economía andina es principalmente agrícola y basada en el cultivo de la tierra, tanto en tiempos pre-colombinos como en los actuales” (p. 151). Esa verdad fue refutada por Jorge Aníbal Flores Ochoa, pues él explica: “Como se podrá comprender ahora la información de Paratía puede adquirir valor teórico y práctico para los Andes centrales que, a pesar de ser zona de interés y estudio, no han sido examinados con la intención de observar otras realidades que no sean las de “agricultura intensiva” o de “área de economía agrícola”. En parte tal vez porque los pastores moran en ambientes que están a más de cuatro mil metros de altura, y que han sido dejados de lado y en esta oportunidad, con mucha ambición deseamos que esta omisión comience a ser considerada” (p. 153)

El autor, en un acto de honestidad académica plantea, sobre la antigüedad del pastoreo alto andino tres posibilidades, pero no se inclina por alguna de ellas, dejando abierto un espacio para su investigación posterior, él abrió el camino para muchas líneas de investigación a partir de la “introducción a su estudio” que hizo, pero él nos dice: “sabemos que en la costa se hallan tejidos de lana de alpacas que corresponden a períodos anteriores al inca, y la lana probablemente fue llevada por comercio. Esta presunción, unida a la presencia de enterramientos precolombinos en los páramos del Altiplano, nos permite suponer que el pastoreo puro pudo haber existido ya en esas épocas.” (p. 160)

El día de la presentación, al final de la ceremonia, estuvieron presentes los Ayarachis, rodearon a Jorge Aníbal Flores Ochoa con su danza y música, a los Ayarachi les dedica buenas líneas en el libro “Detrás de las imágenes, como si quisieran estar separados, batiendo con gran entusiasmo sus tambores, van los ayarachi, dando a la fiesta aire de celebración pretérita.” (p. 97) y “los ayarachi, un conjunto musical muy impresionante, tanto por su vestimenta como por la armonía musical que brota de sus zampoñas. Para muchos, ayarachi es sinónimo de Paratía y viceversa, pero creemos que en el momento es algo más que eso.” (p. 15).

“Los pastores de Paratía” significa un antes y un después, al demostrarse la existencia de un pastoreo alto andino como única actividad de los pastores, sin saber con certeza desde cuando existen como tales, “pero mientras tanto” – nos dice el autor – “los pastores de los ayllus de Paratía continúan cuidando sus rebaños de alpacas, tejiendo y caminando por las rutas que siguieron sus padres y los padres de aquéllos, durante muchas generaciones, conduciendo recuas de llamas cargadas con productos de la ganadería y textilería. ¿Por cuánto tiempo? No lo sabemos. Esto podría ser respondido tan sólo por el Apu Wayra Qaqa y el Philinko.” (p. 162) ¿Qué será de Paratía hoy en día?.     

Para su familia, toda, Jorge Aníbal Flores Ochoa es, sin duda, un buque insignia, él ha dejado una valla muy alta: Profesor Principal, a tiempo completo y dedicación exclusiva – en todo el sentido académico de la palabra – de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, llegando a ser Vicerrector Académico; Profesor Honorario de la Universidad Nacional de San Marcos; Medalla del Congreso de la República y Medalla en Grado de Gran Cruz de la República del Perú. Esos logros son producto de la autoridad que da una vida académica dedicada a la investigación.

Ahora, Jorge Aníbal Flores Ochoa es un anciano venerable, un cuzqueño notable de talla mundial para orgullo de todos quienes escucharon sus clases y conferencias y también para quienes son atentos lectores de su obra, todos ellos harán que logre lo que todo maestro espera en silencio: la trascendencia en tiempo y espacio, si es que no lo ha logrado ya. Para su familia fue siempre quien le enseño el profundo significado de lo que es ser cuzqueño y heredero de una cultura milenaria, quien siempre le señaló la senda de la “resistencia y continuidad”.







sábado, 11 de enero de 2020

PUEDES ENGAÑAR…



Fernando Murillo Flores

Acabo de terminar de leer “SIDI”, la última novela de Arturo Pérez Reverte (Alfaguara, 2019) que, según el autor, es un libro que trata sobre liderazgo, propiamente sobre el liderazgo de Rodrigo Ruy Díaz de Vivar y de cómo surgió el mito que representa el Cid Campeador, el mismo que llega hasta nuestros días, habiendo sido objeto de mucha literatura y películas. Aquí comparto algunas ideas que emanan del libro, si por allí hay alguna coincidencia, es pura casualidad.

Un líder, para empezar, necesita casi como una condena existencial o requisito imprescindible, tener un grupo humano que dirigir y conducir hacia fines u objetivos legítimos, de lo contrario no podría serlo, como tampoco lo puede ser cuando teniendo personas que dirigir solo importa su voluntad y decisiones, sin conocer y escuchar aquellos que al menos nominalmente le dan la calidad de líder. El liderazgo no existe al margen de las personas o sin las personas.

Será siempre imprescindible que un líder esté consciente que “Para bien o para mal, de sus aciertos o errores iba a depender el futuro inmediato de su gente.” (p. 128), dice Pérez Reverte, pues “El arte del mando era tratar con la naturaleza humana, y él había dedicado su vida a aprenderlo. Pagando por cada lección.” (p. 180). Confiar en un líder es fundamental, pero el autor dice “No se puede confiar en alguien que nunca cometió un error. Expone a otros a verse envueltos en el primero que cometa.” (p. 291).

De los errores se aprende, los errores dan experiencia; un líder lo sabe, pues si alguien que pretende serlo no los comete nunca (lo cual es imposible) y los que comete no los admite y reconvierte en lecciones de vida, será alguien inmaculado, vale decir inexistente, o sencillamente alguien que miente a diario, hasta para justificar lo mínimo. La lección es confiar en un líder que en su experiencia suma errores que asimilados no se vuelven a cometer, ergo ese líder es confiable, pues si nunca cometió errores puede ser que quienes lo siguen sean quienes paguen las consecuencias. 

Un líder, es quien tiene “la capacidad de hacer planes y de convencer a otros para que los ejecutaran, aunque eso los llevase a la muerte.” (p. 85), pero para ello, nos dice Pérez Reverete, “Es mejor que todos estemos al corriente de los planes, porque empezado el combate no habrá ocasión de órdenes” (p. 83)

Lo primero es tener una capacidad estratégica (hacer planes), lo segundo tener capacidad directiva (convencer a otros para ejecutar los planes) y, lo tercero no menos importante lograr un nivel de compromiso para que todos estén al tanto de los planes a tal punto que no sea necesario dar órdenes para su ejecución, lo que además implica que del grupo humano se diga que “Se conocían bien, y entre ellos eran precisas pocas palabras.” (p. 93).
La preparación antes de la ejecución de los planes por todos compartidos es fundamental, no en vano se dice “Cuanto más se suda antes de la guerra, menos se sangra en ella.” (p. 166)

Es obvio que lo trascrito esta dado en un contexto de conflictos medievales, ¿pero acaso no es cierto que el Arte de la Guerra de Sun Tzu, ahora es empleado en el mundo empresarial? La capacidad estratégica consiste no sólo en tomar decisiones que permitan ubicar a una organización de personas en un sitial en la sociedad, sino en colocar a las personas de la organización que sean capaces de lograr dicho posicionamiento, lo que pasa porque el estratega conozca las potencialidades de cada uno, antes de colocarlos por intereses personales y de grupo que no sean precisamente los intereses de la organización, así se evitará decir que “Muchos hombres buenos se habían perdido para siempre” (p. 331).

Al final de la novela, Mutamán le dice al Cid “Sabes mandar. Renuncias a privilegios que te corresponden: duermes como todos, comes lo que todos, te arriesgas como todos. Jamás dejas a uno de los tuyos desamparado, si puedes evitarlo…” y Ruy Díaz contesta: “Quien no tiene consideración por las necesidades de sus hombres – repuso tras pensarlo un momento – no debe mandar jamás…”. Cuanto hace recordar este pasaje a la respuesta de Urías a David.

Pero aún más le dice Mutuamán a Sidi (el Cid): “Eres un jefe extraño (…) Puedes ser temible con los enemigos, implacable con los indisciplinados, fraternal con los valientes y leales… Tienes la energía y la crueldad objetivas de un gran señor. Eres duro y justo. Y lo que es más importante: puedes mirar el mundo como un cristiano o un musulman, según lo necesites.” (p. 354)

Tomar decisiones para un líder es tomar decisiones justas, es decir, aquellas que tengan las mejores consecuencias que tú puedas prever, considerando toda la información que te sea posible al momento de tomarlas, es por ello que el Cid expresa: “Un jefe de guerra ha de tomar una decisión tras otra – dijo –, y en eso pasa su vida. Ocupado en esas decisiones y en sus consecuencias inmediatas.” (p. 292), pues las decisiones respecto de personas son las más importantes, por ello Sidi reflexiona: “Los hombres no son ideas; si los pierdes tal vez no tengas más.” (p. 292) y en verdad una decisión equivocada al margen de dañar a una persona, ésta se pierde para siempre respecto de quien no lo consideró así.

Luego de una conversación del Cid con Mutamán aquél reflexiona: “El rey moro sabía hacer preguntas y escuchar respuestas, virtud rara en los poderosos” (p. 160). En efecto es cierto, quien tiene el poder – no la autoridad – no pregunta, no escucha, sino sólo su iluminada voz interior, el resultado será mandar y ordenar irreflexivamente con cargo a pagar cara la soberbia.

El Cid o Sidi, era apreciado por su gente, por las personas que lo seguían de manera incondicional, por eso con verdad compartía todo con ellos y cuando llegaba a una conclusión, nos dice el autor, “Asintieron todos, halagados de que un jefe compartiese con ellos tales cálculos.” (p. 133) y en ese diálogo, uno de los hombres del Cid, recordándolo vencedor de otras lides “alzó una mano (…)” para decirle “– Nunca imagine (…) que una noche estaría en campaña, al raso con el vencedor de aquél día, calentándome con el mismo fuego y bebiendo el mismo vino.” (p. 133). La verdad no sólo implica afirmar lo que corresponde a la realidad, sino lo que es en realidad aquello que se vivió o sucedió, tal cual.   

El peor pecado para quien presuma de líder y esté al frente de personas es la mentira y el engaño, ya Abraham Lincoln le puso un epitafio a personas que viven en ellas: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.”

domingo, 28 de abril de 2019

UN AGUJERO NEGRO



Fernando Murillo Flores

Como todos los días, el miércoles 17 de abril de 2019, a las siete de la mañana, Sofía y yo salimos de casa con la noticia que la Fiscalía y la Policía habían ido a buscar a Alan García Pérez en su domicilio para detenerlo preliminarmente con la autorización de un Juez, luego vendría, de seguro, la prisión preventiva. Se venía la noche.

Nos detuvimos en un semáforo y aproveché para leer un mensaje de mi hijo Franco que  me decía que Alan García Pérez se había disparado; sintonicé una estación de noticias y, efectivamente, el hecho ya era público, el ex presidente había ingresado muy grave al hospital; horas después, ya en el trabajo, recibimos la noticia: Alan García Pérez ha muerto, con más precisión se había suicidado.

No sé porque pero en ese momento pensé que García Pérez no quería contestar como lo hizo Vallejo alguna vez “El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú.” Recordé también a John Donne “(…) la muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy comprendido en la condición humana; por tanto, nunca preguntes por quién doblan las campana, porque están doblando por ti.”

Tuve la tentación de escribir de inmediato sobre el hecho, expresar mis reflexiones – como ciudadano – en torno a un hecho que, sin duda, es histórico, pero decidí aguardar un tiempo, el necesario para tratar de poner, al menos para mí, todo lo sucedido en su real dimensión.

Hace unos días los científicos difundieron la primera fotografía de un agujero negro, que la National Geographic define como “los restos fríos de antiguas estrellas, tan densas que ninguna partícula material, ni siguiera la luz, es capaz de escapar a su poderosa fuerza gravitatoria”. El agujero negro cuya imagen atraparon nuestros complejos telescopios está – a Dios gracias – a 53,3 millones de años luz de la tierra, y lo han venido en llamar “Powehi”, utilizando un vocablo hawaiano que significa “fuente oscura embellecida de creación permanente”

Suicidarse, según la Real Academia de la Lengua Española, es “Quitarse voluntariamente la vida”, por tanto, suicidarse, sea cual fuese la razón es una decisión personal, al margen del motivo que ocasione tomarla; cabe también la posibilidad que alguien sin estar plenamente consciente, por efecto de algún estímulo externo a él, tome la fatal decisión de suicidarse, como en efecto lo hizo Egeo, arrojándose al mar creyendo que su hijo Teseo había muerto al enfrentar al Minotauro en el laberinto de Creta, Teseo, al retornar hacia su padre, olvidó utilizar velas blancas en su navío de retorno en señal de que estaba vivo, esas aguas a las que se arrojó el padre de Teseo fueron bautizadas con el nombre de mar de Egeo.

Puede alguien decir que quien se suicidó lo hizo por cobarde o valiente, al menos Egeo no se arrojó al mar por cobarde o valiente, sino por el dolor que para él representaba la muerte de su hijo. Particularmente no me atrevería jamás a tildar a alguien de cobarde o valiente por tomar la decisión de suicidarse, aunque debo decir que sí se requiere valor y determinación para jalar un gatillo, pero ello corresponde a la ejecución de la decisión, más no a la decisión misma, sobre la que repito no puedo decir si se asume por cobardía o valentía. Tampoco opinaré sobre la disposición de veneno que tienen algunos militares, entrenados para la muerte, en misiones de alto riesgo, cuando deben tomar la decisión de ingerirlo para no caer en manos enemigas y así evitar la tortura de la que podrían ser víctimas para obtener la develación de secretos sobre su misión; si ingieren el veneno ¿son cobardes o valientes?, en todos estos casos sólo cabe guardar silencio, el silencio ante la decisión de quitarse la vida, silencio ante la muerte.

En esa perspectiva, mía por cierto, no puedo calificar a Alan García Pérez como cobarde o valiente, lo que implica no derivar algo de su suicidio, es decir, darle la calidad de mártir, héroe, santo, culpable o inocente, ni algo parecido. Simplemente se suicidó, y de seguro lo hizo consciente que mucho se hablaría y se seguirá hablando de él. Tampoco debemos hacer apología del suicidio.

García Pérez no es Egeo, quienes creen que él se consideraba inocente y por ello se suicidó, dirán que lo hizo por no soportar la presión de una investigación fiscal sabiéndose y sintiéndose inocente; quienes creen que él se sabía culpable y que por ello se suicidó, dirán que lo hizo para evitar la vergüenza de ser puesto en evidencia luego de haber dicho “quien no la debe no la teme”, o que “otros se venden pero él no”. En fin.

Alan García Pérez, así lo registra la historia de nuestra República, hizo su aparición en la arena política al ser constituyente en 1979, aún bajo la égida de Víctor Raúl Haya de la Torre, muerto su maestro y fundador del APRA, ésta quedó divida entre dos de sus figuras notables: Andrés Townsend Ezcurra y Armando Villanueva del Campo, el primero intelectual de nota y un tanto conservador, el segundo, de acción y radical, Alan García Pérez apoyó siempre al segundo y luego se hizo (1983) Secretario General de su partido y de allí, llegó a la presidencia de la República del Perú (1985 - 1990), antes de ello fue diputado (1980 - 1985) y luego senador vitalicio (1990 - 1992). Esa trayectoria política no la hace un cualquiera en nuestro Perú de una democracia siempre complicada.

Presencié, de cerca, muchos de sus mítines en el Cuzco y pude ver un político carismático en todo el sentido de la palabra, un orador de primer orden, un hombre educado y culto y de memoria notable. Esto, creo, lo reconocen tirios y troyanos. En ese aspecto él dejó, como se dice, una marca alta, pero no insuperable.

Su primer gobierno fue un desastre total, la economía del país muy pésimamente dirigida, la violencia de Sendero Luminoso y el MRTA carcomieron la paz de nuestro país y no se supo enfrentarla. Todo ello fue considerado un fracaso del APRA. Su segundo gobierno, según muchos, fue un buen gobierno. Pero, era Alan García Pérez quien gobernó, pues el APRA, frente a semejante personalidad quedó relegada a un segundo plano. Alan García Pérez, tanto en su primer gobierno como en el segundo, fue la figura principal desplazando a todo aquello que no era él. En resumen, él se habría reivindicado en el arte de gobernar y así lo insinuó varias veces ¿pero el APRA?

Alan García Pérez, a raíz de su primer gobierno generó una cantidad considerable de peruanos que le tuvieron animadversión, aunque no lo suficiente pues fue elegido por segunda vez Presidente del Perú. Para su partido, el APRA, representó un líder que lo opacó a tal punto que en medio de su velorio ya se hablaba de su reorganización ¿qué impedía que la misma se hiciese cuando Alan García Pérez vivía?

Alan García ha sido para el Perú, durante su vida política y hasta su muerte y para su partido hasta después de su muerte un agujero negro político, todo lo atrajo hacia sí mismo, él podía acuñar una frase lapidaria dejando una estela luego de pronunciarse (p. ej. “la candidata de los ricos” o “la pareja presidencial”); para su partido igual, él fue y será, parece que hasta luego de su muerte, un agujero negro que atrajo hacía sí toda fuerza interior del APRA, a tal punto que debe asumir, así parece, estar llevándose consigo la existencia de tal partido que últimamente está más ocupada, a través de sus voceros en limpiar la imagen de García, antes que ocuparse de su cada vez más lejano renacer.

Alan García Pérez fue extraordinario en el universo e historia políticas del Perú, todo un fenómeno, cual el más de los devastadores agujeros negros de nuestro universo. Atrajo hacía sí, durante un buen tiempo en el Perú simpatías o antipatías; en el APRA lo atrajo todo hacia sí desde 1983 hasta su muerte este año y, parece que todo aquello que aún tenga existencia en el APRA será atraído hacia él, pues cada vez está más lejana la figura de Haya de la Torre como su ideólogo y doctrinario que es lo único que podría hacer que alguien no sea atraído hacia lo que fue Alan García Pérez.

Las recientes generaciones del APRA no vieron a otra persona que no fuese a Alan García Pérez, desconocen su historia, sus fuentes y orígenes, con lo cual la esperanza en ellas se irá desvaneciendo, pues talvez la deuda que los apristas le tienen a su fundador es no haberlo estudiado y superarlo para su continuidad dialéctica.

Acabo de releer a Vallejo, a quien siempre vuelvo para no dejar que mi humanidad se pierda en lo material, él dijo al terminar su “Hallazgo de la vida”, “¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte”. Dejemos a Alan García Pérez, como dicen los apristas, ser polvo en viaje a las estrellas, dejémoslo morir poniéndolo en su real dimensión y lugar en la historia del Perú, no hagamos de él un agujero negro que lo siga atrayendo todo hacía sí.

 
 

      
   

sábado, 16 de febrero de 2019

Pablo Neruda o Raphael Samuel



Fernando Murillo Flores

Pablo Neruda escribió un poema titulado “Pido silencio”, en él, Neruda agradece el amor y la existencia de las estaciones del año, afirmando que cambiaría la primavera por la mirada de Matilde, y dice  “Se trata de que tanto he vivido que quiero vivir otro tanto”, terminando el poema, de manera expresa: “Déjenme solo con el día. Pido permiso para nacer”.

Los medios nos trajeron la noticia que un hombre hindú tiene la intención de demandar a sus padres por haberlo engendrado sin su consentimiento, dice que “quiere que la gente se dé cuenta que nació sin consentimiento”, aun cuando reconoce “vivo feliz, pero la vida me parece inútil”.

Un día escribí un artículo titulado “La pregunta imposible de contestar” (cf. http://catedrajudicial.blogspot.com/2015/11/la-pregunta-imposible-de-contestar.html), expresando mi opinión en el sentido que la pregunta hecha por el New York Times “Si pudieras volver al pasado y matar a Hitler cuando era bebé, ¿lo harías?”, era una pregunta imposible de contestar debido a que cuando Adolf era bebé, no había forma de saber que Hitler sería un genocida, de manera que quien o quienes cuidaron a Hitler cuando era un bebé hicieron lo justo, pues no podrían haber sabido quién sería y haría de adulto. Quienes cuidaron al niño Adolf no fueron responsables de algo.

Ahora escribo, con igual firmeza que lo que pretende Raphael Samuel – así se llama el hombre hindú – es imposible, es decir, no se le pudo pedir su consentimiento cuando él no existía, vale decir, cuando aún no era ni existía como tal. La existencia de Raphael Samuel cuenta desde que fue concebido, no antes, su existencia no es retroactiva a su concepción.
Los que existimos estamos en el mundo del ser, de cosas que nos preceden, quienes no existen no son, por tanto, no se les puede pedir aceptación o consentimiento alguno.

Al menos, de quienes sí fueron, porque nacieron o vivieron, podríamos afirmar que ellos – de vivir o ser aún – habrían hecho, dicho o hecho algo. Es por ello que existe, por ejemplo, la frase “magister dixit”.

El antinatalismo extremo sostiene que todos en la vida sufriremos el mal, razón por la que no debe traerse a la existencia a un ser; ese parece ser el punto de Raphael Samuel. Algunos antinatalistas sostienen que al determinar que no se nazca, propiamente, que no se engendre, no se causa mal a alguien, por el contrario, el mundo – como tal – ya no correrá peligro.

Entonces, o estamos con Pablo Neruda, o con Raphael Samuel. ¿Qué dilema?. El primero, todo formalito, pide permiso para nacer, incluso dice que quiere vivir otro tanto; el segundo, pretende algo de sus padres, sin derecho alguno y aunque reconoce que es feliz, considera que su existencia es inútil, y se le debió pedir el consentimiento para que, del no ser o no existir, pase al ser o al existir.

Una cosa es cierta, quienes procrean, los que biológicamente engendran, son los responsables de que alguien exista, pues ellos le dan el ser, y es éste ser ante quien son responsables, de brindarles las condiciones para que sean felices.

Esa responsabilidad no pasa porque los padres estén casados, aunque muchos piensen que es lo ideal, sino porque le brinden, al ser que engendraron, frente a toda circunstancia, todas las condiciones de bienestar material básico, como salud, vestido e instrucción y, sobre todo, en el plano afectivo, mucha educación y amor, de modo tal que al menos la ausencia de todo eso no sea la causa de una existencia infeliz.

Russell dice, al respecto, “Nuestros padres nos quieren porque somos sus hijos, y este es un hecho inalterable, así que con ellos nos sentimos más seguros que con cualquier otro. En épocas de éxito, ello puede carecer de importancia; pero en épocas de fracaso es un consuelo y una seguridad que no podemos encontrar en otra parte.”, pero también dice: “El niño a quien le falta, por cualquier razón, el cariño paterno, se hace tímido y reservado, desconfiado y miedoso, y sin aptitud alguna para explorar el mundo alegremente. Tal vez comience a meditar a una edad demasiado temprana sobre la vida, la muerte y el destino humano, y se haga reconcentrado y melancólico, y busque luego consuelo irreales en algún sistema de filosofía o teología.” (cf. La conquista de la felicidad. Espasa. Austral básicos. 2017. Págs. 147 y 165).

Quien es feliz lo es porque sus padres asumieron la responsabilidad ante quien, por su decisión es una realidad, es decir, ante quien es la persona a la que le dieron la existencia. De los padres depende, en gran medida, que los hijos no sientan y piensen que sus padres les deben, o exijan, a lo Condorito, una explicación del por qué le dieron existencia. Una pregunta así, por el contrario, será frecuente si los padres no les brindan a sus hijos lo mínimo para sentirse felices. La infelicidad en un ser, por tanto, es íntegramente responsabilidad de los padres.

Hubo una vez en Francia (https://elpais.com/diario/2000/11/18/sociedad/974502010_850215.html), un caso judicial en el que se ordenó pagar una compensación, a un hombre que nació minusválido, por el error que cometieron el médico y laboratorio de no informar, a los padres, que nacería con problemas graves de salud. De haberse informado a los padres de la existencia de dichas anomalías, según la noticia, los padres podrían haber interrumpido el embarazo. En esencia, son los padres quienes podrían pedir una indemnización por la ausencia de información o errada información de la que fueron pasibles, pues de haberla conocido habrían tomado la decisión de que su hijo no nazca en condiciones de minusvalía, lo que sin duda representaba para ellos un inmenso sufrimiento.

Nótese que los padres pidieron la compensación para su hijo, argumentando que ellos no contaron con la información pertinente para tomar la decisión de interrumpir el embarazo, lo cual hizo que su hijo sea infeliz desde su nacimiento, por su invalidez.

La diferencia con el caso de Raphael Samuel, que es una persona sana, es que en el caso judicial francés, el hombre ya existía y estaba condenado a la invalidez, ergo, solo a él le correspondería concluir que su vida era infeliz y solicitar la compensación que viere por conveniente. Si nos percatamos bien, en este caso, el hombre sí tendría el derecho de exigir una indemnización a sus padres, si acaso sabiendo ellos que su hijo nacería con problemas de salud, decidieron de todos modos tenerlo.

Pero, ¿Neruda, seguiría pidiendo permiso para nacer y expresaría su voluntad de vivir otro tanto, si hubiese tenido una existencia infeliz?. No lo creo. Hoy que sabemos todo lo que teorizó  Stephen Hawking, quien luego de nacer, y a los 22 años le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica, la que progresivamente lo inmovilizó y postró en una silla de ruedas, no creo que sus padres tengan responsabilidad alguna en haberlo traído al mundo, y que sepamos, nunca dijo que fue infeliz.

El punto está en que si traemos a alguien del no ser al ser, le dotemos de afecto y amor, así como de lo mínimo de bienestar material, para que así ese ser pensante encuentre el sentido de su existencia, y asuma el bien en toda decisión que tome, evitando el mal y ejerciendo siempre la ética en su vida, es decir, vivir bien.         

sábado, 31 de diciembre de 2016

SANTURANTIKUY


Fernando Murillo Flores

Felizmente, para mí, la Navidad está fuertemente vinculada al Santurantikuy. En mi hogar cuzqueño siempre vi y viví el ritual de atar el nacimiento con elementos propios que se compraban en la Plaza de Armas: pastitos, paja, piedritas, conchitas, salvajina, palitos, etc., para finalmente poner esas figuras propias de los artesanos cuzqueños, que rodeaban el pesebre con las imágenes de José y María, la vaca y el burro, con una ausencia que finalmente desaparecería la noche del 24 cuando se colocaba al niño. Luego de la bajada de Reyes (6 de enero), el nacimiento debía ser desatado.

Era de siempre ver cómo desfilaban por mi casa de San Andrés, parientes y amigos que venían a ver el nacimiento y siempre escuchar en los diálogos unas preguntas obligadas ¿fuiste al Santurantikuy?, ¿cómo te pareció?, y las respuestas más que obvias siempre terminaban luego de opinar sobre aquello que gustó o no gustó en el Santurantikuy, pero sin duda esta tradición y costumbre era el centro de la navidad cuzqueña.

Cuando era niño recuerdo haber ido al Santurantikuy de la mano de Elena, mi madre, cada 24 de diciembre por la mañana, para ver las imágenes de los nacimientos, de los pastorcitos, de la sagrada familia, de los ángeles, los padres eternos. También recuerdo cómo al frente de la Compañía de Jesús familias de campesinos traían una serie de elementos naturales para el nacimiento que sí o sí comprábamos para terminar de dar algún detalle al nacimiento del año.

El Santurantikuy representa para mí una costumbre que, año tras año, mi familia fue cuidando con su presencia y participación, como de seguro lo hicieron cientos de familias cuzqueñas; es una fecha en la que los artesanos cuzqueños muestran su arte con sentido religioso y popular, que tiene como eje temático el nacimiento de Jesús y la representación de cómo fue este advenimiento en Belén, pero con una propia identidad de imaginación.     

La UNESCO, al aprobar la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, definió el Patrimonio Cultural Inmaterial en los siguientes términos: “Se entiende por “patrimonio cultural inmaterial” los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana. A los efectos de la presente Convención, se tendrá en cuenta únicamente el patrimonio cultural inmaterial que sea compatible con los instrumentos internacionales de derechos humanos existentes y con los imperativos de respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de desarrollo sostenible.”

Qué duda cabe que el Santurantikuy es parte del Patrimonio Cultural Inmaterial del Cuzco, pues cumple con todas las características de la definición trascrita. Estas líneas son un testimonio del Santurantikuy desde la perspectiva de un niño cuzqueño de 50 años; si alguien quiere leer un estudio sobre esta tradición y costumbre, les recomiendo “El Santurantikuy. Ayer, Hoy y Mañana. Cambio permanente y posibilidades. Estudio histórico – etnológico” del Historiador Martín Romero Pacheco, con el apoyo de investigación integrado por Carlos Rado Yáñez, Yony Dueñas Castillo y Carmen Bedia Quispe.

El Cuzco es una ciudad histórica, en sus espacios alberga tradiciones y costumbres vivas, en ella aún se pueden ver como la cultura andina libra, desde su identidad, resistencia y logra cierta continuidad a través del tiempo. Por eso mismo el Cuzco batalla diariamente ante el fuerte influjo del turismo que, como tal, no es nada malo pero para que siga siendo el atractivo que es como ciudad histórica, debemos preservar esos espacios, sus tradiciones y costumbres.

El Santurantikuy es una de esas costumbres y tradiciones cuzqueñas que se dan en uno de los espacios más importantes de su identidad física: la Plaza de Armas y, como tal, es una que se repite año tras año y siempre un 24 de diciembre.

Preservar el Santurantikuy implica respetar siempre su identidad, su espacio y su tiempo. No cabe hacerlo de otra forma, en otro espacio y en otra fecha o fechas. El Santurantikuy es, únicamente, cada 24 de diciembre y en la Plaza de Armas; cuidemos esa tradición frente a intentos de introducir desde el poder sin autoridad, cambios bruscos y no propios de su misma evolución. Es muy penoso ver como soterradamente el año pasado, las autoridades permitieron – sin publicitarlo – que en la Plaza de Armas, el 23 de diciembre, se instale una previa feria al Santurantikuy del 24 de diciembre, pretendiendo – espero no se logre – introducir una abrupta modificación a la tradición y costumbre, haciendo que pierda su identidad. Si seguimos así terminaremos haciendo un martes santo, para que el Taytacha también salga el martes de semana santa o, de pronto trasladar, del miércoles, la entrada de Corpus Christi, al día jueves, para así hacer que el viernes sea la procesión y lo empalmemos con el sábado.         

Actualmente sigo yendo al Santurantikuy sólo el 24 de diciembre, sé que muchas cosas se han ido perdiendo y otras han ido cambiando. Javier, Franco y Sofía son aquellos niños cuzqueños que llevé al Santurantikuy, como lo hizo mi madre conmigo; lograron ver los silbatos de metal que llenos de agua asemejaban el cantar de un pajarito; siempre se compran un hombrecito de madera que al ajustar los palitos paralelos que lo sostienen hacen mil piruetas; vieron los camiones de madera en los que de vez en cuando se lograba ver a los niños empujándolos; saben lo que es comprar pastitos, piedrecitas, pajitas, figuritas, pastorcitos, nacimientos pequeñitos, para ponerlos en el nacimiento en la noche del 24 de diciembre.



Saben lo que es ir dando vueltas por la Plaza de Armas y encontrarse con el tío Jorge y la tía Yemira, con sus tíos, sus primos, sus amigos, nuestros amigos… todo esto gracias a ese espacio maravilloso que es la Plaza de Armas del Cuzco y de ese Santurantikuy que nació en algún momento de nuestra historia en ese mismo espacio, generando una costumbre y tradición que debemos continuar cuidando en su esencia e identidad, lo cual empieza por entender que sólo puede darse un 24 de diciembre de cada uno de nuestros años cuzqueños.    

domingo, 6 de noviembre de 2016

Una carta más para Sofía


Fernando Murillo Flores[1]

Querida Sofía:

¿Te enteraste que en Juliaca, un niño de ocho años estaba en el auto que su padre conducía en estado de ebriedad, cuando fue intervenido por una policía, y grabó con un celular el diálogo de la autoridad paterna con la autoridad policial? Sí te lo conté el otro día en el desayuno.

Bueno, el padre al manejar un automóvil en estado de ebriedad estaba cometiendo un delito y sin duda ponía en riesgo la vida del niño, su hijo que iba con él. De seguro la policía estaba patrullando o vigilando cuando advirtió el hecho e intervino al chofer que conducía ebrio, es decir, a la autoridad paterna del niño.

La autoridad policial, es decir, la policía, inicia un diálogo con la autoridad paterna que, por cierto estaba en falta, y le instruye lo que considera que éste ya sabe, que conducir en estado de ebriedad es un delito, y acto seguido la autoridad policial le pide a la autoridad paterna “dos azules” es decir, dos billetes de S/. 100.00, es decir, una coima de S/. 200.00 para no ver el delito, para no cumplir con su función, con su responsabilidad.

La autoridad policial no se percató que el hijo de la autoridad paterna la estaba filmando con un celular y recién lo hizo cuando todo había quedado registrado, muy tarde… Sabes hija, me hice una pregunta que ahora comparto contigo ¿Por qué el niño de ocho años decidió registrar con el celular a la autoridad policial?

Creo que la respuesta, si bien es simple, es dolorosa. De un tiempo a esta parte los ciudadanos han venido registrando hechos ilícitos – como el que te comento – que son protagonizados por la autoridad policial, como cuando ese ciudadano español que iba en motocicleta hacia Lima por la Panamericana Sur fue detenido dos veces por la autoridad policial y las dos veces fue víctima de pedidos de coima y todo quedó registrado en la cámara Go pro que tenía instalada en su casco ¿tan torpes son nuestros policías que no pueden ver una cámara en un casco de un motociclista? Bah. Y, la autoridad policial no se queda atrás cuando, por ejemplo, hubo agresión de parte de una mujer a un policía en el aeropuerto de Lima, o de una mujer ebria que salía de un restaurante, a otro policía, o cuando una policía grabó a un político con aspiraciones, expresándose de mala manera contra la policía.

Entonces, la respuesta, el niño de ocho años sabía que si la autoridad policial te interviene algo malo puede pasar y, entonces mejor grabarlo que no. Y nuestro niño grabó ese diálogo nada edificante entre dos autoridades, la paterna y la policial.

Qué triste para un niño de ocho años que su padre lo lleve en el auto, conduciéndolo en estado de ebriedad, y que triste para ese embrionario ciudadano debe ser que la policía, la autoridad policial, en estado ecuánime, pida coima a su padre para pasar por alto el delito que éste está cometiendo, incluso en agravio de la integridad de su hijo. Qué triste Sofía, qué triste.

La policía, la autoridad policial, debió intervenir al conductor ebrio no sólo por ese hecho que de por sí es grave, sino porque debía velar por la integridad del niño que iba en un vehículo conducido por un ebrio, padre o no. Entonces, el niño ve que la autoridad paterna es la nada y que la autoridad policial es otra nada.

¿Qué conclusión tiene ese niño ahora en su cabeza? i) que la autoridad policial no cuidó su integridad; ii) que a la autoridad paterna, no le interesó su integridad; y iii) que la autoridad policial con un delito, pasa por alto otro delito, y que cómo el Chapulín Colorado no existe, no habrá nunca alguien que lo ayude.

Que distinto es el poder de la autoridad hija mía, que distinto. Poder tiene cualquiera, la autoridad a cambio se va adquiriendo día a día, quien tiene autoridad tiene el poder de ésta, quien tiene el poder sin autoridad, no tiene nada. Siempre debes considerar que Jesús, Gandhi, Luther King eran poderosos porque tenían autoridad, a cambio, sujetos como Hitler, Mussolini, Pinochet, fueron poderosos pero sin autoridad.

Ante ese niño, su padre es su padre, ello no podrá cambiarse nunca, recuerda que Darth Vader dejó caer a su hijo Luke al vacío con su actitud de llevarlo al lado oscuro de la fuerza y de nada valió ese momento en el que le dijera “!yo soy tu padre¡”

Ante ese niño, la autoridad policial es la que tiene su país, no sé si ello cambie, tal vez, pero entre tanto ello pase, cada vez que se le acerque un policía estará presto a documentar el momento, pues a ayudarlo no viene, ah y no vaya a ser que cuando el niño sea adulto y esté manejando ebrio – total su padre lo hacía – ya no sean suficientes doscientos soles, sino más.

Ese padre ya no tiene autoridad, esa policía ya no tiene autoridad. Nuestro embrionario ciudadano tendrá serios problemas para identificar el bien del mal, pues esta vez el mal estuvo en su padre y en la policía, y el bien nunca estuvo en quienes debió estar, es decir, en su padre y en la policía; y si no estaba en la policía debió estar en su padre, y si no estaba en su padre debió estar en la policía, así por lo menos hubiese visto al bien contra el mal, pero ver el mal y el mal es cosa de locos. Pobre niño, pobre futuro ciudadano.

Sofía, hija mía… tu hermano Javier (26), nuestro Abogado, está por un año en Madrid estudiando su maestría, luego de una estancia de investigación por tres meses en Valencia; tu hermano Franco estuvo en Boston por un tema de investigación universitaria, estuvo en Islandia por un tema de estudios universitarios y está a punto de ser nuestro Médico a los 24 años; ellos son tus autoridades, ellos son tus estrellas, sé que te quieren un montón, eres una de las maravillas que la vida les dio. Te están dejando vallas altas hija mía, sé que las pasarás tú también, lo supe cuando te vi estrenar tu chaqueta militar, y ver que en las solapas verde olivo, colocaste los accesorios que te trajeron tus hermanos de Islandia y Europa. Al infinito y más allá Sofía.    




[1] Papá de Sofía.

domingo, 11 de mayo de 2014

Querida Sofía:


Fernando Murillo Flores[1]

Hija: Sé que tarde o temprano ingresarás al ciberespacio, sé que tu embrionario correo electrónico crecerá y también sé que luego tendrás una cuenta que te permitirá ingresar a las denominadas redes sociales; lo sé Sofía y cuando ingreses a ella espero que en tu familia te hayamos logrado educar por completo, que tengas una personalidad a prueba de todo y que tu temperamento esté lo suficientemente templado para que hagas de esos instrumentos, eso, instrumentos en tu vida y no que tú lo seas de ellos, ni que te sometan o sometas a través de ellos.

Nunca olvides que todo aquello que el hombre ha creado es una extensión de sí mismo: el microscopio extiende su posibilidad de ver lo pequeño; los binoculares su posibilidad de ver lo lejano; los equipos de audio, potencializar su voz, su canto, su música; los audífonos, su capacidad de escuchar; el teléfono, acercar al otro en su necesidad de comunicarse con él, las variables de éste: el celular, el correo electrónico, el twitter, el facebook, todo esto optimiza la necesidad humana de comunicarse con el otro y los otros.

Si todo ello lo manejas bien, habrás logrado instrumentalizar esos medios; si lo manejas mal, habrán logrado instrumentalizarte, someterte y dominarte, serás como todos esos imbéciles que van físicamente a clases o a una conferencia o a una reunión, presas de esos instrumentos, al pendiente de una tonada, de una vibración, de un mensaje, de una llamada que termina desenfocándote de tu objetivo inmediato o mediato – que por cierto los debes tener – o, lo que es peor del respeto a los otros, sumergiéndote en un falso status, en una falsa imagen de elegancia que realmente son expresiones de lo huachafo, amén de presumir ser importantes por utilizar, sin tacto alguno, la pantalla táctil.

Amor mío, pero, ¿por qué te molesto con este rollo de tío anticuado? En principio dejo en claro que todos esos instrumentos de optimización de la información y comunicación, son el escenario de tu tiempo, eso está fuera de toda discusión contigo, es más, tienes todo el derecho a ellos – a Dios gracias te los puedo costear –, pues además son el medio idóneo para tu instrucción escolar y universitaria en el futuro, no tu educación, sino instrucción. Tu educación, buena, mala o fea, ha sido responsabilidad de tu padre y madre y en alguna medida de tus otros dos padres, tus hermanos Javier y Franco, amén de tus abuelos y tus tías.

Lee esta noticia hija mía: “La aglomeración alrededor del cuerpo convaleciente de Fabiane Maria de Jesus, de 33 años y madre de dos hijas, podía verse en los diferentes vídeos colgados en Internet el pasado sábado. A Fabiane la lincharon hasta la muerte porque una página en Facebook había subido un retrato robot de una mujer que supuestamente hacía magia negra y estaba secuestrando niños en Guarujá, una localidad del litoral de São Paulo. La comunidad de Morrinhos, barrio periférico de la ciudad, vio el retrato en Internet y lo asoció a Fabiane Maria. El rumor se propagó y, el sábado, cuando Fabiane llegaba a su casa, fue atacada, amarrada y golpeada durante más de dos horas. La víctima no se sobrepuso de las heridas y murió el lunes.”[2]

Ves como toda una multitud se sometió a uno de esos instrumentos y terminó matando – fuera de toda razón (léase imbéciles) – a una mujer, madre de hijos, por el solo hecho que la figura puesta en la red, se parecía al rostro de la pobre mujer. Mira cómo una persona puede ser atacada por esos medios, su intimidad puesta en boca de todos por esos medios y, lo que es peor – cosa que no debes hacer jamás – sobre exponerse mediante esos medios, poniendo fotos, por ejemplo, de momentos que muy bien pertenecen al ámbito privado de una persona.

En algún tiempo atrás un insulto, un altercado o intercambio de palabras no pasaba de ser un incidente que muy bien quedaba en el ámbito privado de sus protagonistas. Hoy, a diferencia de antes, esos mismos hechos se ponen de relieve público a nivel global de una manera sorprendente. Te imaginas si cuando nuestro Nobel Vargas Llosa le propinó el golpe al Nobel García Márquez (1976), hubiese habido el Twitter o el Facebook, de seguro el incidente se hubiese propalado cual reguero de pólvora a nivel mundial y la aldea global se hubiese visto sumergida en dimes y diretes, pero esos medios no existían, por tanto, no paso de un incidente célebre por cierto y ahora un hecho histórico, ¿cuál fue el motivo la razón del derechazo? No lo sabemos, uno de los que podría haber contado el por qué ya murió, y el otro que vive ha dicho que así como el colombiano se llevó el secreto a la tumba, él hará lo propio. Ves de allí no pasa.

Pero hoy pasa algo en la vida de alguien, por más nimio que sea el hecho, y zas, en un instante ya está en la red y en boca de todos. En el colegio, en la universidad, en el trabajo, lo más pequeño y lo más mínimo se hace una bola inmensa y fuera de control cuando se “cuelga” la noticia, la foto, el comentario etc. Así, la intimidad que por si acaso hija es un derecho que tiene toda persona, es arrasada por mano propia, es decir, si uno mismo no pone la muralla que protege su intimidad y por el contrario la tira abajo, luego que no se queje.

Sueño para ti que tengas amigas que te hablen en persona, cara a cara, de frente y en persona; amigas que aguarden decirte las cosas con calma, que te abracen, te tomen de la mano y generes lazos humanos con ellas; sueño con que tus amigos te hagan sonreír, sonrojar, ruborizar o “asar” en persona y que no lo hagas frente a una pantalla táctil ante un mensaje, sino ante una persona; sueño para ti que sepas lo que es la paciencia, la meditación, el pensar pausadamente cuando debas expresar un sentimiento.     

Bueno hija… “el viento arrecia”, cuida tu barco, extiende o recoge las velas cuando sea preciso, disfruta el sol, la lluvia, siente el calor y el frio, contempla la luna; aliméntate de lo básico y elemental, vístete siempre a tu gusto, camina de frente, domina el escenario, toma un libro y siente el olor a papel y tinta, debes aprender algo que para mí fue cotidiano, la paciencia de saber que el mundo no es un click a través del mouse; llámame por el cel cuando sea oportuno y preciso, cuando tengas que decirme que me deseas escuchar; contáctame por el skype cuando me desees ver; envíame un mail cuando debas decirme algo importante, como “te amo” y “extraño”, por ejemplo. Pero sobre todo ahora que aun estamos juntos, abrázame, bésame, dime al oído que me quieres y veamos el mundo – hasta donde nos sea posible – juntos y en la misma dirección. Nos hablamos Sofi, ten prendido el cel, pero si estas haciendo algo importante para ti, no me contestes, lo entenderé, te llamo o me llamas luego. ¿Ok?    



[1] Papá de Sofía.
[2] http://internacional.elpais.com/internacional/2014/05/08/actualidad/1399557375_772228.html